El mundo entre nosotros Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

Y, asegurándome de que se había bajado del taburete correctamente, fui en busca de Tom, que no dejaba de preguntar a la gente por su hermana e iba buscando en cada rincón de un pub atestado en el que no se podía dar casi ni un paso.

Fuera seguía diluviando, y la lluvia que golpeaba contra los cristales hacía un ruido casi apocalíptico.

—Tom, Tom… ¿La has encontrado?

— No! Fuck!

—Creo que esa fue la primera vez que escuché a Tom decir una palabra así. Estaba realmente enfadado. Preocupado. Bueno, las dos cosas a la vez. No sabía dónde terminaba una emoción y empezaba otra—. Debbie siempre igual.

—¿Siempre igual? —Pero no me escuchó.

— EMMA! —

bramó de nuevo, pero su hermana no estaba por ningún lado.

—¿Has mirado en el baño?

—¿Podrías mirar tú, por favor? —La desesperación en su mirada me rompió el corazón en mil pedazos. Asentí, obediente, y corrí hacia los baños, convencido de que yo sería quien la encontraría. Tampoco había podido ir muy lejos, ¿no?

Llamé primero a la puerta porque, al fin y al cabo, era el baño de mujeres y no quería situaciones raras. Como nadie respondió, abrí lentamente y asomé la cabeza. El baño estaba completamente vacío.

—¿Emma? —pregunté al aire. Obtuve el silencio como respuesta inmediata. Me asomé un poco más. Nada. Ahí no estaba Emma. Mierda. ¿Dónde se había metido esa niña? ¿Y a qué se habría referido Tom con «Debbie siempre igual»?

—¿Está aquí? —Apareció justo tras de mí, con los ojos rojos.

Parecía que estaba a punto de llorar de desesperación, de rabia.

Sin dejarme responder siquiera, abrió la puerta de golpe y entró en el baño, investigando cada esquina para ver si encontraba a Emma.

Pero nada. No hubo suerte—. ¿Quizá esté fuera?

—No lo sé. La habríamos visto al llegar…

Nada. Realmente esa pregunta no me la había hecho a mí, sino al aire, a sí mismo.

Salió del baño, directo a la puerta de salida.

Yo tardé un poco más en reaccionar y después lo seguí.

Conseguí ver a Debbie por el rabillo del ojo, hablando con una mujer junto a una de las mesas.

Quizá preguntando por su hija. Ni idea. Tampoco se podía oír mucho ahí dentro con el enorme barullo que había.

Tom llegó a la puerta justo cuando entraban dos hombres calados hasta los huesos, pero, en vez de dejarlos pasar, se coló entre medias de los dos, como si no los hubiera visto.

—¡Tom! ¡Espera! —chillé. Me abrí paso entre la gente y, cuando llegué a la entrada del pub, traté de abrir el paraguas, lo cual fue misión imposible. Tom estaba fuera, a la intemperie, con la lluvia empapándolo por completo—. Vamos, Mateo, joder, abre el puto paraguas.

Pero nada. No pude. Así que lo dejé en un lado del pub y fui hacia él, con el agua cayendo del cielo casi como si fuera una cascada. Pasados unos segundos, ya tenía el pelo pegado a la frente y me costaba ver bien. Solo podía oír los gritos de Tom por encima del ruido del aguacero.

Metiéndome en charcos y llenándome las zapatillas de agua de nuevo, conseguí llegar hasta él. Yo también gritaba el nombre de su hermana, con la esperanza de que nos escuchara a alguno de los dos.

— I can’t see shit!

—estalló Tom, desesperado. Hasta que la vi. Una figura pequeña delineada entre las gotas de lluvia, andando con expresión confusa entre las casetas. Junto a ella, una mujer de avanzada edad que trataba de abrir un paraguas para taparla.

—¡Allí! —señalé, y Tom siguió mi dedo para saber a qué estaba señalando. No esperó ni un solo segundo para salir corriendo hacia ella.

— EMMA!

—chilló, rompiéndose la voz. Su hermana dio un respingo al escucharlo, y él llegó a toda velocidad y la cogió entre sus brazos, elevándola hasta la altura de su mejilla, dándole besos por todos lados—. Are you all right? God, you’re shivering! You’re absolutely soaked!

La mujer que la había encontrado había conseguido abrir su paraguas y cubría a los dos hermanos mientras le explicaba a Tom dónde había encontrado a Emma.

—She was just staring at the toys—

Hizo un gesto hacia uno de los puestos del mercadillo, donde había varias personas refugiándose de la lluvia, y donde vendían artesanía de madera y croché.

— Emma. You can’t disappear like this. You have to be with Debbie —

le dijo a su hermana mientras la sostenía en brazos. Emma no parecía estar muy preocupada, pero tenía los labios casi morados. ¿Cuánto tiempo llevaba bajo la lluvia?

— Emma! Oh, God, you are alright!

Debbie venía corriendo hacia nosotros, con los ramos de tulipanes en una mano y sin refugiarse de la lluvia.

— No!

—vociferó Tom, haciendo que Debbie frenara en seco—. Not this time, no.

Y echó a andar, pasando a su lado e ignorándola por completo, llevándose a su hermana con él, con la furia dibujada en el rostro.

Debbie me miró, derrotada, y yo no sabía muy bien qué decir o hacer.

Claramente, Debbie tenía un problema. No parecía ser la primera vez que pasaba algo parecido.

Me encogí de hombros y corrí hacia Tom, tratando de alcanzarlo mientras se alejaba bajo la lluvia.