Capítulo 16 #5
—Eso es imposible. ¿Cómo no le vas a caer tú bien a alguien? —Su amplia sonrisa me hizo sonreír a mí también. Despegó uno de los imanes de la nevera y colocó la fotografía debajo, en el centro de la nevera—. Vamos a coger los platos. ¿Me ayudas?
—Sí, claro.
Mientras colocábamos la mesa para comer (frente a la televisión, porque fue imposible convencer a Emma de que se moviera del sofá), no pude evitar pensar en lo bien que se estaba en esa casa.
En Madrid seguramente ya se habría roto algún plato, alguien estaría protestando porque no quería cenar pizza y estaríamos todos gritando sin ningún sentido.
Las pizzas llegaron y, por suerte, no me había equivocado en ninguna.
Yo pensaba que tres iban a ser demasiadas, pero, por lo visto, era el número perfecto, porque los hermanos estaban, literalmente, hambrientos.
¿Las pizzas? Bueno, tampoco es que fueran las mejores que había probado, la verdad. Pero se podían comer.
—¿ Avatar
? ¿La de los bichos azules?
—Sí. Y los bichos azules no se llaman avatar. It’s a common mistake,
Se llaman Na’vi. Un avatar es lo que usan los humanos para meterse en el pueblo de los Na’vi —me explicó Tom mientras buscaba la película.
—Yo he visto la segunda, pero no me acuerdo de nada.
—¿Viste la segunda sin ver la primera? —cuestionó Tom, totalmente asombrado.
—Sí, no sé. Quería verla ahí en el cine, en 3D y esas cosas —traté de explicarme —
. Fui a verla con mi padre. A él le encantó. Yo me dormí.
— The first one is the best one.
Así la vemos y te la voy explicando. It’s definitely in my top three.
¿Cuál es tu película favorita? —me preguntó mientras cogía el último trozo de pizza.
—Uy, ni idea. No sé si tengo una película favorita, la verdad. Me gusta mucho Cómo entrenar a tu dragón
, por ejemplo —admití casi sin pensar.
—¿Cómo entre…? Ah, How to train your dragon. Yes, it’s cool. I like it.
—¿Y la tuya? —me interesé al tiempo que cogía uno de los bordes que quedaban sobre una de las cajas de pizza. Creo que era mío.
—Uhm… depends on the day. But I’m going with Spider-man: Into the spider-verse —
respondió, orgulloso.
—Ah, sí. Esa está chulísima. ¿La primera o la segunda?
— The first one
—asintió—. Me sé hasta los diálogos. Bueno, también me sé los de Avatar.
—¿
Qué dices?
— When I was lying there in the VA hospital, with a big hole blown through the middle of my life, I started having these dreams of flying
—recitaba según hablaba el protagonista de la película. Poniendo la misma entonación, las mismas pausas—. Vi esta película muchas veces cuando estaba en el hospital. Ya sabes. —Y entonces posó su mano sobre mi muslo derecho.
—Wow —fue lo único que fui capaz de decir. Y no solo lo dije por la demostración de Tom de saberse de memoria el guion de la película…
Cuando la terminamos, ya eran las diez de la noche.
Emma se había quedado frita encima de Tom durante los primeros quince minutos de película, y ni siquiera se despertó en la batalla final, con todos los gritos, las explosiones y la banda sonora a todo volumen.
He de admitir que me gustó la peli. No me volvió loco, pero me gustó, y quizá fue por la pasión con la que Tom la vivía.
Cuando terminó, estaba llorando, sin ningún tipo de vergüenza por hacerlo delante de mí.
Yo… a ver, me había emocionado, pero no iba a ponerme a llorar.
Se notaba que realmente le gustaba y que la había visto decenas de veces.
No solo porque iba repitiendo los diálogos, sino porque se movía al ritmo de la música o paraba la película para explicarme algún dato curioso del rodaje.
—¿Sabías que es la película más taquillera de la historia?
—Sí, eso sí lo sabía.
—Y que la nominaron a nueve Premios Oscar. ¡Ah! Y que todo el lenguaje de los Na’vi se creó desde cero. Y no, no sé hablarlo. Solo sé decir… oel ngati kameie.
I see you
—añadió con total seriedad.
—La verdad es que es chulísima.
—Y verla en el cine hace que sea mucho mejor —sonrió mientras pasaban los créditos finales—. Otro día vemos la
segunda, así la recuerdas. O podemos ver How to train your dragon
, ya que es tu favorita.
—Claro.
Lo vi mirando la hora del reloj de la entrada varias veces a lo largo de la película.
Primero pensé que era porque estaba preocupado por irnos muy tarde a dormir.
Sin embargo, luego até cabos. Sus ojos habían estado pasando del reloj a la puerta todo el rato.
Y eso solo podía significar una cosa: estaba preocupado por Debbie, porque era tarde y aún no había vuelto a casa.
— Emma, time to go to bed
—le susurró a su hermana con toda la dulzura posible. Emma entreabrió los ojos, bostezó, pero no se movió del sitio.
—
¿Qué ibas a contarme antes?
—¿Antes?
—Sí, en la sala de ensayo. Algo de un tal Guy nosequién —recordé.
—Ah, Guy Fawkes. La noche de Guy Fawkes. ¿Te suena ese nombre?
—No, la verdad es que cero —admití.
— Emma!
Su hermana dio un respingo y protestó, pero por fin se despertó (a medias). Tom se levantó del sofá y Emma hizo lo mismo, dándole la mano para guiarla hasta su habitación. Yo fui detrás de ellos mientras Tom iba contándome la historia.
—En 1605, la noche del 5 de noviembre, estuvo a punto de cambiar la historia del país… forever.
Un grupo, con Guy Fawkes como líder, puso un montón de barriles de… gunpowder
? Pólvora —dijo al momento—. Un montón de barriles de pólvora bajo el Parliament.
Pero, antes de que pasara nada, arrestaron a Guy Fawkes and stopped the plot.
—¿Querían volarlo todo por los aires? —me interesé.
— Yes. C’mon, Emma, off to your room.
Tom le soltó la mano y Emma fue andando casi como un zombi hasta su cuarto. La vimos escalar a la cama y meterse entre las sábanas antes de que Tom cerrara su puerta.
—El 5 de noviembre se celebra la Bonfire Night.
Hay enormes hogueras, se lanzan fuegos artificiales, se queman muñecos…
—¿Como las Fallas en España?
— I don’t know
—confesó, encogiéndose de hombros—. Aquí en Northwood hay una tradición.
Hay un recorrido que empieza en High Street, un poco antes de St. Mary’s, y termina en Hog’s Back Viewpoint, el sitio más alto del pueblo.
Se une gente y atraviesas Green Lane, pasas junto a Tree Trunk Sculptures, Hog’s Back Open Space…
y allí vas a ver los fuegos artificiales. Es… bueno, todo el pueblo unido.
—
Qué guay, la verdad.
—Y yo solía hacer ese recorrido con mis padres. But… since the divorce…
cada vez costaba más hacerlo. Y después de lo de mi pierna… bueno, me canso demasiado. Son… like three miles or so.
—
¿Tres millas?
—En España hay otra medida, ¿no? —señaló Tom.
—Kilómetros —respondí.
—Uhm… Creo que serán unos… ¿cinco kilómetros?
—Dios, eso es un buen paseo, ¿eh? Normal que te canses. —Al decirle eso, me sonrió, feliz de ver que no era raro lo que le pasaba.
—Este año podrías venir tú y lo hacemos juntos. It’d be great, wouldn’t it?
—
Se le iluminaron los ojos por completo al decirlo.
—Eh, si me dejan venir, yo encantado. Me encantan los fuegos artificiales.
—¿Sí? Entonces te encantará la Bonfire Night.
Estoy seguro. —Acompañó esa frase final con un enorme bostezo—. Good night, Mateo. See you tomorrow.
— Good night, Tom.
Sin embargo, en vez de darse la vuelta e irse, vino hacia mí y me dio un abrazo de buenas noches.
Apretando con fuerza y apoyándose un poco en mí para no caerse.
Uf, sentir su abrazo no se parecía en nada a ningún otro que me hubieran dado en la vida.
Me gustaba tanto que empecé a excitarme, como me pasaba siempre que Tom me tocaba durante más de dos segundos.
—Mateo… —dijo, con tono de sorpresa, y yo tuve que apartarme de la vergüenza.
—Bueno, esto, bue-buenas noches. —Me di la vuelta, nervioso, corriendo casi hasta mi habitación. Dios, seguro que lo había notado. Nuestros cuerpos estaban pegadísimos y me había empalmado como si fuera un interruptor. ¡Qué vergüenza!
—Buenas noches —le escuché decir, pero ni siquiera me di la vuelta. Entré en mi cuarto y cerré la puerta tras de mí. Miré hacia mi pantalón y vi que era imposible disimular lo excitado que estaba.
«Mierda».
Pero es que Tom era tan guapo… y tan mono, y se portaba tan bien…
Además era el primer chico que era así conmigo.
Pero yo no le gustaba. Eso lo tenía claro.
¡Ni siquiera sabía si era gay! Antonia me dijo que Roy se enamoró de él, pero que Tom lo rechazó y todo fue un poco incómodo.
Eso solo podía significar una cosa: Tom era hetero y yo acababa de hacer el mayor de los ridículos.
La espalda empezó a picarme de nuevo. Me quité la camisa y me miré en el espejo del armario.
Aunque la había tenido mucho peor, seguía teniendo varias manchas rosas en el costado y justo bajo los hombros.
Busqué la crema en la mochila y empecé a echármela de nuevo sobre las marcas, tratando de relajarme.
Tardé un montón en quedarme dormido. No llevaba ni una semana en Northwood y ya habían pasado tantas cosas… No me arrepentía ni lo más mínimo de haber aceptado el intercambio,
desde luego. Echaba de menos a mis amigos y, sí, de vez en cuando a mi familia.
Estaba a punto de quedarme dormido al fin cuando escuché la puerta de la entrada cerrarse y un par de golpes en el piso de abajo.
¿Sería Debbie que volvía a llegar supertarde?
No le di mucha importancia y traté de dormirme de nuevo, hasta que la escuché subiendo las escaleras y, de repente, un golpetazo como si se hubiera caído de lleno.
Me incorporé al momento, asustado. Supuse que Tom saldría de su habitación para ver qué había pasado, pero no escuché nada. Silencio absoluto.
«Bueno, pues habrá que salir a investigar, supongo», me dije a mí mismo.
Me puse una sudadera encima, anduve hasta la puerta, la entreabrí un poco y me asomé.
El pasillo estaba en penumbra. Tampoco es que pudiera ver mucho.
Entonces, apareció Debbie, tambaleándose y con los tacones colgando de la mano, el pelo alborotado y una sonrisa dibujada en la cara.
— Hi, lo-love —
saludó al verme. Al hacerlo, estuvo a punto de caerse al suelo, así que salí de mi cuarto y fui a ayudarla. Su olor a alcohol era tal que nada más acercarme me mareé un poco—. What a night, yeah?
— What a night
—repetí yo.
— Could you be a love and walk me to my room?
—Asentí y le ofrecí mi brazo, ayudándola a andar hasta su cuarto—. Sorry I woke you.
—
No pasa nada —la tranquilicé, intentando quitarle hierro al asunto. Me pasó la mano por encima de la cabeza, acariciando mi pelo.
— You need a
… corte… corte de pelo. ¿Corte de pelo?
—Supongo.
— You have to… to come to the salon
—dijo con firmeza. Bueno, con la firmeza de la que era capaz, porque le costaba bastante pronunciar cualquier palabra. Se me había olvidado
que era peluquera, y era verdad que no me venía nada mal un corte de pelo—. I’ll give you a-a-a proper haircut.
Llegamos a la puerta de su habitación y Debbie entró haciendo eses.
— Thanks, love.
No dijo nada más. Simplemente, se dejó caer boca abajo sobre la cama, casi como si fuera una estrella de mar. Cerré la puerta y volví a mi habitación. Miré hacia la de Tom, pero su puerta seguía cerrada. ¿No se había enterado de nada? ¿O estaría harto de que pasara algo así casi todas las noches?