Capítulo 16 #3
—Lo entiendo, sí. Odio que me obliguen a hacer cosas —afirmó—. Mi padre… He was exactly like that.
Siempre insistiendo en que hiciera deporte. Sorry, dad.
—Dejó caer sus dos manos sobre el teclado—. I’m an artist.
—Pero también haces deporte, ¿no? La primera noche, cuando te vi…
— Yes. I mean… I’ve been playing football with Andrew. And I love to run from time to time.
Pero desde la pierna… —Se dio un par de golpes en la prótesis para que sonara—. Es difícil, me canso demasiado rápido. Antes… a ver, te parecerá una tontería.
—Qué va, cuéntame —le insistí, deseoso de saber más sobre él.
—¿Tú conoces el día de Guy Fawkes?
Y en cuanto me lo dijo, se abrió la puerta y entró el resto de la banda.
Iwan el primero, con esa cara de dormido siempre tan característica.
Luego aparecieron Antonia, Vanessa y, por último, Roy.
Tom me sonrió («te lo cuento luego», me susurró) y fue hacia la puerta para saludar a todos, como si no los hubiéramos visto hacía tan solo unas horas.
Antonia fue la primera en venir hacia mí.
Era la que más se interesaba. La que más me cuidaba.
—¿Preparado para un nuevo ensayo?
—La pregunta es: ¿lo estáis vosotros? —bromeé.
—¿Por qué tenemos que ensayar en esta sala tan pequeña? —protestó Vanessa—. Aquí se va a escuchar fatal.
—Era la única disponible que nos ha podido conseguir Hugh. El salón de actos está ocupado toda la tarde —explicó Tom—. Pero no seas exagerrada… exagerada —se autocorrigió, y me miró, orgulloso.
—¿Y Andrew? —intervino Roy mientras dejaba su mochila a un lado y cogía su guitarra de una de las sillas.
—No puede venir hoy. Nos ha dicho que lo invitemos otro día y que nos puede ayudar a grabar.
Roy puso cara de pocos amigos y esbozó una sonrisa de suficiencia, con un toque de «no me sorprende nada que Andrew no haya venido», y siguió centrado en su guitarra eléctrica, asegurándose de conectarla bien al amplificador.
En pocos minutos ya estaba todo montado y empezaron a discutir sobre qué canciones tocar primero para comenzar el ensayo.
Sin embargo, en vez de esperar siquiera a llegar a un acuerdo, Vanessa comenzó a tocar la batería.
Para variar, no sabía qué canción era. Todos los demás sí, porque fueron siguiendo el ritmo poco a poco.
Primero Roy con la guitarra. Luego Tom, que comenzó a cantar con esa voz tan bonita que…
que me ponía la piel de gallina. Yo no tenía muy claro qué hacer.
Notaba como me empezaba a picar la espalda.
Los nervios no me solían ayudar mucho en esas situaciones.
—« Hey, j-j-jaded, you got your mama’s style, but you’re yesterday’s child to me…
» .
No había escuchado esa canción en la vida. Luego me enteré de que se llamaba «Jaded» y era de Aerosmith.
—« My-my baby blue!
» —cantó a coro con Antonia mientras Iwan rasgaba su bajo con fuerza.
Yo no tenía muy claro cuándo entrar con el teclado, pero, cuando los dos dejaron de cantar y solo se escuchaba la guitarra de Roy y la batería de Vanessa, decidí tocar algunas teclas sueltas.
Para mí quedó de la hostia. Para la banda… pues no pareció entusiasmarles mucho. Y
terminaron la canción a la mitad, porque Iwan falló un par de notas y quiso parar para afinar un poco su instrumento.
—Qué chula la canción —fue lo único que me salió decir—. He intentado entrar un poco en…
—Ya te saldrá mejor la próxima vez.
«Ups. Gracias por dejar caer que no lo he hecho bien, Tom».
Fue decirme esa frase y empezar a picarme la espalda otra vez, dándome unas ganas enormes de rascarme.
Pero claro, no iba a hacerlo delante de todos.
Tenía la crema dentro de la mochila. A ver si parábamos un rato y podía ir al baño a echármela.
— You have to feel it, Mateo. If you feel it, just go with it
—me aconsejó Iwan—. Don’t overthink. Just let it out.
«Joder, pues lo que acababa de hacer, ¿no?». Sentí que podía quedar bien y probé suerte. Pero es que, ¿qué esperaban? Si yo no tenía ni idea de tocar, y menos aún en un grupo ya formado.
—Ok, let’s do another one
—dijo Roy, y esta vez fue él el que comenzó a tocar.
Solo unos acordes le valieron a Vanessa para pillar la canciónque había empezado a perfilar.
¿Por qué solo tocaban canciones antiguas queyo no conocía?
¿No podían tocar «Love story», por ejemplo?
¿O «Despechá»? Todo tenían que ser canciones extrañas.
—
« I never thought I’d die alone…
» —cantó Tom. Joder, nunca pensé que empezaría así una canción, y menos escucharlo a él cantándola.
Era curioso estar ahí, en medio del ensayo, y ver cómo funcionaban entre ellos, cómo se compenetraban.
Yo tenía unas ganas enormes de formar parte de todo eso.
Pero Roy no dejaba de mirarme, amenazante, cada vez que acercaba mis manos al teclado.
«Que te jodan, Roy, que aquí estoy para tocar yo también».
Y eso hice.
Y juraría que esa vez lo hice genial. Tampoco es que tocara demasiado, pero lo que tocaba, era con ganas, y creo que con algo de ritmo. Al igual que había pasado antes, no llegamos al
final, porque Tom tampoco se sabía toda la letra al completo y el resto fue siguiendo su ritmo. Hasta que se quedó Vanessa sola, improvisando algo con la batería.
—Genial, ¿no? —dijo Antonia—. Tu voz, Tom. Está como nunca.
— Thanks,
Antonia.
—Lástima no poder decir lo mismo del teclado —refunfuñó Roy. Lo dijo en español para asegurarse de que yo lo entendía. Se me cayó el alma a los pies y el picor de la espalda aumentó, cada vez más. Necesitaba salir de esa sala, aunque fuera un rato, y calmarme un poco.
— Roy, be nice
—le reprendió Tom, tratando de interceder por mí.
— This is me being nice —
respondió él encogiéndose de hombros.
—Voy un… un segundo al baño —fue lo único que pude decir, y cogí la mochila de la silla y salí de la sala sin decir una palabra más.
No sabía por qué, pero tenía tantas ganas de hacerlo bien y de que me vieran como uno más que me hundía a la mínima que Roy decía alguna de sus estupideces.
¿Dónde estaba el Mateo valiente que se había metido en una pelea con chicos mayores que él?
¿Por qué me acobardaba tantoen esos ensayos?
¿Y dónde coño estaba el baño? Había salido de allí, pero sin ningún tipo de idea de a dónde ir.
Aunque tardé un par de minutos en encontrarlo, finalmente lo hice.
Misión cumplida. Abrí la mochila sobre el lavabo y busqué el bote de crema para calmarme un poco el picor de la espalda.
Lo divertido iba a ser tratar de ponérmela solo, pero ya lo había hecho alguna vez.
Cuando conseguí encontrar la crema, me giré y me puse de espaldas al espejo. Me subí un poco la camiseta para mirarme y tenía la espalda roja, repleta de manchas de color rosáceo. Entonces, se abrió la puerta y mi corazón estuvo a punto de…
No. Realmente creo que llegó a detenerse un par de segundos. Me bajé la camiseta a toda velocidad y vi a Tom entrando en el baño con cara de preocupación.
—No hagas caso a Roy. Cuando está así, no hay quien lo aguante… Are you alright? —
me preguntó, consternado.
— Yes, yes. And you?
—pregunté en automático—. Solo necesitaba venir al baño un segundo. Ahora vuelvo.
—Ya le hemos dicho entre todos que, si vuelve a decirte algo, se larga del grupo.
—¡No! No, no. Ahora me odiará más.
—No te odia…
—Bonita forma de demostrarlo —lo interrumpí.
—No te odia —repitió Tom—. Pero no lleva bien los cambios. Let’s put it that way.
—Ya veo, ya. —«Por favor, Tom, vete, que necesito rascarme y embadurnarme de crema».
—¿Seguro que estás bien? Estás poniendo una cara muy rara —señaló.
—Es mi cara. Ya me conoces. Mi cara es rara. Así me llaman en Madrid, «el cara rara». —Era como si no pudiera dejar de decir tonterías.
Entonces, Tom se acercó, con cautela, como si estuviera ante un animal salvaje que pudiera saltarle a la cara en cualquier momento.
— Is there anything you need to tell me?
—No. No. Solo es que… me estoy meando. Necesito ir al baño.
—Ah, vale, claro. Eh… I’ll leave you to it.
Te esperamos para tocar la siguiente canción.
—Ok —asentí. Tom me miró una vez más, todavía suspicaz, se dio la vuelta y salió del baño, dejándome solo de nuevo.
En cuanto se fue, esperé unos segundos por si volvía y, como no lo hizo, corrí a meterme en uno de los baños, me quité la camiseta y, al abrir el bote de crema, me la extendí como pude
por la espalda, calmándome poco a poco el picor. Podría haberle pedido ayuda a Tom…
No.
Ni de coña.
«¿Verme la espalda toda llena de marcas? ¡Qué vergüenza!». Se pensaría que es algo contagioso o yo qué sé. Además, todo el picor venía por el viaje. En unos días seguro que se me pasaba. Solo tenía que acostumbrarme. Ni más ni menos.
Estuve más tiempo de la cuenta echándome crema y tratando de llegar a las zonas donde más picaba.
Cuando volví a la sala de ensayo, justo estaban tocando una nueva canción; esa sí que parecía ser suya original, porque no dejaban de parar y empezar de nuevo, tratando de coger el mejor ritmo.
De todas formas, el ensayo no duró mucho más.
Iwan tenía que ir con su hermano pequeño y no podía retrasarlo más.
Así que recogimos todos los instrumentos y, mientras Vanessa, Iwan, Roy y Antonia se iban, nosotros ayudamos a Hugh a guardarlos en su sitio de siempre.
— Tom! Before you leave… Wait here
—nos dijo Hugh justo cuando salíamos de la casa club, con el anochecer ya pendiendo sobre nuestras cabezas.
Tom me miró, encogiéndose de hombros, ya que no tenía ni idea de lo que podría necesitar Hugh.
Al rato regresó, apoyado en su bastón, con su cojera cada vez más marcada (supuse que por el esfuerzo) y le entregó a Tom un libro de tapa roja—. I really enjoyed it.
—Oh, thanks, Hugh! Now I’d better start thinking about your next book —