Capítulo 16
Nunca había ido a un concierto igual, y he de confesar que la resaca emocional me duró un par de días.
De hecho, esa misma noche volví a soñar con Debbie cantando canciones (aunque no sabría decir cuáles).
Y confieso que todo eso hizo que tuviera más ganas aún de que nos apuntáramos al concurso local de Northwood de bandas de música.
No obstante, seguía dándome un poco de apuro lo de tocar el teclado con los amigos de Tom, porque sentía que no acababa de hacerlo bien.
O, al menos, no como se esperaba que lo hiciera.
Todos sabían tocar, o cantar. Yo… hacía lo que podía.
Al igual que en clase. Sí, entendía la gran mayoría de las cosas que me decían en inglés y los profesores se aseguraban de no ir demasiado rápido para que yo pudiera seguir el ritmo.
Pero eso no lo hacía menos desafiante. Y cuando empezaron a hablar de exámenes, la tensión ya empezó a ser palpable.
Si me costaba seguir una clase… ¿cómo iba a examinarme? ¿Estamos locos?
Por suerte, Tom se encargaba de ayudarme con los apuntes y explicarme las cosas en las que me quedaba rezagado. ¿La asignatura que más me costaba? Combined Science.
Si ya me costaban las asignaturas de ciencias en español, en inglés se volvían una montaña muy difícil de escalar. Mi Everest particular.
¿La más fácil? Por supuesto, Spanish .
Cuando tenía esa clase, me convertía en el auténtico rey, porque no solo ayudaba al profesor, sino que casi todo el mundo me pedía consejo para pronunciar mejor o me preguntaba por dudas de palabras, o incluso gramaticales (ahí ya me costaba más.
Sé que muchas de las cosas se dicen de una manera determinada simplemente porque siempre las he dicho así, no porque sepa la regla que hay detrás).
Antonia era una de las más avanzadas en clase, junto con Andrew, que siempre que podía también me preguntaba dudas.
Su acento era espectacular, las cosas como son.
—¿Así que vaca puede ser con…? —comenzó a preguntarme Rosie, una de las chicas de mi clase de Spanish.
—
Con B significa una cosa y con V significa otra. Con B es… lo que se pone encima de los coches para transportar algo…, y con V es el animal —contesté, pensando que se lo había explicado bien, aunque su cara al escucharme no fue de entenderlo precisamente—. Si quieres te lo escribo en el cuaderno…
— Thanks! —
Con esa frase tan inocente y servicial es como se estableció que yo ayudara a hacer los deberes de Spanish
a toda la clase. Vanessa no dejaba de insistirme en que debería cobrar algo, aunque fueran un par de libras.
Porque esos deberes tenían que hacerse durante el horario lectivo, así que no podíamos ni usar ordenadores ni móviles.
O sea que, si no lo habías entendido en clase o no lo sabías… , las cosas iban bastante mal.
El St. Mary’s School tenía una política de cero móviles durante las horas de clase.
Por eso, cada mañana, cuando entrábamos en el aula, teníamos que dejar nuestro teléfono dentro de la taquilla y no podíamos usarlo hasta terminar el día.
Si te pillaban con él entre clases, te podía caer un castigo importante.
Todo el mundo se había acostumbrado tanto a funcionar sin sus teléfonos que realmente ya no suponía ni un esfuerzo.
Para ellos. Para mí sí. Por suerte, no había momento de aburrirse, y menos aún desde que habíamos decidido
apuntarnos al concurso. Solo teníamos que rellenar la ficha de todos los integrantes de la banda y grabar un pequeño vídeo de presentación, a poder ser tocando alguna canción.
Y si era un tema original, sumaba más puntos.
No podía superar el minuto y medio de duración y teníamos que salir todos tocando en directo. Nada de artificios o autotune
.
—I don’t need it
—se pavoneó Tom mientras iba leyendo las bases en alto—. My voice is amazing, just as it is
—bromeó —. Pure raw talent. I’m a natural, mate.
— Yes, you are
—lo apoyó Antonia, que siempre estaba ahí para destacar cualquier cosa que hiciera Tom.
— Maybe we need it with el espaniolito then —
espetó Roy entre dientes.
Desde la noche del concierto, estaba más borde aún conmigo.
Pero yo, en vez de tomármelo mal, había decidido que la mejor estrategia era ignorar sus salidas de tono hasta que se cansara de tocarme las narices.
Al fin y al cabo, era amigo de Tom y yo no quería malos rollos innecesarios, pese a que Roy hiciera todo el esfuerzo posible por crearlos.
—Ok. Ya hemos rellenado todo. Definitivamente nos llamamos The Turlips, right
? —enfatizó Tom, y todos asentimos. Algunos con más emoción que otros—. Vale. Next step:
hablar con Andrew para hacer el vídeo.
— Deadline’s one week from today. We still have time —
puntualizó Iwan —. We have plenty of…
tiempo. —Sonrió orgulloso al haber conseguido decir algo en español al final de la frase.
— But we have to do it properly
. Tenemos que ensayar más —añadió Vanessa, mirándome de reojo. Ok. Indirecta directísima pillada. Ni que yo hubiera querido entrar en el grupo. Fue por presión social.
—A ver, que yo puedo ayudar a grabar y ya está. No tengo que estar en el grupo…
— No chance!
Claro que estás en el grupo. El teclado es una pieza clave de The Turlips, Mateo. Además, a ti se te ocurrió el nombre. You’re one of us now.
—Ya, bueno. Pero no quiero que por mi culpa… —Tom me puso la mano en la boca para impedirme seguir hablando. Estuve tentado de sacar la lengua y… Bueno, no lo hice, ¿vale? No lo hice.
—Hoy ensayamos después de clase. Aunque no sé si hoy nos dejarán la sala. Es miércoles. ¿Habrá algo allí? —reflexionó Tom.
—Vamos y lo descubrimos —sugirió Antonia—. ¿Podéis todos?
— Sure. «Nothing to do, nothing to say»
—canturreó Iwan.
— Great!
Tengo que avisar a Debbie para que recoja a Emma de… natación. ¿Se dice así? —me preguntó, y asentí—. ¿Le pregunto a Andrew?
— Sure. Go ahead
—dijo Vanessa, con una sonrisa cómplice con Antonia. Siempre hacían algo parecido cuando hablaban de ese tal Andrew—. I need to go to the library after classes. I’ll meet you guys at the rehearsal later, ok?,
—¿A la biblioteca tú? For what?
—¿No puede una chica tener sus misterios? —replicó, haciéndose la ofendida ante la pregunta de Antonia.
Sonó el timbre y todos nos dirigimos a la entrada del colegio, pero cada uno hacia una clase distinta. Yo tenía English Literature
, pero a Tom a esa hora le tocaba Biology
, mientras que Antonia, Roy, Iwan y Vanessa tenían otras clases, ya que había optativas diferentes para cada uno.
Excepto para Vanessa e Iwan, que compartían la clase de Francés.
La verdad es que mi optativa era muy entretenida…
cuando me enteraba de algo, que no era siempre.
Solo era la segunda clase que daba e iba pillando el ritmo.
Aunque costaba. Estaban analizando Grandes esperanzas
, de Charles Dickens. Había sido una de las lecturas obligatorias del curso y, claro, no solo llegaba tarde, sino que
nunca había leído esa historia, así que tenía que concentrarme mucho para no perderme.
—Today we are going to help Mateo catch up a bit. Mateo, are you ready?
—Eh… yes, I suppose… Yes
—afirmé, tímido.
—Excellent. Please let me know if there’s anything you don’t understand, okay?
—insistió el profesor Whitmore—. Don’t be afraid to interrupt.
Yo asentí, tratando de parecer educado. Pero, claro, era un poco violento que toda la clase me estuviera mirando.
El profesor Whitmore no debía de tener más de cuarenta años.
Era alto e imponía bastante. Llevaba una chaqueta de cuadros grises y negros y, debajo, una camisa blanca con los dos últimos botones desabrochados.
Tenía ese estilo como de dejadez intencionada.
Su pelo estaba despeinado a la perfección, tenía una barba desarreglada de tres días, pero que parecía hecho aposta…
; una nariz algo puntiaguda y más grande de lo normal, y unas orejas de soplillo, aunque no demasiado.
Aun así, sorprendentemente todo en él funcionaba.
De hecho, hasta me parecía atractivo. Creo que era el primer profesor con el que me había pasado… en la vida.
—
Great Expectations is about a boy named Pip. He’s our main protagonist.
Nuestro protagonista —
expuso con un acento marcadísimo—. Pip grows up in poverty. Very poor. And one day, quite suddenly, he
’ s given the chance to become a gentleman. Education, money… a whole new life.
Algunos alumnos asentían, dejando claro que ya lo habían leído y se habían enterado de la historia a la perfección. Otros apuntaban en sus cuadernos todas las palabras que decía el profesor. Casi como si pensaran que fuera a caer en algún tipo de examen. Bueno, a lo mejor así era y yo no lo sabía.
— Mateo, are you following?
—Todo bien. —Le mostré el dedo pulgar.
— Well, as you all know, Dickens isn
’ t really interested in success stories. He
’ s interested in what ambition does to people, to the human soul. He was a master at observing human misery. So… our hero, Pip, starts to feel ashamed of where he comes from. Ashamed of the people who love him. He believes that becoming «better»
—hizo unas comillas en el aire— means becoming someone else.
Su manera de hablar, de explicarlo, era magnética.
A pesar de que no entendía todas las palabras que decía, estaba muy interesado.
Nunca había tenido un profesor igual, eso desde luego.
En mi colegio eran todos bastante más aburridos, parecía que estaban más hartos de la vida.
Supuse que tendría que ver con la diferencia de instalaciones o, incluso, con el número de alumnos.
Mientras que en mi ciudad éramos treinta y tres alumnos por clase, en St. Mary’s no llegábamos a los veinticinco.
Eso era una diferencia de casi diez alumnos y, claramente, algo que puede marcar la diferencia. De hecho, la marca.