El mundo entre nosotros Capítulo 15
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Capítulo 15

No tenía ni idea de lo que podía encontrarme cuando fuéramos al concierto de Debbie.

Además, era un sitio que se llamaba The Hole.

No estaba yo seguro de si era apropiado para unos chicos de quince años como nosotros, siendo sincero.

Ni siquiera sabía el tipo de música que cantaban.

Recordaba que me había dicho que hacían covers

de otros grupos, igual que Tom con su banda. Pero no sabía de quiénes. Y tampoco sabía qué ropa ponerme para…

—Unos vaqueros es buena opción —me dijo Tom, asomado en el umbral de la puerta de mi habitación—. Y esa camiseta de rayas. —Señaló con la mirada una que tenía colgada en el respaldo de la silla.

—¿Sí? ¿Tú crees? —dudé, encogiéndome de hombros.

— Absolutely. You look stunning in that, mate —

dijo, asintiendo con firmeza y entrando en mi cuarto.

—¿Tú crees?

— Of course I do! —

aseveró con convicción total, y se dejó caer en mi cama, justo a mi lado—. That t-shirt really brings out your eyes… and your bruise

.

—¿Has ido alguna vez a ver tocar a tu madre? —le pregunté mientras me acercaba a coger la camiseta y abría el armario, para poder cubrirme con la puerta y que no me viera cambiarme

—Sí, claro. ¿Qué clase de hijo sería si no lo hubiera hecho?

—¿Y cómo es? Es decir, qué cantan y esas cosas… —empecé a decir.

—La última vez que la vi, hicieron un tributo a Blondie. You know Blondie, right?

—Me quiere sonar. —Y no mentí. Me sonaban, pero no tenía claro de qué o por qué.

—« Once had love and it was a gas. It soon turned out I had a heart of glass

» —canturreó Tom, pero no acababa de reconocer la canción. Aunque me sonaba.

—Ni idea, no.

— I’ll have to update your musical culture, mate

—bromeó—. Debbie canta bien. Aunque se vuelve un poco loca en el escenario, y eso, a veces, para mí, es raro. A bit cringey.

Aun así, sé que le hace ilusión que vaya a verla. Que vayamos a verla los dos. Bueno, y también la banda.

—¿Vienen todos?

— I think so… yeah.

—Sacó el móvil de su bolsillo para meterse en el grupo que tenía con el resto—. La única duda es Iwan, que tiene que cuidar de su hermano pequeño. Es que su madre es parte del grupo de Debbie, you know?

—¿En serio? ¿Es como una banda de madres o algo así?

—Algo así, porque también está la madre de otra chica del colegio. Pero no va a nuestra clase. Es un par de años mayor —me explicó—. Lila.

—Tengo curiosidad por ver cantar a tu madre, la verdad. Me la imagino como si fuera una auténtica estrella del rock.

— Because she is!

Aunque solo canta y finge que toca la guitarra. Pero no acierta ni un acorde. She’s not exactly a pro. Just like me.

Lo único que sé tocar es la guitarra… pero muy poco —admitió—. No como tú, que eres todo un músico experto.

—¡Sí, claro! —ironicé desde detrás del armario en el instante en que me quitaba los pantalones y me ponía los vaqueros a toda velocidad.

—¿Qué haces ahí detrás? —preguntó, curioso.

—Nada. Cambiarme. Ya estoy. —Cerré la puerta justo al tiempo que Tom se levantaba de la cama, tratando de ver algo.

— Like I said… Stunning. So…

¿estás preparado para la banda de rock más fuerte de todo Northwood?

—Pues no estoy seguro. Ahora me has dado miedo.

—Deberías tener miedo. Al menos un poco. ¡Y coge una chaqueta! Aquí por la noche hace frío. It gets a bit chilly.

Emma se quedó con una canguro de nuestro colegio, porque ni podía venir al concierto ni podía quedarse sola.

De Tom se despidió. A mí me dedicó una mirada…

indescifrable, la verdad. No me quedó muy claro qué quería decir con su expresión misteriosa mientras acariciaba a Terrible de una forma bastante tétrica.

Si no supiera que es imposible, diría que ese gato estaba pensando en decenas de maneras diferentes de matarme cuando yo estuviera durmiendo.

Tom llevaba una sudadera roja con capucha y unos vaqueros negros, además de unas Converse de color verde desgastado que estaban a punto de deshacerse por el uso.

Salimos de casa con tiempo como para llegar al local, tomar una Coca-Cola y ver la actuación de Debbie.

Northwood tenía un encanto particular a esas horas de la tarde, con una luz casi dorada retirándose entre las hojas de los árboles.

Era como si el sol estuviera absorbiéndola de nuevo y no tuviera permitido estar más tiempo de la cuenta.

Por momentos parecía que estábamos atravesando una especie de velo mágico hacia otro mundo.

Hasta el olor era distinto. La tierra parecía querer despegarse del día y dar la bienvenida a la noche con su propio perfume.

Y los riegos automáticos de la calle y de algunos jardines hacían el resto.

—No queda mucho para llegar. Podríamos haber cogido el autobús, pero el paseo me gusta. It’s cool

, right?

—me dijo Tom, orgulloso de su decisión.

—Sí. Me encanta —admití.

— Wait! Let’s go that way!

—exclamó de repente. Entonces, me cogió de la muñeca y tiró de mí, metiéndome por un pequeño callejón repletode arbustos. La única iluminación eran unos pequeños farolillos a ambos lados del camino, que tenían una potencia tan débil que por la noche sería imposible ver algo.

Cuando llegamos al final del misterioso camino, que casi parecía un túnel hecho por la propia naturaleza, teníamos delante una explanada enorme con una especie de pared a medio derruir, con las esquinas pintadas de dorado y, en lo alto, se podía leer: cinema

. La verdad es que ese sitio era precioso. En Madrid no encontraría un lugar igual. De hecho, nunca lo había encontrado.

—Este era el cine de verano de Northwood. Aquí se ponían las sillas. —Abrió los brazos todo lo posible, casi como si quisiera abarcar la explanada entera—. Y en ese muro, se proyectaba la película. One night we sneaked in to see The Nun.

Creo que tendríamos… ¿ocho años? Roy y yo. Estuve una semana sin dormir.

—¿ The Nun

? —pregunté, no tenía ni idea de qué película era.

— The one with the… nun?

Ya sabes, en la iglesia…, las mujeres…

—¡Ah! ¡ La Monja

! —traduje—. ¿Te gusta el cine de terror?

— Are you kidding? I’m obsessed with it!

¡Me encanta el cine de terror! Es mi género favorito —exclamó—. Aquí podría empezar una buena película de miedo…

—¿El asesino en serie de Northwood tal vez?

—O una secta satánica —propuso él, poniendo voz de ultratumba, estirando los brazos y acercándose, como si quiera ahogarme con sus manos —. Join us, Mateo…

—¡Ni de coña! —me reí, evitándolo por poco mientras me perseguía, tratando de cogerme.

— Don’t run away! This won’t hurt… much!

—

Estuvo a punto de pillarme, pero me agaché y pasé bajo sus brazos—. Oh, no! ¡

Es más rápido que yo! I give up.

—Y frenó en seco.

—¿Cuál es tu película de terror favorita? —le pregunté, a una distancia prudencial, porque no quería que volviera a atacarme.

—¿La favorita? Uhm… let me think. —

Se llevó la mano a la barbilla, haciendo como que pensaba—. Me gusta mucho Black Phone,

por ejemplo.

—Creo que no la he visto.

—Tengo que ponerte muchas películas de terror —sentenció, convencido.

—A ver, justo esa no la he visto. Pero he visto unas cuantas. Con mi padre, sobre todo.

—Tengo que pensar una lista que… —Pero fue mirar su teléfono móvil y su expresión cambió por completo—. We’ve gotta move!

¡Llegamos tarde!

Y, sin avisarme, echó a correr en la dirección en la que habíamos venido. Cuando reaccioné, ya me llevaba unos metros de ventaja.

—¡Vamos, Mateo! —chilló, y ahí es cuando espabilé y empecé a correr tras él.

Al habernos desviado para ver el cine de verano, tardamos más de la cuenta en llegar a The Hole, pero, tras dejarnos los pulmones en una carrera contrarreloj, conseguimos estar en la entrada unos minutos antes de que empezara el concierto.

Tom necesitó unos segundos extra para recuperarse, y, en cuanto nos detuvimos, se llevó las manos a su prótesis, como queriendo tirar de ella, como si se le hubiera desajustado durante nuestra carrera improvisada.

— About time!

—exclamó Antonia, con cara de desesperación.

A su lado estaba Roy, con su look

total black

que tanto le gustaba. Nos miró con desaprobación y… Mejor dicho, me miró a mí con desaprobación.

— Where were you?

—preguntó Antonia, nerviosa.

—Le enseñé el cine de verano a Mateo —nos excusó Tom. Y Roy lo miró como si Tom hubiera hecho lo peor que podía hacer.

— Our place? —

gruñó, indignado, aunque Tom pareció no haberlo escuchado.

—¿Lleváis mucho tiempo aquí esperando? —intervine, porque no quería que se creara ningún mal rollo por mi culpa.

—Diez minutos —dijo Antonia al tiempo que Tom se disculpaba una y otra vez.

— Twenty

—añadió Roy, que, por alguna razón, seguía molesto por algo. Su estado natural: mirar con cara de asco y estar enfadado con el mundo. Como si tuviera que cumplir por norma todos los clichés de adolescente cabreado.

—Lo siento —reafirmé yo.

—No pasa nada. Pero entramos, ¿no? Tengo muchísimo sed —añadió Antonia.

Estuve tentado de corregirla y decirle que era «muchísima» y no «muchísimo», pero tampoco la conocía tanto como para saber si le iba a molestar o no, así que me callé, asentí, y entré junto a ella.

Tom se quedó atrás un poco rezagado, hablando con Roy.

The Hole no era como los bares a los que estaba acostumbrado. A ver, reformulo la frase. Tampoco es que estuviera acostumbrado a ir de bares, salvo con mis padres y mi familia. Alguna vez con Juan o Ale, pero muy rara vez. Nuestro sitio favorito seguía siendo el McDonald’s de Gran Vía.

Sin embargo, ese sitio no se parecía a ninguno en el que hubiera estado.

Las mesas de madera estaban colocadas en ambos laterales del espacio, con un amplio pasillo entre ellas con varios arcos como de piedra.

La iluminación era muy pobre y había que forzar un poco la vista para ver algo. Al fondo, justo

frente a nosotros, un escenario que solo sobresalía un metro o así del suelo del local, y donde ya estaban preparados varios instrumentos y un micrófono de pie.