Capítulo 12 #3
Y, con un gesto de la mano, nos invitó a Angie y a mí a pasar al interior de su despacho…
que era exactamente como me había imaginado el despacho de un director de un colegio británico.
Justo frente a la puerta estaba la ventana desde donde se veía la parte trasera del colegio, el campo de fútbol y otro edificio un poco más pequeño, hecho de hormigón y cristal, mucho más moderno que el edificio principal.
En un lateral había una chimenea sin usar, porque su hueco estaba repleto de libros apilados, algunos con bastante polvo, y había un escritorio de madera negra en el centro, con un ordenador y varias carpetas desordenadas.
Nos sentamos en una silla cada uno. Yo no podía dejar de mirar las estanterías repletas de libros y algún que otro trofeo.
Ahí dentro olía a librería antigua, un poco a polvo y también a humedad.
De esa que se acumula en los sótanos de las casas.
—Bienvenido, Mateo, a St. Mary’s School. Entiendo que Miss Wetherford ya te habrá enseñado las instalaciones. —Pues sí que sabía hablar español después de todo. O Angie me había mentido o no se enteraba de nada. Seguramente sería la segunda opción.
—La verdad es que ha sido Tom el que me ha enseñado todo —expuse un poco nervioso, porque la verdad es que Mr. Ashcombe imponía bastante—. Aunque todo todo no. Porque teníamos esta reunión… con usted.
—¿Tom? Ah, Thomas Green. Nuestro alumno. Te quedas en su casa, ¿verdad? —preguntó mientras encendía su ordenador y se subía las gafas con el dedo índice.
—Sí. Me quedo en su casa —confirmé. Angie se limitaba a asentir y a mascar un chicle ruidosamente. Algo que empezaba a sacar de sus casillas al director. Podía notarlo en cómo apretaba la mandíbula cada vez que Angie lo mascaba con la boca abierta.
— How is your English?
—quiso saber, sin dejar de mirar la pantalla del ordenador.
—Bastante mejorable. —Mi apunte le hizo reír disimuladamente.
—Para eso has venido hasta Northwood. Para mejorar tu inglés. And where better to do so than England?
Do you agree, Miss Wetherford?
—Absolutely —
respondió Angie.
—Tengo aquí tu perfil. Solo necesito que me firmes unos documentos y ya eres libre para poder ir a clase —me explicó, y, tras clicar un par de veces con el ratón, una impresora que estaba tras él empezó a pitar y a imprimir los documentos—. ¿Qué día has llegado?
—Llegué el viernes.
— Excellent.
¿Has conocido ya algo de Northwood?
—Uhm… fui a ver un partido de críquet. También desayuné en una cafetería… ¿Northbloom?
—Sí. Northbloom. Sus knots
están deliciosos —sonrió, satisfecho con mi respuesta.
—Y ya no he hecho mucho más. ¡Ah! Sí, fui a un parque enorme con un lago que…
—Veo que el señor Green ha hecho buen trabajo de guía —me interrumpió.
La impresora terminó de hacer ruido y el director, sin levantarse siquiera, estiró el brazo y cogió varios papeles de la bandeja, los cuales dejó en la mesa justo delante de mí, con un bolígrafo dorado—.
Firma en todas las hojas y ya estará listo todo.
—Vale, eh… ¿y qué es?
—Son formalidades que tengo que enviar a tu colegio en España, para asegurar que empiezas a estudiar aquí —me explicó.
Tampoco me iba a poner a leer todos esos documentos. No creía estar vendiendo mi hígado o algo similar, así que me apresuré a firmar todos los papeles para poder terminar cuanto antes e ir a clase con Tom. A mí las formalidades, como había dicho el director, me producían urticaria.
—Listo.
—Perfecto. El viernes tendrás que pasar por el aula de fotografía. Como alumno de St. Mary’s School, tiene que haber una imagen tuya para el anuario.
—Ah, claro. —Aunque me parecía algo bastante inusual. En mi colegio, salvo las fotos de grupo que se hacían a mediados de curso, no había que hacerse fotos individuales. Supuse que serían tradiciones británicas. Tampoco me iba a poner a buscarle tres pies al gato, ¿no?
—Por aquí ya está todo listo. Puedes ir a tu clase, Luarte. Yo me quedaré hablando un rato más con Miss Wetherford —dijo mientras se ponía en pie. Dios, imponía muchísimo. Sus dos metros ocupaban medio despacho. No me gustaría verlo enfadado.
—Vale. Gracias. Tha-thanks.
—Me puse en pie también, haciéndole una pequeña reverencia—. Pero… ¿cuál es mi clase?
—La 103. En la planta principal, en el ala izquierda.
—Gracias. —Recogí mi mochila del suelo y salí del despacho dejándolos a los dos hablando de sus asuntos, que, seguramente, tuvieran que ver conmigo.
Las clases ya habían empezado y los pasillos estaban totalmente desiertos. Daba igual en qué país estuviera, que oye, siempre llegaba tarde a las clases. Bajé las escaleras sin cruzarme con un alma… hasta que llegué a la planta principal
y vi a Roy apoyado en la pared, mirando sus uñas con una pasividad absoluta. A ver si podía pasar sin que me viera…
— Late on your first day, are you?
—masculló entre dientes.
— I’ve been talking with the… with the headteacher.
—With Ashcombe? —
Eso pareció sorprenderle.
— Yes.
Cre-creo que se llama así, sí.
—Eres importante entonces. No todo el mundo conoce al director —siseó.
—Supongo que no. Oye, ¿tú no vas a clase?
—He llegado tarde —añadió sin más, como si le diera igual.
—Pero… solo han pasado como quince minutos. ¿No te dejan entrar?
— Late? Here? Yeah, that
’ s punishable by death… —
me informó, apartándose el flequillo del ojo izquierdo—. Tú tienes una excusa perfecta con el director. Yo estoy haciéndome a la idea de mi condena. Making my peace with my fate.
—¿Tan duros son por aquí?
— You have no idea —
sonrió, mostrando sus colmillos—. Good luck, espaniolito.
Se sacó un chicle de la boca, lo pegó justo debajo de un cuadro que había en la pared tras él y se fue hacia el otro lado del pasillo. ¿Hacia dónde? Ni idea, porque aún no conocía ese colegio lo suficiente. Menudo chico más extraño. Estaba claro que no le caía bien. ¿Por qué me odiaba?
Seguí andando, siguiendo los carteles que indicaban dónde podía estar mi clase, hasta que llegué al aula 103.
«Vale».
Había llegado el momento.
Bienvenido a una nueva vida.
Aunque solo fuera a durar un mes.
A veces, un mes es mucho tiempo.
O demasiado poco.