El mundo entre nosotros Capítulo 12
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Capítulo 12

Ni siquiera me había empezado a preparar cuando, al asomarme a la ventana, vi a Angie aparecer en la puerta de la casa, dispuesta a acompañarme al colegio en mi primer día.

Llevaba unas gafas rosas extragrandes y el pelo totalmente enmarañado.

De hecho, parecía que era ella la que seacababa de despertar y no yo.

Debbie la invitó a entrar después de darse un abrazo como si se conocieran de toda la vida.

Podía oler el aroma del café recién hecho desde mi cuarto mientras me vestía.

—¿Preparado para tu primer día? —me preguntó Tom desde la puerta de mi habitación.

—Creo que sí. Supongo que sí.

—Hoy las clases no son muy aburridas —comentó mientras se miraba las uñas.

—Menos mal.

—Te espero abajo con el desayuno.

Pero, antes de que se fuera, tenía que saberlo, así que me preparé para hacerle la pregunta. Porque llevaba pensando en ello desde el día anterior, durante el ensayo.

—¿Te pasa algo conmigo? —Tom regresó sobre sus pasos, extrañado.

—¿Cómo? ¿Que si…?

— Are you mad at me? —

No podía ser más directo.

—Mad? No. Why?

—preguntó, confuso.

—No sé. Ayer de repente te volviste como muy seco. Como si ya no quisieras hablar conmigo o algo. Sé que nos acabamos de conocer, pero precisamente por eso te lo pregunto. Si hay algo que te haya molestado…

—No, no. No estoy enfadado contigo. Why would I be?

—dijo, encogiéndose de hombros—. Me caes genial.

—Gracias. Es decir, tú a mí también, ¿sabes?

—admití. Tampoco sabía muy bien por qué le había hecho esa pregunta, la verdad.

Simplemente me había agobiado pensar que nuestro roce de manos le pudiera haber parecido algo fuera de lugar.

A pesar de que había sido él el que había dado el primer paso, acariciándome la pierna en el coche.

O en la cafetería. Y luego estaba Roy, con sus preguntas indiscretas, que me habían sacado de mis casillas.

—¿Bajamos a desayunar? No quiero que Emma se coma todo, o que Terrible llene las tostadas de pelos. —Exageró una arcada.

—Qué asco —añadí yo, sacando la lengua.

— Right?

Pues Emma no lo entiende. She just doesn’t get it. Nevermind.

Te espero abajo.

Me repasó con la mirada y cerró la puerta, dejándome solo otra vez. Sí, quizá no debería haberle preguntado. Aunque gracias a ello ya sabía que no le pasaba nada, que estaba todo bien. Tom era muy extrovertido, pero era difícil de leer, o al menos, a mí me costaba bastante.

Cuando bajé a la cocina, Angie estaba apoyada en la encimera, rellenándose la taza con café, y tenía pinta de que no era el primero que tomaba esa mañana ni mucho menos.

De hecho, se llenó la taza demasiado y sorbió rápidamente para que no se derramara por toda la cocina. Al verme, me sonrió, y pude ver manchas de pintalabios en sus dientes delanteros. Y sí, seguía, llevando las gafas de sol dentro de la cocina.

— Good morning, Mateo. Are you ready for your first day of school?

—me preguntó con un tono de voz ahogado.

Debbie apareció por detrás de mí, inundándolo todo con su perfume, como siempre, y ya completamente arreglada para salir a la calle.

— Good morning, love.

Buenos… ¿Buenos días? —Fue directa hacia la cafetera, pero, cuando fue a rellenarse su taza, se dio cuenta de que no quedaba casi y tuvo que prepararlo de nuevo.

— Good morning

—asentí mientras cogía una taza del armario y me la llenaba de leche fría.

Emma estaba sentada en la mesa, en silencio, acariciando a Terrible y con un plato de galletas frente a ella.

Iba cogiendo una a una, lentamente, y las comía sin hacer un solo ruido.

Qué niña más extraña. Ni siquiera me miró.

Supuse que le daría vergüenza después del «incidente» de las tijeras.

—¿Quieres una tostada? —me preguntó Tom mientras metía un par de rebanadas de pan en la tostadora.

—Vale. Gracias.

—Qué chico tan educado —afirmó Debbie—. You see, Emma?

—Grr. —Fue la única respuesta de Emma ante la afirmación de su madre.

— Right. I’m off

—Se terminó el poco café que tenía en la taza de un sorbo. Ni siquiera esperó a que terminara de hacerse el que había empezado a preparar— . It’s getting super late! See you later, loves.

Se acercó a Tom, abrazándolo por detrás y dándole varios besos en la mejilla, dejándole la marca de su pintalabios. Luego se acercó a Emma, pero Terrible bufó, así que desistió por completo de despedirse de su hija. Y, por último, vino hacia mí.

— Good luck today, Mateo.

—También me dio un abrazo, ahogándome con su perfume. Aunque me gustaba que me abrazara. En casa no éramos de abrazos. No recordaba cuándo había sido el último que me había dado mi madre.

— Thank you, Debbie.

Me sonrió y en sus ojos vi que me recordaba el secreto de la otra noche, como queriendo dejarme claro que no debía decirle nada a su hijo. Tranquila, Debbie, no soy un chivato. Salvo con mi primo Bruno, pero porque es imbécil.

—¿Mantequilla? —ofreció Tom.

— Boys, it’s time to go

—intervino Angie, mirando su reloj de muñeca. Hacía años que no veía a alguien llevar un reloj. Ni siquiera mi abuelo lo llevaba ya, desde que jubiló el dorado que tanto me obsesionaba de pequeño—. We don’t want to be late.

— Wait

. Mateo tiene que desayunar. Hoy es un día muy importante.

— You have… ten minutes —

sentenció Angie sin pestañear. ¿Diez minutos? ¡Diez minutos no daban para nada! ¡Yo aún tenía que preparar mi mochila!

—Suficiente —sonrió Tom, y sacó las dos tostadas, dejándolas sobre un plato en la mesa del centro. Emma acercó disimuladamente la mano, pero Tom estuvo rápido y alejó el plato, avisándome con la mirada—. Como no las comas rápido, te quedas sin ellas.

—¿Las dos son para mí?

—El desayuno es la comida más importante del día, Mateo. ¡A comer!

Se lavó las manos en el fregadero y salió de la cocina.

Le escuché subiendo la escalera a toda velocidad, en dirección a su cuarto, dejándome a solas con Angie, que no dejaba de mirar el reloj cada dos segundos, metiéndome presión, y con la hermana diabólica y su gato endemoniado.

Ese desayuno fue el desayuno más tenso en la historia de los desayunos tensos.

Devoré las dos tostadas en tiempo récord, porque no quería perder ni un minuto, y salí de la cocina en dirección a mi cuarto. Pero, cuando terminé de subir la escalera, vi a Tom saliendo de

su habitación con dos mochilas. Una, la suya, al hombro. Y otra, la mía, colgando de su mano.

—Te he preparado la mochila.

—No hacía falta.

—Te metí un par de cuadernos, un estuche con bolígrafos, lápices y algunas sorpresas.

—Vale. Gracias. —Cogí la mochila de su mano y me la colgué a la espalda—. Vamos juntos a la misma clase, ¿no?

— Of course! I’m your buddy.

Te sientas conmigo.

Por lo que me habían explicado cuando me apunté al intercambio, tu buddy

era tu compañero en clase, el que debía asegurarse de que te enteraras bien de todo. A veces solo te ayudaba el primer día. Otras veces estaba sentado contigo la primera semana.

—Ahora en el coche te cuento el horario de hoy.

—Genial. —Iba de vuelta hacia la escalera cuando escuché a Tom protestar. Me giré y lo vi apoyado en la pared con expresión de dolor—. ¿Tom? ¿Estás bien?

— Yeah, yeah

—suspiró—. Just the prosthetic saying hello. Bonus fea­ture of being a cyborg

—bromeó.

—¿Seguro? ¿Necesitas…? —Alargué la mano. Tom la miró, como decidiendo si aceptar mi ayuda o no, pero la duda le duró muy poco, porque al final acabó cogiéndomela y separándose de la pared, apoyando todo su peso sobre mí.

— Just… one minute…,

ok?

¿Me ayudas a bajar la escalera?

—Claro.

—Ya lo dice Debbie. Qué educado eres —sonrió.

—Lo intento —sonreí de vuelta y, dejando que me agarrara bien del brazo, bajamos escalón tras escalón. Con cuidado. Con mucha calma.

Angie nos esperaba al final de las escaleras, con mirada acusatoria, y dándose golpecitos en el reloj de la muñeca.

«Joder, Angie, ¿no ves que no podemos correr? ¿Estás ciega?».

— Let’s go, let’s go!

—insistió. Emma ya nos esperaba en el umbral de la puerta.

Íbamos a ir todos en el coche de Angie, y parecía no hacerle mucha gracia.

Especialmente tras ver a una Emma repleta de pelos de gato por toda su ropa.

Así que, cuando llegamos al coche, abrió la puerta del copiloto y de la guantera sacó un rodillo de esos quitapelusas.

Llamó a Emma para que se acercara y se lo pasó por toda la ropa mientras Tom no dejaba de reírse.

Yo me senté en el asiento de delante, Tom y Emma en la parte de atrás. Ni siquiera pude avisarlos de la conducción temeraria de Angie. Porque, en cuanto cerré la puerta, pisó el acelerador y casi salgo disparado hacia atrás. ¡Ni me había dado tiempo a ponerme el cinturón!

—¿Preparado para tu primer día, Mateo? —me animó Angie. Seguía con la mancha de carmín en los dientes delanteros. Solo que ahora se le añadía el olor a café.

—Supongo que sí.

—Primero tenemos una reunión con el director para que te conozca. Mr. Ashcombe. Así, terminamos de cerrar todo el pa… papelío

.

—¿Papeleo?

— Papelío

—trató de decirlo bien, pero le salió igual que en el primer intento—. Luego, te acompañaré a tu clase, donde estarás con Thomas, y él se encargará de enseñarte el resto de las instalaciones. Your buddy.

—¿Thomas? ¿Quién es Tho…? Ah, Tom. Genial.

—Pero no tan genial. Angie dio un volantazo para evitar un coche parado en medio de la carretera con las luces de emergencia y estuve a un par de centímetros de darme un golpetazo en la cabeza contra la ventanilla.

Miré por el retrovisor y Tom estaba… ¿riéndose?

¡Ni siquiera lo veía preocupado por la conducción temeraria de Angie!

—Al final de esta semana tendrás que entregarme un… report

completo. Sobre tus primeros días. Tengo el

carpeta… in the back.