El mundo entre nosotros Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—¿Y a ti qué te importa? —repliqué, molesto. Joder, ¿qué coño quería de mí?

— We found it! —

escuchamos a Tom gritando a lo lejos.

— We found a keyboard in a hopeless place

—cantaba Antonia.

Roy me echó una última mirada de arriba abajo y me dio la espalda, saliendo de nuevo al escenario.

Ok. Genial. Era superamigo de Tom, pero un poco sobreprotector, ¿no?

¿Qué más le daba a él que a mí me gustara o no?

¿Y por qué tenía que preguntarme si yo era gay?

En Madrid nadie lo sabía, salvo Juan y Ale.

Si aún me costaba decirloenalto, mucho menos iba a decírselo a ese chaval gótico que acababa de conocer.

¿Es que Tom lo era? ¿Por eso me lo preguntaba? ¿Por eso lo del discurso ese de «no le hagas daño» y blablablá?

Salí al escenario yo también, y Antonia y Tom estaban subiendo el teclado a duras penas, parecía pesar mucho más de

la cuenta. Roy les echó una mano y, entre los tres, consiguieron colocarlo sobre el escenario.

—¿Te gusta? —preguntó Tom, exhausto del esfuerzo.

—Parece que está bien, ¿no? —comenté mientras pasaba la mano por las teclas, aunque no sonaba porque aún no lo habíamos conectado.

—¿Estás preparado para tu recital?

—¿Recital? —me alarmé, y Tom se echó a reír.

— It’s a joke.

Tú haz lo que sepas.

—Pero, si no sé la canción, ¿cómo voy a saber lo que tengo que tocar? —reflexioné, asustado.

— You’re right. Look, let’s do this

. Nos escuchas cantar and… if you feel like playing something, just go for it, ok?

—sugirió.

—Mucho pides tú, pero vale. Haré lo que pueda.

—¡Genial! You’re the best, Mateo. Right, where the hell have Iwan and Vanessa got to?

Y casi como si los hubiera invocado, aparecieron los dos en la entrada del salón de actos, cada uno con una bolsa de plástico en la mano.

Las provisiones habían llegado. Vaciaron todo en el escenario: Coca-Colas, dónuts, batidos de chocolate, patatas fritas y seis bocadillos de pollo con beicon, lechuga y tomate a medio envolver en papel de aluminio.

— What do you wanna play today?

—preguntó Iwan mientras daba un mordisco tan grande a su bocadillo que se llevaba medio trozo del envoltorio, el cual escupió justo después—. Djo

***

—¿Quién?

— Haven’t you heard Djo?

¿Has visto Stranger Things

? —me preguntó Tom.

—Sí. Bueno, las primeras temporadas, ¿por?

—Uno de los actores de la serie. Joe Keery —me explicó. Yo no tenía ni idea de quién era—. Remember

, Mateo. If you feel it, just jump in.

—Claro. —Como si fuera fácil, ¿sabes? ¿Y yo qué idea iba a tener?

Tom se colocó el micrófono a su altura, mientras los demás iban posicionándose. Vanessa se sentó en un taburete tras la batería, Roy enchufó su guitarra eléctrica (y, de paso, mi teclado, aunque de mala gana), Iwan probó las cuerdas de su guitarra y Antonia empezó a calentar la voz.

— Ready? —

preguntó Vanessa, y empezó con su batería. Un golpe, dos golpes, tres. Ritmo de percusión y, en solo un par de segundos, había conseguido que mi pie se moviera al son de los acordes.

Tom carraspeó, agarró el micrófono con la mano derecha y cerró los ojos.

—

« Just one more tear to cry…

» .

Wow. ¿Y esa voz? No se parecía en nada a cómo hablaba.

La rasgaba un poco al cantar. Sentía la canción de verdad.

Tenía un toque maduro, como de cantante ya experimentado.

Cuando me dijo que cantaban, nunca pensé que fuera a ser así.

Y cuando lo escuché hacerlo en el coche con Debbie, no había usado esa voz.

Para nada. Ahí fue cuando empecé a notar presión.

¿Cómo iba a competir contra esa forma de…

? Sonó una guitarra detrás de mí. Un par de acordes.

Era Roy. Me miraba, desafiante. Iwan rasgaba el bajo como acompañamiento y, entre todos, creaban algo único, casi místico.

—«And when I’m back in Chicago, I feel it…

» —

Ese último « I feel it»

lo cantó también Antonia, con una voz preciosa. Joder, estaba ante un grupo de verdad.

Tom siguió cantando y nuestras miradas se cruzaron.

El muy cabrón me sonreía como queriéndome decir «sorpresa, sé cantar».

Entonces, mi mano se movió y presionó una tecla del teclado.

Sonaba casi como si fuera un sintetizador, como esa música de los ochenta que le gustaba a mi padre.

Sin embargo, curiosamente, pegó con el resto de la canción. Eso me hizo

sentir bien, me hizo sentir parte del grupo. Así que toqué tres teclas seguidas y conseguí la atención de Antonia, que también me sonrió. ¿Estaba tocando de verdad? ¿O me estaban mirando para que dejara de estropearles el ensayo?

No estaba seguro de ninguna de las dos opciones, pero me sentía bien, y su manera de cantar me empujaba a seguir intentándolo. Así que, durante el resto de la canción, fui interviniendo de forma un poco desperdigada. Pero funcionaba. ¡Vaya si funcionaba!

— I wave goodbye to the end of beginning…

—susurró Tom y, con un último riff de guitarra de Roy, Vanessa se encargó de cerrar la canción. En cuanto terminamos, el silencio se adueñó del salón de actos durante unos segundos.

—Eso ha sido una pasada… —Rompí el silencio, pensando en alto.

—Cool, eh?

—añadió Iwan, asintiendo.

—¿Te gusta nuestro grupo entonces? —preguntó Tom, acercándose a mí, confiado.

—Nunca había tocado con nadie. Solo con mi profesora en las clases de piano. Esto… esto es otro rollo.

— It is, indeed.

—Se colocó frente a mí—. Buen trabajo con el teclado. Pero no tengas tanto miedo a equivocarte. Aquí no hay errores, Mateo. Solo primeros intentos, ¿vale?

—Claro que hay errores —intervino Roy mientras afinaba un poco más su guitarra—. No sabe cuándo tocar. He’s got no timing.

—No seas así, Roy. It was decent

—intercedió Vanessa, poniéndose de mi parte.

—¿Bien? For a first-timer… it was actually really good

. Muy bien, Mateo —añadió Antonia, con una sonrisa de oreja a oreja. Iwan, por su parte, seguía en su mundo, totalmente concentrado en las cuerdas de su bajo.

—¿Y tenéis canciones vuestras? —pregunté, curioso.

—Sí, claro. Tenemos unos cuantos temas —confesó Tom, mirando a Vanessa—. ¿Queréis… queréis probar… «Butterfly»? —Pero Roy negó con la cabeza—. Ok. Then… I told ya

? Piensa que aún no está terminada —me aclaró.

—Vale, vale. Seguro que es chulísima.

—A ver… sí, es chiulísima

—estalló en carcajadas, como siempre—. ¿Nos das tu viridicto

? ¿ Viridicto

? ¿Se dice así?

—Veredicto.

—Ve… veredicto.

—Exacto —asentí.

—Genial. —Alargó la mano, acariciando la mía, que aún seguía sobre el teclado. Fue hacerlo y ponerme tan nervioso que presioné todas las teclas y salió un sonido que nos hizo dar un respingo a todos.

—¡Perdón! My-my fault

—tartamudeé, nervioso.

Tom miró su mano, luego la mía y, por último, me miró a mí. Yo la aparté, incómodo, vergonzoso, pero Tom no pareció molestarse. Simplemente me sonrió y se dio la vuelta, dispuesto a hablar con el resto del grupo para seguir tocando.

Roy pasó a mi lado y pude notar de nuevo esa mirada juzgona clavándose en mi frente, pero pasé de darle el gusto de devolvérsela.

Me concentré en mi teclado mientras él se acercaba a su grupo de amigos y empezaban a hablar entre ellos casi como si yo no estuviera allí.

Tras ese extraño momento de Tom tocándome la mano, el ensayo cambió por completo.

Tocaron un poco de su nueva canción y luego estuvieron haciendo covers

de Taylor Swift, Ed Sheeran y The Beatles mientras yo me sentaba en el suelo sin participar. Fue extraño.

Una hora después, habíamos terminado.

Pero Tom parecía haber cambiado.