El mundo entre nosotros Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Yo soy Iwan —me saludó el chico que quedaba, el que parecía que acababa de levantarse de la cama. Eso sí, ni de lejos tenía las ojeras que tenía yo. Las mías eran de serie. Las suyas parecían el resultado de una mala noche, ni más ni menos.

—Encantado. —Le estreché la mano.

—Presentaciones hechas —sentenció Tom—. ¿Estáis en la cola?

—Sí, pero hoy está full —

se lamentó Vanessa.

—¿Habéis hablado con Rose?

—No está. Está Harry —respondió Antonia, y a Tom le cambió la expresión—. Harry’s the owner.

Es el dueño de la cafetería. He can’t stand us.

No le caemos bien —tradujo rápidamente. Por lo que podía notar, todos tenían ganas de poner en práctica su español conmigo.

—¿Y eso?

— He hates people

—intervino Roy, enigmático y misterioso—. No le cae bien nadie.

—Ah, vale, vale.

—Rose es una camarera que siempre nos guarda la mejor mesa. Hoy nos toca esperar —siguió explicándome Antonia—. ¿De dónde eres, Mateo?

—De Madrid.

— Oh, Madrid! Cool.

That’s the capital, innit?

—

Sí, es la capital —asentí. Pero no podía dejar de mirar a Roy. Sentía cómo me estaba estudiando desde que me había visto.

— Fancy —

sonrió—. Nos ha dicho Tom que llegaste el viernes y que ayer fuiste al parque con él —continuó Antonia. Quería ser lo más simpática posible conmigo. Hacerme sentir cómodo.

—Sí, sí. Es un pueblo precioso —me apresuré a decir. No quería caer mal, así que me esforzaba en ser lo más educado y respetuoso posible.

—No tenemos tiempo para esperar tanto en esta cola, Tom. El partido empieza en… twenty minutes!

—exclamó Vanessa, mirando el reloj de su móvil.

— Ok. Uhm,

we can do… Plan Echo?

—sugirió Tom.

— Plan Echo?

¿Un plan eco? —pregunté.

— We’ve done that already. Last week

—recordó Roy, que, aunque parecía estar ausente, estaba pendiente de nuestra conversación.

— Plan Delta then?

—añadió Iwan.

—¿Otra vez yo? —protestó Antonia.

—Eres la mejor de todos —le dijo Vanessa, y se ruborizó.

—Lo cierto es que sí soy la mejor de todos. Vale, I need a few seconds

. —Abrió los brazos como para que nos apartáramos.

—¿Qué está pasando? —le pregunté a Tom.

—Vamos a conseguir desayuno gratis —me explicó.

—¿Cómo…?

No pude terminar la frase. Antonia exhaló un enorme suspiro y se llevó la mano a la frente. Entonces se cayó hacia atrás y fue sujetada por Iwan y Vanessa.

— Oh…, my head…, my head… —

se lamentó mientras la ayudaban a tumbarse con cuidado en el suelo.

— We need help! Help!

—chilló Vanessa, y los dos señores que había delante de nosotros en la cola se giraron para ver qué estaba pasando.

Al ver a una chica en el suelo, casi inconsciente, y suspirando constantemente, se armó un enorme revuelo en la cafetería.

Varias personas de la cola se acercaron para ver qué tal se encontraba Antonia y una de ellas concluyó que había sido una bajada de azúcar.

— It’s not the first time… It’s the heat… We’ve been queuing for ages!…

—explicaba Tom a todos los que se acercaban. Una señora le ofreció un vaso de agua a Antonia, que lo bebió a duras penas. La verdad es que era una gran actriz. Hasta yo me creí que estaba realmente mal.

— Mummy, is that you?

—susurró Antonia, alargando la mano hacia Tom, como si estuviera teniendo una alucinación y, al momento, tembló un poco y dejó caer la cabeza, cerrando los ojos y sacando la lengua.

— Oh no, she’s hallucinating! She thinks I’m her mum! —

exclamó Tom, preocupado.

— She’s gone… —

añadió Roy.

— Antonia? Antonia?! —

gritó Vanessa, preocupada.

—Y ahora, sucede la magia —me susurró Tom.

Fue decirlo y un grupo de chicas se levantó de su mesa, ofreciéndonos su sitio.

No solo eso, sino que uno de los camareros nos trajo una bandeja con un par de gofres y varios bollos recién hechos.

Entre ellos, unos que parecían como una especie de nudo de masa, con un glaseado por encima de color blanquecino.

Entre Vanessa e Iwan levantaron a Antonia y la llevaron a la mesa que nos habían dejado, mientras los demás nos íbamos sentando junto a ella.

Roy, que había desaparecido tras decir su frase estrella, volvió al rato con varias tazas en una bandeja.

En el caos había aprovechado para ponerse el primero en la fila y pedir.

—You don’t actually think this is on the house, do you?

—dijo una voz áspera y profunda. Un hombre con delantal y cara de pocos amigos se había acercado a nuestra mesa mientras Iwan y Vanessa seguían improvisando, abanicando continuamente a Antonia.

Pero, claro, como lo dijo en alto, los clientes de alrededor empezaron a poner malas caras por habernos dicho eso.

¿Cómo podía ser tan insensible de no invitar a unos críos cuando uno de ellos se había desmayado justo en la puerta de su cafetería?

Gruñó, nos fulminó con la mirada y finalmente aceptó de mala gana invitarnos a desayunar.

Luego volvió dentro para seguir atendiendo al resto de los clientes.

—Eso ha sido increíble.

—Gracias —sonrió Antonia, que tuvo que cambiar al momento de expresión cuando se acercó una mujer para asegurarse de que estaba bien.

—Prueba los gofres antes de que los devore Iwan.

Están riquísimos —me sugirió Tom a la vez que me acariciaba un poco la pierna con cariño.

Se me puso la piel de gallina al notar su contacto.

Pensé en hacer lo mismo yo, acariciarlo también, pero justo pillé a Roy mirándome, frunciendo el ceño y atravesándome con la mirada, así que disimulé y descarté la idea por completo.

—¿Y eso qué es? —dije, señalando un pastel extraño que tenía un montón de azúcar glaseado por encima.

— Oh! It’s a

Northwood knot.

Los hacen todo el mes de abril. Es un… bun

típico de aquí. Están riquísimos. Debbie los hace muy bien.

—¿De qué son? —Tenía curiosidad por saber bien lo que era.

—Hmm, sabe como un dónut. Pero también como a gofre. I’m not sure.

Están muy ricos. It’s my favourite bun.

— Let´s hurry! —

insistió Vanessa, y se metió de golpe en la boca una galleta de chocolate.

Tom cogió uno de los gofres y, partiéndolo por la mitad, me acercó el plato para que lo probara.

Tenía un sirope rojo por encima que olía a frutos rojos.

Cogí un tenedor, lo probé y la verdad es que me supo delicioso.

Estaba caliente y crujiente por las esquinas, con el azúcar de su interior medio caramelizado.

Tenían razón. Esos gofres estaban buenísimos.

—Bueno, ¿eh? —remarcó Tom a la vez que cogía otro trozo y se lo metía en la boca.

—Buenísimo.

— Told you —

sonrió con la más amplia de las sonrisas, y alargó el brazo para coger uno de esos Northwood knots

, del cual

se zampó la mitad de un mordisco—. Antonia, you’re the best!

¿Cómo lo dices en español? ¿Eres la mejor?

—Uh. Supongo. O también podrías decir… Antonia, cada día te superas más.

— Oh, I like that

—sonrió Antonia guiñándome el ojo—. Welcome to Northwood, Mateo.