Capítulo 8 #4
—Sí, sí. No me lo invento. Soy cáncer. El treinta de junio es mi cumpleaños. ¿Tú?
—Escorpio. —Elevó su mentón, orgulloso.
—Ni idea, pero parece que mola. —Tom asintió, haciéndose el interesante.
— You didn’t think I was gonna guess it, did you? —
me preguntó, esperando que le felicitara un poco más.
—No, la verdad. ¿Y qué tal se lleva un cáncer con un escorpio? —lo interrogué mientras continuábamos nuestro paseo por el parque, en dirección al lago.
—Muy bien —constató—. Según la astrología… a perfect match —
dijo con una amplia sonrisa, mostrando todos los dientes.
— A perfect match… —
repetí en un susurro. ¿Por qué solo el hecho de pensar en ello hacía que se me pusiera la piel de gallina? Tom tenía algo que me atraía. Lo reconozco. Ya ni siquiera por ser guapo, sino por su forma de ser. Por cómo era conmigo. Tan abierto y directo.
Estuvimos andando unos diez minutos más y el sol continuó escondiéndose. Era sorprendente lo rápido que se había nublado.
—Bienvenido al lago más famoso de todo Northwood —anunció con toda la ceremonia de la que fue capaz, abriendo mucho los brazos, tratando de abarcarlo todo cuando llegamos a nuestro destino—. También es el único lago —admitió con una tímida sonrisa.
Delante de nosotros había un enorme lago de aguas oscuras, rodeado de hierba alta y con varios bancos de madera alrededor que invitaban a sentarse y descansar mirando las vistas.
Había varios patos nadando en su interior o andando alrededor, además de un enorme árbol con un tronco gigantesco en pleno centro del lago, en un islote.
El olor a humedad era más intenso que en otras zonas del parque y la explanada que rodeaba allago lo hacía todo más impresionante.
De hecho, hasta llegué a sentir que la temperatura había bajado un par de grados según nos habíamos ido acercando.
Quizá había sido el lago, o tal vez el cielo.
—Es increíble —fue lo único que pude decir—. Da miedo, ¿eh?
—Un poco, sí. Sobre todo porque ahora no hay sol. En verano es mucho mejor. Incluso la gente se baña.
—¿Y los turlips
? —recordé.
—No hay que tenerles miedo en verano. Solo salen cuando llueve. Remember.
—Es verdad, es verdad.
—¿Nos acercamos un poco más? —Echó a andar hacia la orilla, hacia una bandada de patos que parecían buscar comida entre la hierba.
—Claro, sí. Pero parece que va a llover, ¿no? ¿No deberíamos volver?
—Pues nos mojamos. Pero tranquilo. No va a llover —afirmó mirando hacia el cielo.
Primero vi la superficie del agua moverse, y luego empezaron a caer gotas en mi cabeza, en mi frente, en mi nariz.
Fue decir que no iba a llover y pareció como si el cielo quisiera llevarle la contraria a Tom.
Las gotas, además, no eran de una lluvia normal, sino de esas que anticipan una tormenta. Porque eran grandes y estaban heladas.
— Fuck!
—gruñó—. ¡Hay que correr!
—¿Correr?
—Cuando llueve así… después de unas pocas gotas, llega la tormenta. ¡Y nos va a pillar!
—¿Tormenta? —Pero no pude decir nada más, porque el cielo se abrió, literalmente, y descargó todo lo que había acumulado en las nubes con una fuerza desmesurada.
Un trueno retumbó casi en nuestras cabezas.
Teníamos la tormenta encima y daba igual lo rápido que corriéramos, porque ya estábamos empapados de pies a cabeza.
— Faster, Mateo!
—bramó Tom, porque era muy difícil escuchar algo entre el ruido de la lluvia, que caía sobre nosotros como si fueran balas.
—¡¡¡Voy!!! —grité lo más alto que pude. Sería imposible describir lo mucho que nos mojamos durante esa tormenta.
Conseguimos resguardarnos bajo unos árboles enormes que tapaban el camino por el que habíamos llegado al lago.
Y, aunque no era buena idea ocultarse bajo árboles en medio de una tormenta así, no nos quedaba otra opción.
—Wow.
— Wow
—respondí, con el pelo empapado y con gotas cayendo por mi frente, metiéndose en mis ojos—. Dios…, parece que nos hemos metido en el lago con la ropa. Y eso que se supone que no iba a llover.
— Sorry.
Me falló la intuition
.
—Ya. —Agité los brazos, tratando de quitarme un poco de agua de encima—. Mierda, el móvil.
—¡Es verdad! —Metió su mano en el bolsillo y sacó su teléfono al momento—. Sigue seco. But it won’t last. Uhm…
En vez de guardarlo de nuevo en el bolsillo, se sacó la camiseta por fuera del pantalón y metió la mano por dentro, por la cintura, tratando de esconder el móvil entre sus calzoncillos.
—¿Qué haces?
—Ahí no se moja. Seguro —sonrió bobaliconamente.
—¿Te acabas de guardar el móvil en los calzoncillos?
—Sí —asintió—. Y tú deberías hacer lo mismo.
—Creo que en el bolsillo está bien.
—Como quieras —se encogió de hombros, sin insistirme mucho más—. As you wish.
—¿Y ahora qué hacemos? —le pregunté.
—Esperar a que pare. Aquí al menos no nos mojamos.
—Mientras no caigan rayos… —murmuré, y Tom pareció asustarse de verdad.
—Oh, shit.
Mi pierna es como un pararrayos portátil. ¡Nos caerán todos! ¡Te he traído a una trampa mortal! —exclamó, aterrado.
—¡¿Qué dices?!
— Ha, ha, ha! Just kidding
. Es broma. La probabilidad de que nos caiga un rayo es de una entre un millón, y mi pierna no lo hace más probable —me explicó con tono académico.
—Vale, vale. Eso me deja más tranquilo y…
Pero no pude terminar la frase, porque una cascada de agua me cayó sobre la cabeza al romperse una de las ramas del árbol que nos protegía.
—¡Me cago en la puta! —protesté, porque no solo me cayó agua, sino hojas y lo que creo que eran los restos de un nido.
Esa fue nuestra señal para irnos de allí.
Primero nos alejamos corriendo, aunque estábamos tan calados que los dos llegamos a la misma conclusión: para qué correr si ya era imposible escapar, así que salimos del parque andando, cabizbajos y completamente empapados.
Tuvimos queparar un par de veces, porque su móvil no dejaba de salirse por el final del pantalón y tenía que cogerlo antes de que se cayera en algún charco.
Al final, su solución no había sido tan buena como creía.
Por suerte, junto a una de las salidas del parque había una casita toda hecha de madera que parecía ser un local. Tenía un letrero en el que se podía leer Captain Rock
, y, justo debajo del nombre, había un pez sonriente dibujado, con el lema
Best Fish&Chips
.
Nos colamos bajo el techo del porche porque el restaurante aún estaba cerrado, pero al menos nos dio un pequeño descanso del diluvio que caía sobre el pueblo.
Ni siquiera hablamos. Nos limitamos a mirar la lluvia caer, hipnotizados.
Menuda primera mañana en Northwood. Esa fue mi manera de descubrir que el tiempo en Inglaterra podía sorprenderte en cualquier momento.
Pero no solo la lluvia podía ser imprevisible, también Tom.
Algo en él era diferente, y estaba empezando a darme cuenta de ello.