Capítulo 8 #3
Seguí su mirada hacia mi derecha y vi cómo una chica de pelo naranja, porque ese color era naranja, venía hacia nosotros.
Llevaba una mochila colgada sobre uno de los hombros, un uniforme negro y rojo que terminaba en una falda muy corta y unas gafas de sol a medio poner que no dejaba de colocarse con el dedo. ¿Quién era esa chica?
Cuando llegó a nosotros, se quedó mirándome de arriba abajo, como si yo fuera un animal exótico que no hubiera visto
en su vida. Me miró tanto que me resultó hasta incómodo, y tuve que romper yo el momento de silencio.
— Hello, I’m Mateo.
—Me limpié la mano en el pantalón y se la ofrecí.
—Oh, that’s cute
—fue su respuesta—. He’s way fitter than the picture you showed me, Tom… —
dijo, dándole un codazo amistoso a Tom, que se puso rojo al instante. No sabía qué quería decir con fitter,
solo conocía la palabra fit
. ¿Se refería a que estaba más cachas que en la foto? Nada más pensarlo, me sonrojé también.
— Well, she’s Vanessa —
intervino Tom, poniendo los ojos en blanco—. Es amiga del colegio.
—Hola, soy Vanessa —repitió con un acento bastante marcado—. Encantada de conocerte, Mareo.
—Mateo —corregí.
—Ma… reo.
—Mateo —recalqué.
— That’s what I said! Mareo, no? —
Entonces, por su sonrisa, entendí que me estaba vacilando. Pero ya me había ganado un mote—. What are you guys up to?
—
Le estoy enseñando el parque. Y luego pienso darle una vuelta por el lago, comer fish&chips
…
—Ah, nice
. I like that. But beware of the lake.
— Beware?
¿Eh? —pregunté.
—Puedes hablar español con él, Vanessa —intervino Tom.
— Beware is like… Watch out? Be careful?
—¿Careful? —señalé, y Tom asintió—. ¿Por qué? Yo sé nadar —me defendí, orgulloso.
—Por las voces de los turlips. —
Cambió su tono de voz a uno más siniestro.
— Oh, here we go… —
dijo Tom entre dientes, y decidió sentarse en el suelo, como derrotado por la situación.
— Shut up, Tom. Word is
que, en este parque, hay criaturas buenas, pero también criaturas malas. Y los turlips
son las más malas de todas. The most evil of them all.
Era sorprendente lo bien que hablaba español. Casi tan bien como Tom. Y más si lo comparábamos con mi inglés, que era una auténtica vergüenza.
— They live in the lake
. Y salen cuando llueve. You can see their eyes…
en la superficie. Unos ojos de color rojo. —Cada vez hablaba más bajo, casi en susurros, tratando de crear un poco de ambiente—. Si tienes la mala suerte de estar junto al lago cuando empieza a llover… you must be extremely careful.
Porque sus ojos te atraparán, te hipnotizarán y te harán hacer cosas. Things you don’t want to do
. Tomarán control de tu cuerpo. Algunos tenemos una mente fuerte —y se dio golpes en la cabeza con el dedo índice— y conseguimos luchar. But if you don’t have a strong mind… you end up at the bottom of the lake.
Y cuando estás dentro del lago, no puedes escapar. Los turlips
no te dejarán. Ever.
—¿Y si no los miras? —pregunté, bastante interesado en la historia.
—Tienen… another trick?
—Miró a Tom.
—Truco —tradujo él al instante.
—Tienen otro truco —repitió Vanessa—. Su canto…
—¿Su canto? Es decir, ¿se ponen a cantar? —me reí. Pero la mirada intensa de Vanessa me cortó la risa de golpe.
—Suena algo así… Mmm, mmm, mmm —empezó a tararear. Hasta que reconocí la canción.
—¿Cantan «Defying Gravity»? —me burlé.
— It’s nothing like «Defying Gravity»!
—replicó ofendida—. ¡Es la canción de los turlips
!
—Déjala, le encanta contar este tipo de historias —intervino Tom mientras se levantaba de nuevo de la hierba—. See you tomorrow, yeah?
— Fine
. But beware of the turlips!
—Volvió a poner una voz tenebrosa para darnos miedo mientras se alejaba hacia la salida del parque, sin dejar de mirarme con los ojos completamente abiertos, y haciendo aspavientos con las manos.
Hasta que se chocó con un señor que caminaba con su bastón.
Este empezó a gritarle y Vanessa echó a correr sin mirar atrás.
—Esa es Vanessa. Está bastante loca —expuso Tom, encogiéndose de hombros.
—Es muy graciosa. ¿Lo de los turlips
se lo ha inventado ella?
—No, no. Es una leyenda real del pueblo —asintió con convicción.
—Habrá que tener cuidado.
—Para nada. Hoy no va a llover, así que podemos ir al lago. ¿Vamos?
—Si piensas que no es peligroso…
—Sabes kárate, ¿no? Es el punto débil de los turlips
—sonrió.
Echamos a andar hacia el lago, que estaba en el centro del parque, y, conforme nos íbamos acercando, el sol fue escondiéndose poco a poco tras unas nubes cada vez más grises.
El olor a lluvia nos embriagaba, aunque parecía que iba a aguantar sin caer ni una gota.
Mejor, porque no íbamos preparados para mojarnos.
—¿Tenéis parques así en Madrid? —me preguntó, curioso.
—Sí. No tan grandes, pero sí. Tenemos el parque del Retiro.
—El Retiro —repitió.
—De pequeño iba mucho con mis padres. El primer recuerdo que tengo es de una señora que me dijo que me podía leer el futuro en la mano…
Mi madre no se lo creía, pero mi padre le dio un billete de cinco euros y me acompañó mientras…
Nada, menudo aburrimiento de historia te estoy contando —me interrumpí a mí mismo.
—¡No! Quiero saber. ¿Te dijo tu futuro?
—Supongo. Ya no me acuerdo de tanto, la verdad —admití—. Tampoco es que crea mucho en esas cosas, como en el horóscopo.
—¿Cuál es tu signo? ¡No! Espera, no me lo digas, que voy a adivinarlo —dijo, cerrando los ojos y llevándose la mano a la frente, como si estuviera haciendo uso de sus poderes telepáticos.
—¿Cómo vas a adivinarlo?
—Es un superpoder que tengo. Pero solo puedo hacerlo si contestas con total honestidad, ¿ok? ¿Honestidad? Total honesty. —
Se llevó la mano al corazón.
—Ok —respondí, curioso, y lo imité, poniendo la mano sobre mi pecho—. Aunque yo habría dicho «sinceridad», pero «honestidad» supongo que está bien, sí.
—Sinceridad —repitió—. Okay.
Creo que sabré decirlo todo en español… Let me see… —
dijo, como dándose tiempo para pensar—. ¿Prefieres stability…
o aventura?
— Stability
supongo que es «estabilidad», ¿no? —Tom asintió, como si hubiera recordado la palabra de golpe—. Pues… estabilidad, estabilidad —afirmé.
— Are you sure? I mean, you’re here. This is an adventure. Northwood’s a proper adventure, mate.
—Pero porque no me quedaba otra. Necesitaba aire. Pero, realmente, me gusta estar tranquilo —me expliqué.
—Ok, ok. ¿Escuchas más a tu cabeza o a tu corazón?
—Corazón —contesté sin pensar. Y era verdad, a pesar de que a veces pensaba las cosas demasiado.
— Oh, same here. We’re the same, then.
—No sabría decir por qué, pero saber que los dos nos parecíamos en ese sentido me reconfortó—. ¿Actuar y luego pensar o pensar antes de actuar? No, wait. I know this one.
Actuar.
—Pensar —repliqué, negando con la cabeza.
— Total honesty.
Si escuchas a tu corazón, actúas y luego piensas.
—No tiene por qué.
— Uhm, ok, ok. But I really think you…
actúas y luego piensas.
—Tú eres el experto.
— Yes, I am —
sonrió —. Allright… This one’s going to be tricky. Ready?
—
Sí. Digo… Yes —
asentí. Entonces, Tom se acercó y, sin dejar de tocarse la frente, puso su mano libre en la mía, con tres de sus dedos en el centro.
—¿Estás más cómodo en grupos de personas o solo con una…, solo con una persona?
—Una. Odio los grupos de gente —admití.
—¿No tienes grupo de amigos en Madrid? —quiso saber.
—No. Bueno, sí. Pero solo son dos. Es decir, somos tres. Suficiente. ¿Tú?
—No estamos hablando de mí —sonrió, juguetón—. Ok, ok. Let me think.
¿Te cuesta cambiar de rutina? —Aunque disimulaba, realmente parecía haberse aprendido todas las preguntas de memoria. Como si llevara planeando este juego desde que se enteró de que viviría en su casa. O eso o su español era increíble. Que lo era.
—No me gusta cambiar de rutina, así que supongo que sí.
Tom cerró los ojos y empezó a apretar mi cabeza con más fuerza.
—Esto es difícil.
—Es que es imposible que lo adivines así.
— You’re right. So…
Necesito saber más. Me has dicho que te guías por tu corazón, right? —
Asentí y dejó de apretar mi cabeza para poner la mano directamente en mi pecho—. ¿Te guardas mucho lo que sientes?
—Eh…, sí. —Que me tocara tan directamente me estaba poniendo más nervioso de la cuenta. Si no recordaba mal, nunca
me había tocadoun chico. No así, al menos. Y recordé cuando habíamos estado tumbados uno encima del otro en la hierba, con su respiración sobre mí.
— Don’t. If you want to say something…, just say it.
—
¿Ves? Pienso las cosas demasiado y no las digo.
—Eso no sirve conmigo —me reprendió, y me dejó un poco sorprendido—. You have to be honest with me.
—I… I will… be?
¿Lo seré? Lo soy, lo soy —respondí, nervioso.
Tom asintió, complacido, y siguió su particular interrogatorio.
— Are you
sensitivo o duro?
—¿Sensitivo? Ah, ¿sensible? —Tom asintió de nuevo—. Pues sensible, sensible.
— You seem like it.
¿Eres… organizado o… like…
más relajado? —Su tono de voz cada vez era más cercano a un susurro.
—Organizado.
— Oh, I like that. You need to…
Si quieres vivir en mi casa . —
Sonrió—. Ya vamos a terminar. ¿Tienes pocas personas muy cercanas? ¿O tienes un grupo de amigos muy grande? No, wait. I already know that one.
Pocas personas.
—Sí, pocas —confirmé.
—¿Te cuesta soltar el pasado? —Ahí abrió un ojo, mirándome disimuladamente.
—Me cuesta, la verdad.
—¿Mucho? —insistió.
—Depende, no sé. ¿A ti?
— Too much —
admitió—. You’re a tough nut to crack.
—What?
—
Eres difícil de leer —tradujo—. Ok. Last question, I promise.
¿Te gusta tener el control? ¿O te adaptas fácilmente?
—Pues suelo ser bastante fan del control. Lo admito. Aunque depende de…
— I can tell —
me interrumpió—. So… I think… that you are… I’m not sure… You are… you are a Cancer, aren’t you?
—¡Sí! ¡Soy cáncer! Joder, ¿cómo lo has sabido?
— Magic.
—Abrió los ojos de nuevo y dejó de apretarme el pecho, separando su mano de mi corazón y mirándome, orgulloso—. ¿En serio he acertado?