El mundo entre nosotros Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Abrió la puerta y entramos en el cuarto.

Era pequeño, con una cama individual pegada a la pared.

Sobre ella, un par de baldas repletas de libros y algunos muñecos de porcelana brillantes y algo perturbadores.

Frente a la puerta estaba la ventana, cubierta con unas cortinas blancas de encaje y, debajo, había un escritorio con una lámpara de mesa de color negro, un calendario de cubos de madera y una planta que parecía artificial.

En el otro lado de la habitación había un armario, con una de las puertas entreabierta.

Del techo colgaba un ventilador con una cadena marrón, y en el suelo había una alfombra de rayas azules, blancas y grises, algo despeluchada.

Todo olía a una mezcla de habitación cerrada, humedad y ambientador de frutos rojos.

—Bienvenido a tu templo, Mateo —dijo Tom con ceremonia.

—Gracias. Es chulísima —afirmé mientras entraba y daba vueltas sobre mí mismo, tratando de verlo todo y no perder detalle. Sobre la cama había un pijama de rayas doblado y dos toallas de un color naranja apagado, además de un par de chocolatinas y un pequeño bote transparente—. ¿Esto es para mí?

— That was Debbie

—dijo, quitándole importancia—. Esa chocolatina está de muerte. Tiene miel por dentro. Miel crujiente.

—¿Y este botecito? —pregunté, examinándolo de cerca.

—Puede ser uno de sus experimentos. Le encanta crear champús y cosas así. Es peluquera, ¿sabes? Mi pelo siempre me lo corta ella. She’s the best hairdresser in London

—sonó orgulloso. Tanto que hasta me emocionó que hablara así de su madre.

—Anda, no lo sabía. Es que no sabía nada de vosotros hasta hace una hora —confesé.

—Oh, it’s true

. Ibas a estar con otra familia, ¿verdad?

—Sí. Pero hubo un cambio de planes a última hora. O eso me dijo Angie. Cualquiera se fía de ella. Menudo personaje —reí, y recordé cómo había sido mi viaje en coche con ella. Se me ponían los pelos de punta solo de pensarlo.

—Avisaron a mi madre esta mañana. Estábamos apuntados en la lista de intercambios del colegio, pero éramos… like… like a backup family.

—

Una familia sustituta…

—Sí. Eso. Así que estábamos preparados. Por si acaso. Y llegaste tú —sentenció, mirándome con una sonrisa dibujada en el rostro.

—Y llegué yo, sí.

Nos quedamos los dos un rato en silencio, mirándonos sin saber muy bien qué decir. Nos acabábamos de conocer y yo aún no acababa de pillar del todo a Tom. Seguramente él tampoco a mí.

—¿Subimos tus cosas? Y ya te instalas y te duchas. O lo que quieras. Whatever you want.

—Vale. Claro.

—Hoy es viernes. Mi madre sale de casa con sus amigas. —Entornó los ojos, como si no le gustara mucho que su madre tuviera planes—. Emma estará en cuarto. En su cuarto —se corrigió rápidamente—. Nos toca quedarnos en casa para cuidarla. ¿Qué te apetece hacer?

—¿A mí? No sé. ¿Qué sueles hacer tú un viernes por la noche? —le pregunté. ¿Cómo iba a saber yo qué plan hacer allí si acababa de llegar?—. ¿Qué hacéis en Northwood un viernes por la noche?

— Watford. I mean,

ahí hay de todo para hacer. Aunque yo siempre me quedo en casa los viernes viendo alguna película con Emma…, cuando quiere salir de su cuarto, claro.

—Claro —repetí, no sé muy bien por qué—. ¿Qué tipo de pelis te gustan? —añadí, para evitar otro silencio incómodo.

—Ah, no. Este viernes le toca elegir a Emma. La última que eligió fue Frozen

—se lamentó.

—¿No te gustó? —A mí tampoco me entusiasmaba esa película.

—La que me gusta es la dos. Tiene mejores canciones. « I can hear you but I won’t

» —

cantó, como tratando de poner la voz de uno de los personajes de la película—. « Some look for trouble while others…

» —

me miró, esperando que continuara la letra. Pero yo no me la sabía— don’t?

—No he visto Frozen 2

—admití.

—Si se entera Emma, va a querer ponerla. Te aviso —sonrió—. Well,

Mateo… Luarte —lo remarcó, para dejar claro que él sí sabía pronunciarlo—. Vamos a por tus cosas, y así puedes instalarte por fin y yo te dejo en paz. Sorry, I can be a pain in the arse

. Eso dice siempre Debbie.

—Para nada, para nada.

Salimos de mi cuarto y bajamos a la planta principal a por mis mochilas, bolsas y maleta.

Lo dejamos todo sobre la cama y me enseñó el baño, que era justo la puerta frente a la mía.

Era pequeño y tenía una ventana enana que estaba abierta.

En vez de tener bañera como la de mi casa de Madrid, era un plato de ducha con una mampara de cristal semiopaco hecha en paneles. Uno de ellos a medio colocar.

—No es muy grande, pero está bien. El agua caliente tarda en salir. Ah, y cuando te vayas a duchar, entra siempre por la derecha, porque la otra parte de la puerta se cae. Y tira fuerte de… eh… When you flush the toilet. You know what I mean, don’t you?

—

Sí, sí. —No sé si fue su forma de decirlo, pero me dio muchísima vergüenza. Claro que sabía a lo que se refería, pero, joder, no iba a decirlo en alto. ¡Qué corte!

—Me voy a mi cuarto. Te dejo ducharte. Yo voy a ponerme ropa más cómoda. Cuando estés listo, ven al salón. Te esperamos para película. ¡La película! Para la película —remarcó.

—Vale.

—Si quieres. Si no, puedes quedarte en tu cuarto. Whatever you want. Really —

Haciendo un pequeño gesto con la cabeza, se fue hacia su habitación, que estaba al principio del pasillo, junto a las escaleras.

Me miré en el espejo, me coloqué un poco el pelo y salí del baño, de vuelta a mi dormitorio. Me daba una pereza terrible deshacer la maleta, pero en algún momento tendría que hacerlo.

No iba a ser ese.

Cogí la toalla, algo de ropa de una de mis mochilas y regresé al baño, dispuesto a ducharme y ponerme cómodo para ver una película con Tom y su hermana.

Todos parecían muy educados y dispuestos a que yo estuviera cómodo y pudiera pasarlo bien.

Lo único a lo que tenía pavor era a tener que ir al colegio el lunes.

Porque ahí sí que iba a tener que hablar inglés, además de entender algo en las clases, que eso era otro tema y…

tratar de hacer algún amigo más aparte de Tom, con lo mal que se me había dado siempre.

Abrí el grifo y me quité la ropa. Me miré la espalda y, pese a los nervios del vuelo y del viaje, no estaba tan roja como de costumbre.

Solo me picaba un poco por la zona de los costados.

Fui a entrar en la ducha, pero, obviamente, se me olvidó lo que me había dicho de la puerta y, al intentar entrar, la mampara que estaba suelta se cayó contra mí y tuve que ser rápido para que no golpeara al suelo y se rompiera. La escena era bastante cómica,

la verdad, conmigo desnudo, sujetando parte de la ducha, y sin saber muy bien qué hacer o cómo colocarla.

—Vale, vale, vale —me calmé a mí mismo—. ¿Y ahora qué coño hago? Vamos a ver si así… —Traté de moverme, pero el agua seguía saliendo, yo estaba desnudo y el vapor condensándose lo hacía todo más resbaladizo. Mierda.

Iba… Iba a tener que pedir ayuda.

—Tom… —susurré. Claramente no me escuchó. Era imposible escuchar­me a ese volumen. ¿Y si estaba en el salón ya? No iba a poder oírme. Tendría que gritar un poco más—. ¿Tom? —Nada. Silencio. No escuchaba nada al otro de la puerta. Venga. Un poco más alto—. ¡TOM!

Vale. Quizá ahí me pasé. Pero surtió efecto, porque, a los pocos segundos, alguien estaba llamando a la puerta del baño.

— Mateo? Are you alright? —

preguntó Tom al otro lado de la puerta.

—He tenido un pequeño problema con la ducha…

—¿Qué problema? —quiso saber.

—Se me ha caído un trozo encima. Literalmente.

Tom reaccionó al instante y abrió la puerta, pero yo la cerré instintivamente con mi pierna de una patada.

—¡Estoy desnudo! —grité, poniéndome rojo de vergüenza.

— So what?

—respondió, como si le diera igual lo que le acababa de decir.

—Pues eso, que…, que estoy desnudo. Naked.

— I know what «desnudo» means —

replicó, como queriendo decir que no hacía falta que se lo tradujera—. Ok. Hmm… Cierro los ojos y te ayudo mientras te pones una toalla.

—Vale —susurré.

—Voy a entrar —me avisó, y abrió la puerta lentamente. No podía girarme a comprobar si estaba cerrando los ojos o no, así que tendría que fiarme. Sus manos rozaron las mías y sujetaron

la mampara mientras yo alcanzaba la toalla y me la anudaba a la cintura.

—Ya puedes abrir los ojos —le avisé, al tiempo que volvía a hacer fuerza para sujetar la mampara de la ducha.

Entre los dos conseguimos levantarla y me fue indicando cómo colocarla de nuevo.

Eso sí, yo siempre vigilando para que no me mirara las marcas de la espalda o mi tripa. Mejor que no me mirara mucho.

— Ok. Got it. Be careful next time —

me avisó. Asentí y salió del baño—. Te esperamos en el salón.

—Tardo muy poco. —Pero él ya había cerrado la puerta.