Capítulo 8La jardinera de repuesto #2
—Entonces el último lugar confirmado donde Rufino estaba vivo es La Hoja Serena.
—Sí.
—Con Sabina.
Aranda eligió las palabras.
—Sabina admite que habló con él allí.
—Y dice que después se fue andando.
—Sí.
—Pero nadie lo ve.
—No.
Pilar miró las fotografías.
—Y después aparece muerto debajo de nuestro balcón.
Nora se cruzó de brazos.
—Con una jardinera que nunca estuvo arriba.
Clara la miró.
—¿Cómo sabes eso?
—Valleverde.
Aranda frunció el ceño.
Nora sonrió.
—También tengo una fuente en el café.
Pilar levantó una mano.
—No soy yo.
Nadie le había preguntado.
A las cuatro, Clara tenía sobre una mesa todo lo que sabía.
No pruebas físicas.
No bolsas.
No documentos policiales.
Solo hojas.
Fotografías públicas.
El plano de la ruta.
Las notas de Ramiro.
Una servilleta con una plataforma dibujada.
Pilar la miró.
—Esto sí empieza a parecer un mural de sospechosos.
—No hay mural.
—Hay papeles.
—Eso no es lo mismo.
Ramiro se sentó al otro lado.
—Deberíamos separar por categorías.
Clara lo miró.
—Por una vez, sí.
Pilar puso cara de dolor.
—Estoy rodeada.
Clara cogió una hoja.
Escribió:
CONCURSO.
Debajo:
Rufino cobraba asesorías.
Recomendaba materiales.
Ganadores repetían paquetes de La Hoja Serena.
Saúl había denunciado favoritismo.
Nora investigaba.
Teodoro había pagado.
Rebeca había sido perjudicada.
Después tomó otra hoja.
MUERTE.
Rufino fue visto vivo llegando a La Hoja Serena después de Saúl.
No había imagen confirmada de su salida.
La lesión era compatible con una pieza metálica del arco.
Una de las bases había sido limpiada y reinstalada.
Polvo blanco y polen lo situaban de forma compatible en el patio.
Luego una tercera hoja.
TRANSPORTE.
Furgoneta de La Hoja Serena autorizada a circular antes del amanecer.
Fotografiada cerca del Portal 7 a las 05:18.
Plataforma baja.
Rueda que chirriaba.
Una rueda lavada.
Fragmento de esmalte azul verdoso bajo el eje.
Pelos compatibles con Migas en la manta.
Migas había regresado con polvo y polen del vivero.
Finalmente, la cuarta.
ESCENA.
Tierra seca.
Jardinera rota sin marca.
Jardinera auténtica con fisura encontrada en La Hoja Serena.
Hueco preparado sobre la entrada.
Discusión pública entre Rufino y Ramiro.
Clara dejó el bolígrafo.
Pilar leyó.
—Cuando lo pones así parece obvio.
—No.
—Clara.
—Parece ordenado.
—Eso es casi lo mismo.
—No.
Ramiro señaló la primera hoja.
—El fraude del concurso explica por qué Rufino fue al vivero.
Clara asintió.
—Probablemente.
—Y por qué Sabina podía tener motivo.
—Sí.
Pilar señaló la segunda.
—La pieza del arco explica cómo murió.
—Puede explicarlo.
La tercera.
—La furgoneta y el carro explican cómo llegó aquí.
—Sí.
La cuarta.
—Y la jardinera explica por qué eligieron nuestro edificio.
Clara se quedó quieta.
Esa era la parte que todavía no había formulado del todo.
—No exactamente.
Pilar la miró.
—¿Qué?
Clara cogió la cuarta hoja.
—La jardinera explica cómo.
—¿Y qué explica por qué?
Nadie respondió.
Clara se levantó.
Fue hasta la ventana.
Miró la fachada.
El Portal 7 no tenía nada especial para Sabina.
No había una disputa antigua.
No había relación personal.
Nada que hiciera lógico transportar un cadáver hasta allí por capricho.
Pero aquella noche sí había algo.
Una discusión.
Pública.
Ruidosa.
Recordada por todos.
Rufino amenazando con descalificar la fachada.
Ramiro enfrentándose a él.
Sabina presente.
Y una jardinera ya retirada.
Clara se volvió.
—Ramiro.
—¿Qué?
—Si Rufino hubiera aparecido muerto en cualquier otra calle, ¿qué habría pensado la gente de ti?
Ramiro frunció el ceño.
—Nada.
—Exacto.
Pilar comprendió.
—Pero debajo del Portal...
Clara asintió.
—Todo el mundo había visto la discusión.
Ramiro se quedó inmóvil.
—Me eligieron.
—No a ti —dijo Clara.
—¿Entonces?
—El Portal 7.
Volvió a la mesa.
—La escena necesitaba un lugar donde una jardinera rota contara una historia antes de que nadie hiciera preguntas.
Pilar señaló la fachada.
—Aquí faltaba una.
—Sí.
—Porque Sabina ya la había retirado.
—Sí.
Ramiro miró sus registros.
—Y Rufino había cuestionado precisamente esa posición.
Clara sintió cómo la construcción se completaba.
—Eso es.
Sabina no había tenido que inventar una explicación desde cero.
Rufino la había construido públicamente horas antes.
Una jardinera insegura.
Un vecino enfadado.
Una posible descalificación.
Y después un hombre muerto debajo del mismo lugar.
—Podía parecer un accidente —dijo Pilar.
—O una discusión que acabó peor —añadió Ramiro.
Clara asintió.
Si la lesión hubiera parecido causada por la caída, accidente.
Si no, Ramiro ya estaba colocado al lado de Rufino como adversario público.
La escena funcionaba en dos direcciones.
Eso la hacía mejor.
Y más fría.
—Pero había que romper una jardinera —dijo Ramiro.
—Una de repuesto.
—Seca.
—Sí.
—Y retirar la verdadera.
Clara miró la fotografía del recipiente encontrado.
—Eso ya estaba hecho.
El silencio que siguió fue distinto a los anteriores.
No había sorpresa.
Había reconocimiento.
Por primera vez, toda la escena del Portal 7 tenía una razón.
Aranda volvió a las siete.
Clara le enseñó las cuatro hojas.
El inspector las leyó sin comentar.
Después volvió al principio.
—No me gusta «fraude».
—Puedes cambiarlo por «posible manipulación del concurso».
—Gracias.
Pilar murmuró:
—Mucho más bonito.
Aranda continuó.
—La parte del transporte está bien planteada como hipótesis.
—¿Solo hipótesis?
—Hasta que la evidencia cierre el recorrido, sí.
Clara señaló la escena.
—¿Y esto?
Aranda leyó otra vez.
—La elección del Portal 7 tiene sentido.
Ramiro se movió ligeramente.
Aranda lo miró.
—Eso no significa que usted fuera elegido personalmente como cabeza de turco.