CAPITULO 20 #2
—¿Y el alfil? ¿Qué tiene que ver con el padre Fernando?
—En inglés al alfil se le llama ‘bishop’ que se traduce como obispo. Y el padre Fernando es una especie de obispo ¿no?
—Siguiendo esa teoría la siguiente pieza será una torre. Enrique Torres —dijo Rubén que ahora sí había entendido el por qué de esos folios sobre la mesa.
—El asesino está siguiendo una secuencia. En ese caso solo quedan dos muertes más y recibiremos dos nuevas piezas: la reina y el rey.
—Con un poco de suerte solo quedan dos asesinatos.
—Si a eso se le puede llamar suerte. Sería mejor que diéramos con el asesino antes de que dé el siguiente paso.
Un rato después llegó a comisaría Emma, que también había sido citada para hablar con ella y que también, como Maribel, había renunciado a acudir a su cita de pilates.
A Cristina le resultó muy violenta esa situación, pero su tía la tranquilizó haciéndole saber que era su trabajo y que si ella había estado con la víctima era normal que la quisieran interrogar.
La versión de Emma era la misma que la de las otras dos mujeres.
También tenía la sensación de que Enrique Torres no se había recuperado de la pérdida de su mujer y que el club de lectura se había convertido en su máxima diversión.
—El jueves salí a hacer unas compras por el barrio y luego comí en casa. A mi hora, me marché al club de lectura, y cuando acabó volví directa a casa.
Emma estaba despidiéndose de su sobrina cuando le sonó el móvil. Era Charo que, al enterarse de que las tres mujeres habían sido citadas en la comisaría les estaba proponiendo ir a comer juntas.
—Creo que quiere contarnos su maravilloso fin de semana con su marido —dijo Emma con una sonrisa mientras se marchaba de la comisaría.
—Desde luego tu tía es un encanto —dijo Rubén una vez se Emma se hubo marchado del lugar—. Hay que ver cómo ha entendido que le hayamos llamado para interrogarla. No debe ser fácil para ella ni para ti.
Pero antes de que la inspectora pudiera contestar, apareció el comisario Bohigues con un paquete en la mano que, a esas alturas, ya les resultaba familiar.
—Cristina. Acaba de llegar este paquete para ti —dijo el comisario con el semblante serio y con una clara preocupación.
Tras cerrar la puerta tras de sí, el comisario le acercó el paquete a Cristina que ya había localizado los guantes de látex y procedía a abrirlo con las precauciones habituales.
—La vigilancia en el buzón no ha servido para nada —dijo Rubén decepcionado—. Tendremos que ver desde dónde se ha enviado este paquete.
El silencio reinó en la sala hasta que Cristina abrió el paquete mostrando una nueva pieza de ajedrez y una nota de papel.
La pieza de ajedrez era, como se imaginaban, una torre negra.
La nota de papel decía:
«Cuarto movimiento: Enrique Torres. Solo quedan dos»
—¡Tenías razón! ¡Es una torre! Además, el asesino acaba de confirmar que solo quedan dos —dijo Rubén entusiasmado.
—¿De qué estáis hablando? —preguntó el comisario.
Le pusieron al corriente de la secuencia que habían encontrado en los asesinatos, aunque realmente no les aportaba nada de información.
Sabían que probablemente solo quedaban dos asesinatos, pero no sabían quiénes podían ser las víctimas y tampoco sabían quién podía ser el asesino.
La euforia inicial por conocer la secuencia de las piezas de ajedrez había dado paso a la impotencia por no saber cómo continuar.
Parecía que daban un paso adelante y dos pasos atrás.
Entonces Cristina se levantó de un salto dirigiéndose al cristal con toda la información y fijando sus ojos en una fotografía.
¿Cómo no lo había pensado antes? Arrancó esa foto de la pared y la lanzó contra la mesa donde estaban el comisario y Rubén.
—Es posible que ella sea la siguiente víctima —sentenció.
Sobre la mesa estaba la fotografía de la mujer que estaba en la barra del bar de un hotel con Enrique Lleó. Era María Reina, su amante. No podía ser una casualidad. El apellido de la mujer coincidía con la siguiente pieza de ajedrez que, con toda probabilidad, iban a recibir.
—No podemos estar absolutamente seguros. Habrá cientos de personas con ese apellido. Pero no podemos vigilarlas a todas. A esta al menos la podemos proteger —dijo Cristina sintiendo el corazón acelerado.
Por primera vez durante toda la investigación tenía la sensación de ir un paso por delante del asesino.
Tenía un presentimiento. Todas las víctimas estaban relacionadas, aunque fuera de manera indirecta.
Podía ser lógico pensar que la siguiente también lo iba a estar. Y María Reina era su mejor candidata.
—Creo que puedes tener razón Cristina. Voy a fiarme de tu instinto. Vamos a solicitar vigilancia para María Reina, hay que evitar otro asesinato a toda costa. También voy a solicitar vigilancia para nuestros cuatro sospechosos.
—¿Cuatro? —preguntó Rubén.
—Charo Marzal, Enrique Lleó, Maribel Guillem y …
—Emma Miquel —dijo Cristina terminando la frase del comisario y sintiéndose completamente abatida.
No podía creer que su tía fuera sospechosa de un asesinato. O de cuatro. Pero las pruebas eran igual de frágiles tanto para el resto de los sospechosos como para ella. Sabía que su tía era incapaz de hacer algo así, pero no podía oponerse a que la vigilaran.
—Sé que ante un juez no podrían considerarse ni como sospechosos, no tenemos pruebas sólidas contra ninguno de ellos. Pero no tenemos otros indicios. Llegados a este punto creo que sería mejor que te retiraras de la investigación inspectora.
—¡Ni hablar! Tú mismo lo has dicho. Casi no pueden considerarse ni sospechosos. Te aseguro que sabré estar a la altura. Esto no me va a afectar en el trabajo, te lo aseguro.
Cuando llegó el antiguo cliente con el que había comido Enrique el martes anterior a su muerte, le realizaron las preguntas oportunas, sin dar ningún tipo de luz sobre el asesinato. Al finalizar la comida cada uno se marchó y no volvieron a verse ni a hablar por teléfono.
El comisario, antes de emitir las órdenes para todas las vigilancias quiso repasar todo el caso una vez más. Iban a solicitar tener vigilados también los teléfonos móviles y escuchar las conversaciones, lo que requería al menos estar seguros de hacerlo bien.
Vicente Lleó podía tener motivos para matar a Luciana Barranco.
De hecho, parecía la única víctima a la que habían matado por algún motivo real.
No conocía Alberto Cascos y apenas conocía al padre Fernando, pero su mujer sí tenía mucha relación con él.
También era amigo de Enrique Torres, que parecía tener muy buena sintonía con su mujer, quizás demasiada.
Todos coincidían en que Vicente parecía ya no estar enamorado de su mujer y que probablemente seguía con ella para mantener su nivel de vida y su tranquilidad económica.
En el matrimonio, Charo era la dueña de la fortuna.
Charo Marzal conocía a tres de las víctimas. A Alberto Cascos lo conoció el mismo día de su muerte. Pero a la única que parecía tener motivos para asesinar sería a la primera, en el hipotético caso de que estuviera enterada del chantaje al que sometía a su marido.
Maribel Guillem era la única de las sospechosas que conocía a todas las víctimas.
Pero a la vez les costaba encontrar un motivo para matar a cualquiera de ellos.
Las imágenes de las cámaras de seguridad no dejaban lugar a dudas; ella era la única que había llevado comida al padre Fernando, aunque era imposible determinar si esa comida era la que contenía el veneno.
Y por último tenían a Emma Miquel, relacionada directamente solo con Enrique Torres, con el que no tenía más relación que compañeros de un club de lectura. Con las otras víctimas solo tenía relación indirectamente.
Tras analizar fríamente todos los hechos, se dieron cuenta que a ninguno de ellos se les podía considerar sospechosos, todo era demasiado vago, demasiado impreciso.
Pero no tenían más opciones y tanto la prensa como los superiores estaban encima de este caso.
No sabían si estaban ante uno de los asesinos más inteligentes al que se habían enfrentado, o si estaban completamente equivocados e iban completamente desencaminados.
Quizás el asesino fuera alguien a quien ni siquiera estaban considerando, pero ante la falta de otras pruebas o sospechosos continuaron adelante con las vigilancias.
—Adelante. Voy a tramitar las órdenes ahora mismo —dijo el comisario.