El movimiento perfecto CAPITULO 11
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CAPITULO 11

Emma estaba en su casa leyendo la novela que les habían encargado en su club de lectura.

Era domingo y pensaba pasar toda la mañana leyendo para avanzar lo suficiente para su clase del martes.

De pronto sonó el teléfono. Era Maribel, profundamente disgustada.

Estaba nerviosa y necesitaba hablar con ella, así que quedaron en la cafetería donde Emma desayunaba todas las mañanas.

—¿Qué ocurre Maribel? ¿Me has dejado preocupada? —preguntó Emma nada más ver llegar a su amiga.

—Emma, no permitas que vuelva a comportarme como una estúpida adolescente —dijo recordando lo ilusionada que se había mostrado el viernes ante la próxima cita con Alberto.

—¿Pero, qué ha ocurrido? ¿No fue bien la cena de anoche con Alberto? —preguntó observando que el tono de su amiga parecía más de enfado que de tristeza.

—¿Qué si la cena fue bien? ¡Me dio plantón! ¡Alberto no acudió a la cita! —exclamó verdaderamente enfadada.

—Qué extraño. Yo diría que él también estaba ilusionado por quedar de nuevo —dijo Emma—. ¿Le has llamado?

—Varias veces. Anoche lo llamé desde el restaurante donde habíamos quedado. Tras una hora esperando lo llamé, dos veces más. Pero no me contestó. Esta mañana lo he vuelto a llamar y tampoco ha contestado.

—¿Has probado a mandarle un WhatsApp? —preguntó Emma.

—Sí, por supuesto. Varios WhatsApp y tampoco me ha contestado. No pienso volver a llamarlo. Si no es un hombre para hablar conmigo y decirme que no está interesado en mí, allá él.

—Seguro que hay alguna explicación —dijo Emma tratando de calmar a su amiga.

Pero nada parecía calmarla y durante la siguiente hora estuvo hablando de Alberto Cascos, de su primer marido y de los hombres en general, sin escuchar los intentos de Emma de hacerla entrar en razón, ni atender a otros puntos de vista.