El movimiento perfecto CAPITULO 7
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CAPITULO 7

Cortó las flores al atardecer, cuando el veneno circulaba con más fuerza por los tallos.

En su cocina, lavó las raíces con cuidado y las introdujo en un recipiente para poder machacarlas con mayor facilidad.

Añadió unas gotas de alcohol para facilitar la extracción.

El líquido que salía de las raíces al ejercer presión sobre ellas era claro, no desprendía ningún tipo de olor y tenía una apariencia inocua, pero sabía que no era así.

Lo que tenía bajo sus ojos era extremadamente tóxico y debía manipularlo con el mayor cuidado posible.

Sabía bien lo que hacía, no necesitaba más que unas pocas gotas para acabar con la vida de cualquier persona, pero extrajo mucha más cantidad que depositó en un pequeño recipiente que tenía preparado.

El extracto de aquella planta, la aconitina, no dejaba marcas, no tenía antídoto eficaz y sus síntomas eran vagos y solían confundirse con un dolor estomacal, hasta que el corazón se detenía completamente provocando la muerte de quien lo había ingerido.

Solo un análisis de sangre era capaz de detectar la presencia de veneno en el organismo.