CAPITULO 2
Maribel estaba en la cocina preparándose un café, lo que le llevaba un buen rato.
Era muy cafetera y el primer café de la mañana era un ritual.
Compraba el café en grano en una tiendecita en el mercado de Ruzafa y lo molía ella, intentando moler la cantidad exacta para que no le sobrase mucho.
Perdía el sabor. Tenía una cafetera casi profesional que hacía un café que ya quisieran muchos bares y restaurantes.
Lo tomaba solo, sin azúcar y paladeando cada pequeño sorbo para notar todo su sabor.
Después del café matutino ya estaba lista para afrontar el día.
Maribel estaba divorciada. Se casó joven y el matrimonio no funcionó.
Por suerte no habían tenido hijos y la ruptura fue civilizada y nada traumática.
Licenciada en matemáticas había sido profesora hasta que se jubiló el curso anterior.
Se había adaptado bien. Le encantaba la cocina y ahora que tenía tiempo se apuntaba a todos los cursos que podía.
Al que asistía ahora era de repostería y lo estaba disfrutando, consiguiendo los elogios tanto de los compañeros como de la profesora tras probar lo que había cocinado al finalizar cada clase.
Alberto era uno de esos compañeros, solía sentarse junto a ella y la había invitado a cenar al día siguiente.
Ella no quería nada serio con nadie, pero Alberto era agradable y solo era una cena.
Se sentó en la mesa de la cocina que estaba pegada a la ventana que daba a la calle Matías Perelló, aprovechando los rayos de sol que entraban por ella. ¡El día prometía ser espléndido!
Estaba escuchando las noticias en su vieja radio analógica que tenía sobre el microondas, cuando oyó al locutor:
«Ampliamos la información sobre el cuerpo descubierto esta madrugada en el barrio de Ruzafa.
Sobre las cuatro de la mañana, operarios municipales de limpieza han descubierto, cerca del mercado de Ruzafa, el cadáver de una mujer.
La víctima, que presentaba signos de violencia, ha sido identificada como Luciana Barranco, de nacionalidad colombiana, de 52 años de edad y que residía en Valencia desde hacía más de diez años.
Al parecer habría sido atacada a primeras horas de la noche, al poco tiempo de salir del domicilio donde trabajaba como empleada doméstica en una vivienda de la calle Luis Santángel, muy próxima al lugar donde su cuerpo fue encontrado».
Maribel dio un respingo al escuchar la noticia. ¡Ella conocía a la víctima! Al menos conocía a una colombiana llamada Luciana. Hace un tiempo trabajó para ella, pero en la actualidad trabajaba para unos amigos suyos que vivían en Luis Santángel. No podía ser coincidencia. ¡Debía ser ella!
«¡Tengo que llamar a Charo a ver si es verdad!» pensó mientras buscaba su teléfono con la mirada por la cocina.
Cogió el móvil y la llamó, pero no le contestaron, entonces decidió enviarle un mensaje de WhatsApp:
«Charo, me acabo de enterar. Si necesitas cualquier cosa me llamas»
No podía hacer nada más. Recordó que hoy comía con Emma. Seguro que también había oído la noticia y puesto que había sucedido en el barrio en que vivían ambas, no dudaba de que también querría hablar del tema.