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La reunión la pide ella y la pide con dos horas de antelación, y eso, a cuatro días de la entrega, es algo que en esta productora no ha hecho nadie.
Bajan todos.
Clara. Óscar. Marta Espallargas por videollamada desde un tren. El de posproducción. Y Nagore, de la plataforma, que se conecta porque le han dicho que baje y que se conecta con la cámara apagada.
Irene lo expone en dieciséis minutos.
Y lo expone bien.
Pone el correo de la Confederación con la hora de entrada, 06:41, y la tabla de caudales, y explica en cuarenta segundos qué es un desagüe de fondo y por qué el agua que sale por ahí en agosto está a diez grados.
Pone la transcripción de las dos llamadas con Ana Cebrián, con su nombre, su número de colegiada y la factura de las dos consultas pagadas por ella.
Explica la regla de un minuto, diez minutos y una hora. Explica el fallo natatorio. Explica por qué a los ocho minutos una persona no puede cerrar la mano.
Y luego pone el folio 341 en pantalla, entero, y lee la segunda frase en voz alta.
No se aprecian lesiones de defensa en nudillos ni en dorso de manos.
Y dice lo que hay que decir.
—El hombre que estuvo quince años en la cárcel por matar a Julia Nadal Soro se metió en el agua a sacarla y no pudo. Y eso está en el sumario desde 2009, firmado por un médico forense, y no lo ha leído nadie entero en diecisiete años. Yo tampoco.
En la sala no habla nadie durante seis segundos.
Y luego habla Marta Espallargas, desde un tren, con el ruido de un tren detrás.
—Irene, esto es extraordinario.
—¿Verdad que sí?
—Es extraordinario y te lo digo en serio, y creo que es la mejor pieza de investigación que ha salido de esta serie. —Una pausa—. Y ahora te voy a hacer una pregunta y no te va a gustar.
—Hazla.
—¿A quién exculpa eso?
Irene se queda con el mando en la mano.
—¿Cómo que a quién exculpa?
—A quién exculpa —repite Espallargas—. Literalmente. Dime el nombre de la persona a la que ese folio deja fuera.
—A Damián Fuertes.
—A Damián Fuertes, al que la serie declaró inocente en el episodio dos. El seis de noviembre. Con ese mismo folio, además, citado por ti.
—Sí.
—Vale. ¿Y a quién más?
Silencio.
—A nadie más —dice Espallargas—. Porque no acusa a nadie más. Porque un folio que dice que un hombre no peleó con nadie no dice quién sí.
Y entonces habla Clara.
Y lo hace despacio, y sin ninguna agresividad, y mirándola.
—Irene, ¿tú qué quieres que hagamos?
—Quiero que esto entre en el seis.
—¿Y qué cambia?
—Que cambia todo.
—No. —Clara se echa hacia delante—. Dime qué cambia en el episodio seis. En el corte. Dime el minuto.
—Clara…
—Que me lo digas. —Levanta las dos manos—. Y no es una trampa, te lo juro. Yo quiero que entre. A mí me parece de lo mejor que has hecho nunca y quiero que entre. Lo que te estoy preguntando es qué corrige.
Irene abre la boca.
—Corrige la lectura de la hoguera —dice.
—El episodio no dice nada de la hoguera.
—Corrige lo de la llamada.
—El episodio no dice nada de la llamada. Pone el listado en pantalla y ya está.
—Corrige la cazadora.
—El episodio pone el peritaje y las dos conclusiones. Y la segunda dice que no se puede identificar a nadie. La pusiste tú en el dos y está otra vez en el seis.
Y entonces Clara Sesé dice la frase, y la dice sin ninguna crueldad, que es lo que la hace insoportable.
—Enséñame el minuto del episodio seis en el que acusamos a Fernando Sardá Ibarra —dice— y lo quito ahora mismo.
Irene lo busca delante de ellos.
Lo hace porque hay que hacerlo, porque tiene el corte abierto en la pantalla del medio y porque no va a dar por buena una cosa sin comprobarla, ni siquiera cuando la comprobación va a ser contra ella.
Tarda cuatro minutos.
Bloque uno: el pueblo, las placas, la nota de Solania, el bar.
Bloque dos: las dos batidas.
Bloque tres: Bielsa, once minutos y veinte, sin cortar.
Bloque cuatro: la causa, el escrito de personación —con el nombre pixelado, por indicación de jurídico— y la funcionaria del juzgado.
Coda: cuarenta y un segundos y un rótulo con una fecha.
No hay ninguno.
Y entonces le ofrecen lo peor.
—Métela —dice Clara.
—¿Qué?
—Que la metas. —Da un golpecito en la mesa con el nudillo—. En el bloque tres, después de Bielsa, hay sitio. Son dos minutos y medio y te los doy. Lo escribes tú, lo montas tú y lo firmas tú, como lo del bloque del proceso que pediste ayer.
Nagore, con la cámara apagada, dice que a ella le parece bien y que además es coherente.
Espallargas dice que no ve ningún problema jurídico, que al revés.
Y Óscar dice cuatro palabras.
—El doce a las dos.
—Espera —dice Irene—. Espera un momento.
Y se lo dice a la sala entera, con la mano levantada.
—Vamos a decirlo bien, porque si no, no lo vamos a decir. —Se levanta—. Lo que yo os estoy trayendo hoy no es que falte un dato. Lo que os estoy trayendo es que a lo mejor no hubo nadie.
Nagore enciende la cámara.
—¿Cómo que no hubo nadie? —dice.
—Que a lo mejor no la mató nadie. —Irene señala la pantalla—. Que esa chica se cayó al agua un quince de agosto, y que el agua estaba a diez grados porque estaban desembalsando por el fondo, y que el hombre al que condenamos quince años se metió a sacarla y no pudo cerrar la mano.
En la sala no habla nadie.
—Y que llevamos cinco episodios contando una cosa que a lo mejor no ocurrió.
Y la que contesta es Sara Bugallo, desde el fondo, donde lleva toda la reunión callada con el portátil cerrado.
—Eso no lo puedes decir.
Irene se gira.
—¿Perdona?
—Que eso no lo puedes decir. —Sara no levanta la voz—. No es que no debas: es que no puedes. No tienes nada.
—Tengo un folio del forense.
—Tienes un folio que dice que él no peleó. No dice que ella se cayera.
—Tengo el caudal de la Confederación.
—Tienes que aquella semana desembalsaban. Eso no dice que ella estuviera en el agua.
—Tengo lo que me contó anoche.
—Tienes lo que te contó anoche —dice Sara Bugallo— un hombre, a solas, a las cuatro de la mañana, en una sala sin ventanas.
Y se queda mirándola.
—Eso, en esta serie, tú lo has llamado una versión.
Y ahí Irene no tiene nada que contestar, porque es exactamente lo que ella dijo hace catorce horas, con esas palabras, y porque la chica de veinticuatro años que se lo acaba de decir aprendió a hablar así viéndola trabajar.
Irene se queda en la sala cuando se van todos.
Nadie le ha prohibido nada.