El montaje 22
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El episodio tres se emite el veinte y el bloque que lo sostiene es la hoguera.

Irene lo armó en septiembre.

La mujer dice que a las seis y pico. El marido dice que a las seis y veinte.

La mujer dice que le pareció que había dos personas. El marido dice que una.

No hay locución encima. No hay música. No hay ni un solo rótulo que diga qué se estaba quemando ni por qué, porque no lo sabe nadie.

Son dos vecinos contando lo que vieron.

Eso es todo, y por eso funciona.

Amparo lo suelta el domingo, comiendo, mientras habla de otra cosa completamente distinta.

—Eso está en el mil ciento cuatro.

—¿El qué?

—Lo del fuego. El atestado ese donde declararon la Pilarín y el marido. —Se sirve—. Folio mil ciento cuatro.

Y sigue con lo que estaba diciendo, que es una cosa del seguro de la casa y de una gotera del cuarto de atrás.

Irene no le pregunta de dónde ha sacado el número.

No se lo pregunta porque lleva cuatro meses viendo a esa mujer manejar cuarenta mil folios con más soltura que su propio abogado.

Porque tiene una carpeta azul de gomas desde 2010 con las referencias escritas a mano.

Porque ha estado en ese juzgado más veces que la mitad de las funcionarias que trabajan allí.

Preguntarle a Amparo Soro cómo sabe un número de folio sería como preguntarle a Vero cómo sabe la hora del orto.

Lo que hace es pedirle el original a Escuín, porque jurídico exige originales y porque el bloque entra a pantalla en ocho días.

Llega el martes por la mañana.

FOLIO 1.104

DILIGENCIA DE INSPECCIÓN Y DE TOMA DE MANIFESTACIÓN Ardal, 4 de septiembre de 2009

Que constituidos los actuantes en el domicilio sito en calle Mayor n.º 3 de esta localidad, comparecen D.ª Pilar A. M., de 67 años, y su esposo D. Ángel B. S., de 71 años, quienes manifiestan lo siguiente:

Que en la mañana del pasado día 16 de agosto, entre las 06:00 y las 06:30 horas aproximadamente, y desde la ventana de la habitación posterior de su vivienda, observaron fuego de escasa altura en el patio trasero del inmueble contiguo, correspondiente al domicilio de la familia Sardá Ibarra.

Que la manifestante cree recordar la presencia de dos personas junto al fuego, sin poder precisar sus características ni su sexo por razón de la distancia y de la escasa luz existente a esa hora; que el manifestante afirma haber visto únicamente a una persona.

Que ambos coinciden en no haber percibido olor distinto al propio de la quema de restos vegetales.

Que preguntados por si tal circunstancia les resultó llamativa o extraña, manifiestan que no, y ello por cuanto en esta localidad es costumbre tradicional el encendido de hogueras en la madrugada del día 16 de agosto con motivo de la festividad de San Roque, práctica documentada al menos desde el año 1971 según información facilitada por la Secretaría del Ayuntamiento, que aporta relación de los cinco puntos autorizados para dicho año —entre los que figura el patio del inmueble de referencia— y en la que constan once vecinos participantes.

Y no teniendo más que manifestar, se da por terminada la presente, que firman en prueba de conformidad, en unión de los actuantes.

Irene lo lee dos veces.

Después se levanta, va a la máquina del pasillo, se saca un café que no se va a beber y vuelve y lo lee una tercera vez, de pie.

El párrafo tercero no dice que la Pilarín y su marido mientan, porque no mienten.

No dice que no hubiera fuego, porque lo hubo.

No dice que no hubiera dos personas o una, porque eso sigue siendo tan indeterminado hoy como lo era hace diecisiete años y lo va a seguir siendo siempre.

Lo que dice el párrafo tercero es que en Ardal se encienden hogueras la madrugada del dieciséis desde 1971, que en 2009 hubo cinco autorizadas y once vecinos, y que una de las cinco era esa.

Irene abre el corte.

El bloque empieza en 00:26:14 y acaba en 00:30:25. Antes va el bloque de la llamada de la 01:55, que dura dos minutos justos y que es puro documento. Después arranca la entrevista con Escuín sobre el archivo de la causa.

Coge un papel y mide.

Para que entre el párrafo tercero hacen falta cuatro cosas, y las apunta en una lista porque las listas no mienten.

Una. Una locución que explique qué es San Roque, porque en Madrid, en Sevilla y en Bilbao no lo sabe nadie.

Dos. Un rótulo con la fecha de la ordenanza, porque si no lo pones parece que te lo has inventado.

Tres. Un recurso encima, porque no se pueden tener treinta segundos de locución sobre dos ancianos callados y no hay imágenes de una hoguera de 2009 en ningún archivo del mundo, así que habría que rodar una este agosto o poner un plano de recurso genérico.

Cuatro. Un reencuadre del final del bloque. Porque si metes el contexto detrás del testimonio, el testimonio deja de ser un testimonio y se convierte en la introducción del contexto. Cambia de función. Y una cosa que cambia de función hay que volver a montarla entera.

Cuarenta segundos.

Cuarenta y tres con la respiración de entrada.

Cuarenta segundos de ayuntamiento y de ordenanza municipal en el minuto veintiocho de un episodio de cincuenta.

Irene se sienta y hace lo que hace siempre, que es preguntarle al corte y no a su cabeza.

Pone el bloque. Cuenta los cuarenta segundos imaginarios con el dedo encima de la mesa, en el sitio exacto donde irían, y lo ve.

Se cae.

Se cae el bloque entero. En el minuto veintiocho, después de cuatro minutos en los que dos personas de ochenta y tantos años han funcionado exactamente porque estaban solas en la pantalla y sin nadie explicándolas, entra un funcionario contando una tradición de 1971, y el espectador se levanta a por agua.

Y el que se levanta a por agua en el veintiocho no vuelve al episodio. Vuelve a la televisión.

Y hay algo más, y es lo que decide.

El bloque no afirma nada .

No hay una sola frase, ni en locución, ni en rótulo, ni en boca de nadie, que diga que ese fuego tuviera la menor relación con la desaparición de Julia Nadal Soro. No la hay porque nadie lo sabe y porque Irene no la iba a poner.

El bloque es dos vecinos contando que vieron fuego. Y eso es lo que vieron.

No se desmiente lo que no se afirma.

Tarda once minutos en decidirlo.

Es una decisión de duración, no de verdad, y las decisiones de duración se toman así.

Sara Bugallo entra a las siete con dos carpetas.

—El bloque de la expropiación está entregado. Y te he dejado en el servidor lo del folio mil ciento cuatro, por si querías el original entero.

—Ya lo tengo. Me lo mandó Escuín el martes.

—Ah, vale. —Se queda en la puerta—. ¿Y va?

—¿El qué?

—La parte de San Roque.

Irene levanta la vista de la pantalla.

—No.

—Vale.

Sara no dice nada más y no se mueve de la puerta, y ahí Irene hace lo que no tenía por qué hacer. Y se lo explica bien, porque es verdad y porque es su oficio.

—Son cuarenta segundos en el minuto veintiocho —dice—. Con locución, rótulo y recurso. Y hay que remontar el final del bloque, porque si metes contexto después de un testimonio, el testimonio deja de ser un testimonio.

—Ya.

—Y el bloque no afirma nada, Sara. Ni una frase. Son dos vecinos contando que vieron fuego. No hay nada que desmentir porque no se afirma nada.

Sara Bugallo se queda un momento con las carpetas contra el pecho.

—Vale —dice.

Y se va.

Y en el pasillo, a los cuatro pasos, se para y vuelve.

—Es que en el guion del cuatro —dice—, en el bloque de la llamada de la una cincuenta y cinco, sí que se dice.

—¿Se dice el qué?

—«En esa misma casa, cuatro horas después, alguien encendió un fuego.»

Irene se queda mirándola.

—Eso está en el cuatro —dice—. Y el cuatro no está montado.

—Ya lo sé. —Sara se ajusta las carpetas—. Te lo digo por eso.

Y ahora sí se va.

Irene deja el papel del folio 1.104 en la bandeja de la izquierda, que es la de lo comprobado, y lo apunta en el índice con su número y su fecha, como apunta todo:

1.104 — hoguera Casa Sardá, 16/08/09. Manifestación Pilar A. M. y Ángel B. S. Comprobado contra corte v4.

Y no escribe nada en la columna de la derecha.

Se va a su casa a las diez menos veinte.

No vuelve a pensar en el folio 1.104 hasta febrero.