Capítulo 23 #2
—¿Como tú? —Inclinó el cuello de forma insinuante; sabía que él no haría nada.
—¿Insistes en tentarme a pesar de todo, pequeña?
—No parece importarte. —Se encogió de hombros.
Sus ojos se deslizaron por el cuello de Reyna, luego se apartaron de inmediato.
Parecía más pálido de lo normal. Tal vez de verdad tenía hambre.
Nunca actuaba así; por lo regular, mantenía un control absoluto cerca de su cuello, pero ahora metía las manos en los bolsillos y evitaba mirarla mucho tiempo.
Por más que quisiera seguir provocándolo, decidió dejarlo en paz; discutir con él requería demasiada energía y hoy no iba a cambiar de opinión.
—Está bien, ¿dónde está ese lugar?
Mientras cruzaban el parque, Reyna mantuvo la cámara en mano y fue tomando fotos. Apuntó hacia Beckham y capturó una imagen de él mirando pensativo hacia el frente.
—Vaya, un reflejo. Y yo que pensaba que se necesitaba un alma para tener uno —bromeó. Ya había fotografiado vampiros antes, pero nunca tan de cerca ni a uno tan guapo como él.
—Todos esos rumores sobre los vampiros son bastante ridículos, ¿sabes? El reflejo, la luz del sol, las estacas...
—¿Qué? ¿Las estacas no funcionan? —exclamó, fingiendo sorpresa.
—Por favor. ¿De verdad crees que es tan fácil matarnos?
—¿Y tú crees que es fácil clavarle una estaca a alguien en el corazón?
—Demasiado fácil, diría yo —respondió con seriedad.
—Oh. Bueno, pues…
Llegaron a un pequeño restaurante dentro del parque y Beckham la condujo hacia el interior.
El lugar estaba abarrotado, con una fila de ejecutivos esperando mesa, pero, en cuanto Beckham entró, el personal los escoltó inmediatamente hasta una mesa vacía.
¿Acaso lo había planeado? ¿O simplemente lo conocían?
Una vez en su mesa, Reyna hojeó el menú.
Pidió un sándwich y una bebida, y luego se quedó sentada frente a Beckham, tamborileando impaciente con el pie.
Momentos como ese la frustraban profundamente.
Era tan fácil, tan natural estar con él, y, sin embargo, había tantas complicaciones en torno a su relación, profesional y de otro tipo.
Estaba intentando entender sus emociones cuando una voz la sacó de sus pensamientos.
—¿Les molesta si nos unimos? —preguntó Roland.
Se acercó directamente a su mesa acompañado de Cassandra, Sophie y Felix, como si ya supiera que estarían allí.
—Por supuesto. —Beckham parecía tenso—. No sabía que vendrían aquí a almorzar.
Cassandra pasó la mano por el cabello de Felix como si fuera un perro faldero.
—Nos encanta este lugar, y pensamos aprovechar para comer algo temprano.
Los meseros empujaron rápidamente la mesa contigua para unirla a la suya y todo el grupo se sentó.
Reyna se irguió y permaneció muy quieta.
Podía estar molesta con Beckham, pero no pensaba dejar que los demás lo notaran, no confiaba en ninguno de ellos.
Sophie era puras apariencias, y era claro que Felix estaba embobado con Cassandra.
Reyna guardó silencio mientras Beckham hablaba de trabajo con sus colegas. Llevaba la mitad de su sándwich cuando la conversación, de pronto, se dirigió hacia ella.
—¿Emocionada por que llegue la noche del viernes? —preguntó Roland, mirándola fijamente.
—¿Eh? ¿Qué va a pasar ese día?
Roland la miró, luego a Beckham, y volvió a ella.
—Ya sabes, tu primera vez en la Bóveda.
Frunció el ceño.
—¿Qué es la Bóveda?
—Beckham, ¿ibas a sorprenderla con la fiesta? ¿Le arruiné la sorpresa? —insinuó, recostándose en su silla con una sonrisa burlona.
—No —respondió Beckham.
No dijo nada más, pero evitó mirarla.
—Entonces cuéntanos por qué le ocultas un secreto tan jugoso a tu hermosa mascota —insistió Roland—. Cassandra va a traer a Felix y yo llevaré a mi Sophie. Será un verdadero deleite.
—Tenía pensado llevar a Penny.
Reyna inhaló hondo. No tenía ni idea de qué era la Bóveda, pero no podía creer que él se lo hubiera ocultado. Si todos los demás iban, ¿no sería extraño que ella no estuviera allí? Sintió un nudo en el estómago. Y encima, Beckham iba a llevar a Penelope. Todo esto estaba mal.
Cassandra soltó una risa mientras pasaba un dedo por el cuello de Felix. El recuerdo de sus colmillos hundiéndose en él le provocó un escalofrío a Reyna.
—Las mascotas son mucho más divertidas, Beckham —intervino la vampira.
—Cassie tiene razón, Penelope puede quedarse en casa una noche. Sería la ocasión perfecta para que Reyna conozca nuestro mundo. Es su primera vez, después de todo, y no habrá otra oportunidad así en mucho tiempo. Quieres venir, ¿cierto? —preguntó Roland, dirigiéndose de nuevo a ella.
Reyna tragó saliva, pero respondió con honestidad:
—Sí.
—Ya está todo planeado —espetó Beckham con el ceño fruncido.
—Cambia los planes. La pequeña Reyna es tan joven e inocente. ¿No crees que será absolutamente delicioso ver su reacción?
—Delicioso —ronroneó Cassandra contra el cuello de Felix.
—Además, quiere ir.
—Sí quiero —confirmó, aunque no tenía idea de a qué estaba diciendo que sí.
—Ya veo —dijo Beckham, tenso—. Entonces tendré que cambiar mis planes para esa noche.
Le lanzó una mirada que claramente pudo interpretar como: « No sabes en lo que te estás metiendo».
Ella simplemente le devolvió una sonrisa traviesa.