El monstruo y su última presa Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Alguien tocó la puerta, y el médico entró con una carpeta en mano.

Era una mujer alta y delgada, de piel oscura, cabello negro recogido en una cola de caballo, y ojos apagados.

Como todos allí, no parecía considerar que sonreír formara parte de la atención al paciente, pero había algo distinto en ella.

Se trataba de un vampiro.

La palabra cruzó su mente y la hizo estremecerse. No tenía sentido, considerando dónde estaba, pero no podía evitarlo. Por más que hubiera decidido trabajar con ellos, les tenía un miedo profundamente arraigado.

—Cuatrocientos noventa y dos. Señorita Reyna Carpenter. Un metro sesenta y dos. Ojos cafés. Cabello castaño. Blanca. Sangre tipo O negativo. ¿Correcto?

—Correcto.

—Bien. Solo tengo que verificar que cumples con los parámetros.

Levantó la vista por encima de sus lentes negros de pasta.

—Dio negativo en embarazo. Eso es bueno.

Reyna exhaló, aliviada. No lo creía probable, pero era posible.

Cuando se inscribió en el programa de Visage, se había dado un tiempo con su novio, Steven.

El problema era que Steven era encantador como él solo.

Cada vez que lo dejaba, él encontraba la forma de hacerla caer una vez más.

Y lo habían hecho de nuevo hace un par de semanas, cuando la convenció de pasar por él al salir de su turno.

Dos semanas de romance relámpago y luego un gran «vete al diablo».

Steven la había hecho sentir barata, desechable, como el basurero en el que vivían. Cuando Visage le dio el visto bueno poco después, pensó que aquello tenía sentido.

De pronto, alguien empujó la puerta de nuevo.

—Disculpe, doctora Trainer, la necesitan en el pasillo este. Me asignaron a la número cuatrocientos noventa y dos.

—Por supuesto, doctor Washington —respondió ella—. Aquí está su expediente.

Se pasaron los documentos y la doctora se fue, dejándola sola con el nuevo médico.

Era alto y pálido, un poco más desaliñado que la doctora Trainer.

Pero lo que no tenía en pulcritud, lo compensaba con la seriedad de sus facciones: parecía excesivamente severo, y el estado descuidado de su atuendo no hacía más que reforzar la vibra de científico loco.

—Bienvenida, señorita Carpenter. Soy el doctor Roger Washington.

Le tendió una mano que Reyna miró con recelo. Nadie la había tratado como una persona desde que había entrado allí. ¿Qué era esto? ¿El juego del policía bueno y el policía malo?

—Hola —dijo en voz baja, y le estrechó la mano. Estaba tan helada que le dio escalofríos.

—Tras revisar su perfil, la hemos seleccionado como sujeto de prueba para un nuevo programa.

Su tipo de sangre, historial, complexión y constitución la convierten en una excelente candidata.

Yo soy el jefe del equipo y buscamos participantes interesadas.

Por supuesto, todo lo que hablemos aquí es completamente confidencial, ¿queda claro?

—Desde luego.

¿Un nuevo programa? ¿Información confidencial? No sabía qué significaba aquello, pero estaba dispuesta a escuchar. Si ellos la necesitaban tanto, tal vez podría conseguir más dinero.

—Desde hace un tiempo, Visage ha estado considerando un sistema de empleo más… eficiente para nuestros sujetos humanos —explicó el doctor.

—Eficiente, ¿en qué sentido?

El hombre sonrió, y a Reyna se le erizó la piel.

Los colmillos del doctor brillaron bajo la luz blanca.

La joven intentó tragar saliva, pero sentía la boca pastosa.

Sabía que era un vampiro. Sabía que ambos doctores lo eran.

Pero ahora… apenas ahora lo sentía real.

Ya no era un rostro en un cartel: un vampiro estaba allí, frente a ella, y podía tocarla.

Él notó su incomodidad y cerró la boca, recuperando una expresión neutral.

—Le queda claro, señorita Carpenter, que la empresa en la que desea trabajar es dirigida por vampiros, ¿cierto? Y que, si es seleccionada, vivirá con ellos.

—Sí, lo tengo claro —afirmó Reyna, recuperando algo de compostura.

—Bien. Como le decía: el sistema actual empareja a un sujeto con un patrocinador por un mes.

Luego, se le otorga una semana de descanso, y pasa al siguiente patrocinador compatible.

Usted es donante O negativo, por lo que la asignarían a un grupo de vampiros con su mismo tipo sanguíneo, en su región.

Después, el ciclo se repite indefinidamente.

Todo es monitoreado cuidadosamente por Visage para asegurar orden y seguridad.

Reyna ya había leído todo eso en el folleto.

Cuando un vampiro bebía sangre de cualquier humano, solo cubría sus necesidades más básicas y primarias.

Pero esa sangre genérica los contaminaba, los volvía perversos, letales y salvajes.

El nacimiento de Visage trajo consigo un nuevo horizonte tanto para los humanos como los vampiros: una solución para permitir la coexistencia.

Así nació el concepto de cura por tipo de sangre.

Los vampiros que bebían sangre de su mismo tipo, el que tenían antes de transformarse, funcionaban mejor a nivel cognitivo. Visage realizó un registro de todos los vampiros conocidos y comenzó a ofrecer dinero a los humanos dispuestos a convertirse en sus donadores.

—¿Y en qué difiere el nuevo sistema? —preguntó Reyna.

El doctor volvió a sonreír, y ella apretó en su puño el papel arrugado de la camilla.

—Ahora, el patrocinador solicita un tipo de sangre y un perfil específicos, y el sujeto se queda con él… de forma permanente.