El monedero del diablo (Bermejo y Roncero 7) Blanqueo de capitales #3
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Blanqueo de capitales #3

Pero ese no era su problema, al menos de momento.

Dejaría a Pablo investigando con su equipo, bastante tenía ella con desenmarañar y encontrar un hilo decente del que tirar en aquel marasmo de documentos inclasificables.

Aunque su instinto periodístico la avisara del desastre, oliendo que todo lo que se movía en esa Andalucía que no salía en los folletos de turismo tenía mucho que ver entre sí.

Demasiados puntos en común, detalles que no podían pasar desapercibidos por mucho que se intentaran obviar.

Ecos que se repetían sin cesar, casi sin querer, como manchas asimétricas en un traje por rematar su confección.

Bufetes que aparecían mencionados de forma tangencial en artículos antiguos y en documentos modernos o empresas vinculadas al sector inmobiliario en la Costa del Sol que habían cambiado de manos recientemente, la mayoría de las veces con inversores extranjeros. Pero eso no era todo.

Su olfato para los problemas habría colapsado entonces si se hubiera percatado de algo que no tenía visos de ser una casualidad, y eso que Miriam ignoraba todavía los pormenores del crimen de Mijas y no conocía en ese instante el tipo de causa que instruía el juez en el momento de su muerte.

Por eso no se alarmó al apuntar en su libreta una anotación que tal vez les afectara más adelante.

La periodista se había topado también con referencias veladas a operaciones con criptomonedas, utilizadas no tanto como inversión especulativa sino como herramienta de tránsito entre los que manejaban el dinero desde las sombras del poder.

Un submundo que le sonaba vagamente, pero del que desconocía los entresijos más importantes.

En ese momento le pareció un detalle menor, un apunte a pie de página en su libreta que no hizo saltar sus alarmas.

Tiempo tendría de darse cuenta de lo erróneo de su apreciación inicial.

No quiso regresar al cubículo que compartía con los becarios imberbes de la revista y decidió volver a casa para seguir trabajando un rato.

Se le ocurrió entonces abrir un documento nuevo en su procesador de textos, titulando el archivo con un nombre provisional, casi neutro: Estructuras financieras en el sur de España .

Sabía que acabaría cambiándolo, pero por alguna parte había que empezar.

Llevaba un rato trabajando en el archivo cuando supo que no había marcha atrás.

Fue una decisión sencilla, la más normal dadas las circunstancias, por lo que una idea comenzó a germinar en su cabeza de manera natural.

Hablaría con sus empleadores para intentar sacarles unas dietas de viaje.

Pero, en el caso de no conseguir resultados, eso tampoco iba a arredrarle.

Aunque tuviera que pagarse el viaje, el alojamiento y la manutención mientras culminaba su investigación.

Y es que aquel reportaje no podía cerrarse desde Madrid, debía pisar el terreno y empaparse de su idiosincrasia.

Los papeles explicaban el cómo, pero no el porqué.

Y mucho menos el quién. Necesitaba hablar con la gente de allí, observar sin preguntar demasiado, camuflarse entre la vegetación mientras encontraba los trapos sucios de aquella gente.

Era fundamental escarbar en la podredumbre para encontrar el tesoro, ver lo que se movía en los márgenes de una sociedad aparentemente distanciada de la realidad.

Pensó en su viaje hacia el sur, hacia tierras gaditanas en un principio.

El puerto de carga de Algeciras y las localidades del Campo de Gibraltar, con el añadido de un paraíso fiscal británico enclavado en el mismo corazón de la comarca.

O Sotogrande y su puerto deportivo, repleto de abogados sin escrúpulos y segundas residencias de personas con mucho que esconder.

Desde allí se encontraba a tiro de piedra de tierras malagueñas, relacionadas de forma intrínseca con todo lo anterior.

De momento no quería pisar la investigación de Pablo en Mijas y Marbella, intentaría mantenerse al margen.

Por lo menos mientras tuviera margen de maniobra para moverse entre bambalinas.

Y no solo por la incomodidad de coincidir, aunque fuera de forma indirecta y tangencial en asuntos de dudosa legalidad, como por todo lo que acarreaba la situación.

Conociendo al capitán de la UCO, sabía que él intentaría protegerla y alejarla de aquel foco, algo que en esos momentos era lo último que necesitaba.

En pleno diciembre le sería más complicado que en temporada turística, pero igual podría lograr pasar desapercibida si se movía con cuidado.

Había tomado una decisión, aunque todavía no se atreviera a formularla en voz alta.

Y en ese punto nada era tan importante como darse cuenta de la realidad de su futuro más inmediato y asumir las posibles consecuencias de sus actos.

Viajaría al sur en los próximos días, eso estaba claro, aunque antes tendría que organizar algunos asuntos.

Lo haría con absoluta discreción, sin avisar a nadie más de lo imprescindible.

De ese modo podría seguir el rastro del dinero hasta donde la llevara, consciente de que algunas fronteras no aparecían en los mapas, pero se cruzaban de igual modo todos los días del año.

Y es que el dinero podía moverse sin dejar huellas, pero siempre acababa delatando a aquellos que creían que podían controlarlo todo desde sus cómodas mansiones.