El monedero del diablo (Bermejo y Roncero 7) Blanqueo de capitales #2
13%

Blanqueo de capitales #2

Bajó a la calle para desconectar un momento y armar las piezas del rompecabezas.

Sin darse cuenta, sumida en sus pensamientos, entró en un bar de los de toda la vida, uno de esos locales impersonales donde nadie se fija en nadie, y se sentó junto a la ventana con una libreta.

Un chute de cafeína le vendría bien en esos momentos en los que su cerebro amenazaba con colapsar.

Con una taza de café en una mano y el bolígrafo en la otra, su mente buscó el origen de todo aquello.

A la periodista siempre le había funcionado escribir a mano cuando necesitaba ordenar las ideas, y esa no iba a ser la excepción.

Comenzó a garabatear nombres de empresas, posibles testaferros, diagramas de flujos y fechas concretas.

Y, casi sin darse cuenta, escribió una frase en mayúsculas: BLANQUEO DE CAPITALES.

No le gustó verla ahí sin una base sólida, su cerebro se había adelantado.

Todavía no tenía base suficiente para afirmarlo con rotundidad, pero la hipótesis empezaba a imponerse en su cabeza por encima de otras ideas primigenias.

Y si había blanqueo de capital, el origen del dinero difícilmente podía deberse a algo completamente legal.

Miriam recordó los problemas por lo que pasaron años atrás, en 2015, durante un verano infernal en Valencia.

Pablo se vio inmerso en una compleja operación contra mafias internacionales en la costa levantina, con el puerto como eje introductorio de la trama, y un fin de fiesta no apto para todos los públicos.

Su mente le había jugado una mala pasada, prefería no pensar en aquellos terribles momentos en los que Pablo arriesgó su vida mientras ella jugaba a los detectives investigando su propia historia de corrupción política en la región.

Aquella trama tenía más que ver con el tráfico de armas y de personas, pero quizá ahora se enfrentara a la otra gran pata de la delincuencia internacional en el mundo: el narcotráfico.

Miriam no ignoraba la situación en el Campo de Gibraltar y las rutas del Estrecho, donde la Policía Nacional y la Guardia Civil se veían incapaces de controlar un negocio de miles de millones.

Pero aquí se encontraba con algo diferente.

Si toda la documentación que tenía a su merced, estudiada hasta el fondo con la mayor minuciosidad, tenía que ver con el tráfico de droga, probablemente se tratara de otro tipo de operaciones no tan llamativas.

Nada de operativos que llenaran titulares con incautaciones espectaculares por parte de las autoridades, aquello era mucho más sofisticado.

Un complejo entramado integrado en estructuras legales y financieras de alto nivel, algo manejado desde las sombras por individuos con mucho poder.

El tipo de personas que movían el dinero a su antojo, miles de millones de euros que no necesitaban esconderse en maletas porque viajaban por circuitos respetables.

No podía desdeñar otras dos localizaciones que surgían con algo más de asiduidad en la documentación: Málaga y Marbella.

También otras poblaciones malagueñas como Mijas, Estepona, Benalmádena o incluso Manilva y el Puerto de la Duquesa.

Toda la Costa del Sol refulgía sin quererlo en aquellos legajos, y eso no era casualidad.

Todo esto le llevó a pensar en Pablo. La noche anterior le había confirmado por teléfono que se tenía que marchar a Málaga por temas de trabajo mientras ella se encontraba en una cena de compromiso, y esa mañana el guardia civil había salido pronto de casa, sin llegar a despertarla para despedirse.

Ya era vox populi , por lo que Roncero no tuvo problemas en un principio para confesarle que iban a hacerse cargo de una investigación complicada, nada menos que el asesinato de un juez de instrucción en su chalet de Mijas.

Un caso importante que saltó primero a los noticiarios digitales, para ser primera plana de la mayoría de los periódicos nacionales unas pocas horas después.

Un crimen grave, mediático, de esos que activan resortes institucionales y ponen a todo el mundo nervioso.

Miriam no conocía todos los detalles ni quiso o pudo preguntárselos en una conversación tan escueta, pero supuso que el viaje de Roncero no iba a ser precisamente un camino de rosas ni unas vacaciones pagadas en la costa.

Miriam no quiso llamar al mal fario y cerró la libreta. No era el momento de mezclar sus mundos. Al menos, no todavía, sin que pudiera poner la mano en el fuego y asegurar que su investigación y la de Pablo no tenían nada que ver o pudieran converger de alguna manera en el futuro más inmediato.

Y, sin embargo, un halo de inquietud le nubló durante un instante la mente.

En aquellos papeles y en los recovecos más oscuros de sus pesquisas adivinaba el comienzo de algo más grande de lo que suponía en un principio.

Conocía la zona, tenía amigos periodistas que convivían con el día a día de una comarca que se había convertido en la ONU de la criminalidad, y podía intuir que todo se encontraba relacionado de algún modo.

¿Quién se atrevía, en pleno siglo XXI, a asesinar a un juez de instrucción en su propia casa?

Lejanos ya los ecos de los años ochenta y noventa, tiempos aciagos en España por la lacra del terrorismo, ese asesinato se salía completamente de lo común.

Entre bandas rivales estaban a la orden del día los ajustes de cuentas, las reyertas e incluso los homicidios selectivos, ya fuera de rivales, testigos o personas involucradas en diferentes tramas.

Pero matar a un juez eran palabras mayores.

No todos los grupos criminales tenían la infraestructura y, sobre todo, el valor para acometer un crimen semejante, sabiendo que tendría encima a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado hasta dar con los culpables.

El crimen debió de ejecutarlo alguien sin escrúpulos, que se creía por encima del bien y del mal.

Alguien que estaba dispuesto a romper el equilibrio de un ecosistema tan particular como el instalado en torno a Marbella, una ciudad en la que las diferentes bandas criminales guardaban la distancia, entre sí y a ser posible con las autoridades.

Aquello era diferente y los ponía a todos en el disparadero, por lo que Miriam intuyó que los ánimos estarían bastante caldeados cuando Roncero llegara para hacerse cargo de la situación.