El Monasterio de la Niebla (El Código del Camino de Santiago 3) CAPÍTULO 8 — Advertencia en la Piedra
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CAPÍTULO 8 — Advertencia en la Piedra

BLOQUE 1

Pasaron el resto de aquella tarde documentando cada centímetro de la inscripción, con Adrien fotografiando el texto completo desde múltiples ángulos mientras Lucía tomaba notas paralelas sobre el estilo caligráfico,

comparándolo mentalmente con otros ejemplos de escritura monástica gallega que había estudiado durante su formación en Toulouse años atrás.

---El cuerpo principal de la inscripción es coherente con el siglo XII, quizás principios del XIII ---dijo, señalando las primeras líneas con la punta de un lápiz que nunca llegaba a tocar la piedra---.

Pero la última línea, la advertencia sobre el maestro de Ávila, fue añadida claramente después, con una técnica de talla distinta, menos refinada.

Probablemente por la misma mano que ordenó el vaciado del scriptorium.

---Es decir, alguien del siglo XVI ---dedujo Gabriel---. Alguien que actuaba, quizás, bajo las mismas órdenes que después firmaría Diego de Reinoso en Lugo.

Adrien asintió, aunque su expresión revelaba una inquietud que no terminaba de encajar del todo con la simple cronología.

---Lo que no entiendo es por qué, si la intención original era ocultar completamente este lugar, alguien se tomó el trabajo de añadir una advertencia tallada en piedra en lugar de, simplemente, destruir la inscripción original junto con todo lo demás.

Una advertencia solo tiene sentido si se espera que alguien, algún día, vuelva a leerla.

Gabriel se quedó pensativo, recorriendo con la vista el resto de la sala vacía.

---A menos que quien la escribió no confiara del todo en que el secreto se mantuviera para siempre ---dijo, finalmente---.

Como si supiera, o al menos sospechara, que tarde o temprano alguien más volvería a encontrar este lugar, y quisiera dejar una última advertencia para esa persona, aunque tardara siglos en llegar.

BLOQUE 2

Xoán, que se había alejado hacia un rincón de la sala mientras los tres investigadores discutían la inscripción, llamó su atención con un gesto silencioso, señalando algo en el suelo que había pasado desapercibido para el resto: una losa ligeramente distinta al resto del pavimento,

con un borde apenas perceptible bajo la fina capa de polvo acumulado.

---Esto se parece bastante a la que encontramos en la bodega de mi abuela ---dijo, agachándose para examinarla más de cerca sin llegar a tocarla---. ¿Puede ser otra puerta?

Adrien se acercó de inmediato, examinando el contorno con la misma cautela profesional que aplicaba a cualquier hallazgo potencialmente delicado.

---Podría ser una continuación del complejo, sí. O podría ser, simplemente, un compartimento de almacenamiento adicional. No lo vamos a saber con certeza sin abrirla, y después de lo que ya vimos hoy, prefiero que eso lo hagamos con más preparación, no en este mismo momento.

Gabriel, todavía procesando la advertencia tallada sobre el "maestro de Ávila", sintió la necesidad de formular en voz alta la pregunta que llevaba rondándole desde que Adrien tradujo aquella última línea.

---¿Alguno de ustedes tiene alguna idea de a quién se puede referir exactamente? ¿Algún maestro asociado históricamente con Ávila que resultara lo bastante peligroso como para que su sola mención, siglos después, todavía inquietara a quien escribió esto?

Adrien negó lentamente, aunque su expresión sugería que ya empezaba a barajar alguna hipótesis que todavía no se atrevía a formular con seguridad.

---Se me ocurre un nombre, pero preferiría confirmarlo con más calma, con acceso a fuentes académicas serias, antes de decir algo que después resulte ser una simple coincidencia sin fundamento real. Es un nombre con demasiada carga histórica como para mencionarlo a la ligera.

BLOQUE 3

Regresaron a la superficie ya bien entrada la tarde, con la niebla todavía instalada sobre O Cebreiro como si nunca hubiera tenido intención de levantarse, y con Amalia esperándolos junto al fuego de su palloza, ansiosa por conocer lo que habían encontrado en aquel primer descenso.

---Un scriptorium ---les confirmó, tras escuchar el relato completo---. Eso encaja con lo que mi madre me contaba. Decía que los monjes de la casa de la niebla no eran monjes cualquiera, dedicados solo a la oración. Eran, según sus palabras, "los que escribían lo que otros preferían olvidado".

---¿Le mencionó alguna vez su madre el nombre de algún maestro relacionado con Ávila? ---preguntó Gabriel, con cautela.

Amalia se quedó pensativa un largo momento, con la mirada perdida en las brasas del fuego.

---Una vez, cuando yo era muy joven, mi madre mencionó un nombre en voz muy baja, casi como si temiera que las propias paredes pudieran escucharla.

No lo recuerdo con exactitud, pero sí recuerdo que me advirtió, con mucha seriedad, que nunca lo repitiera fuera de casa, porque algunos nombres, decía ella, "aunque lleven muerto quince siglos, todavía pueden hacer mucho daño si alguien los vuelve a levantar".

Adrien, escuchando aquello desde el otro extremo de la habitación, sintió que la hipótesis que llevaba horas evitando formular en voz alta acababa de ganar una fuerza considerable.

---Quince siglos ---repitió, casi para sí mismo---. Eso nos llevaría, aproximadamente, al siglo IV o V de nuestra era. Mucho antes de cualquier cosa relacionada con el Camino de Santiago tal como lo conocemos, mucho antes incluso de la propia fundación tradicional del culto jacobeo en el siglo IX.

Gabriel lo miró, comprendiendo que Adrien finalmente estaba dispuesto a compartir la hipótesis que llevaba toda la tarde reservándose.

---¿En quién estás pensando exactamente?

Adrien tardó un momento en responder, eligiendo las palabras con el cuidado de quien sabe que está a punto de abrir una puerta que después será imposible volver a cerrar del todo.

---Prisciliano ---dijo, finalmente---. Prisciliano de Ávila.