El misterio del mausoleo de Qin Shi Huang SEXTA PARTE
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SEXTA PARTE

El sol ya ilumina las estancias del piso del equipo cuando van apareciendo uno tras otro. Toman un desayuno leve, sin prácticamente dirigirse la palabra, y se reúnen.

—Shen, ¿has pensado algo?

—Si Igor está en territorio ruso, será muy difícil. Podemos interceptarlo, pero será complicado volver a China, pasar la frontera con las obras de arte. Además, creo que tenemos poca información. No creo que vaya solo en el autobús; sus secuaces no deben andar lejos.

Los monjes han estado estudiando el mapa.

—Hemos pensado que podemos ir en helicóptero hasta Manzhouli, una población fronteriza con Rusia y Mongolia.

Allí, con una furgoneta, llegaríamos a Chitá, una ciudad rusa, por la A350.

Antes de llegar hay un desvío, una carretera forestal que se cruza con la transiberiana.

Allí abordaríamos la autocaravana y regresaríamos a China, pero son casi cien kilómetros de ida y otros cien de vuelta en territorio ruso, y seguimos con el problema de la frontera.

—Esto podría hacerse en Jabarovsk. Es un pueblo ruso donde la carretera pasa muy cerca de la frontera china, con una aduana muy laxa.

—Siento desanimaros, pero Igor ya ha pasado por esta población; está llegando a Birobidzhan, que está más en el interior.

Cristina, que ha estado escuchando las propuestas:

—Creo que lo mejor será elaborar un plan para robar a Igor en su propia casa en Moscú y regresar clandestinamente en avión

desde un aeropuerto que esté cerca.

—¿Y si cuando llega lo deposita todo en un banco?

—Robaremos el banco.

—Lu-Hang, ¿dónde está Igor?

—Para llegar a Moscú aún le faltan como seis o siete días.

—Pues vamos a planificar el robo.

—¿Alguien conoce o tiene parientes en Moscú? Tendríamos que saber dónde vive y así planificar antes de que llegue, estudiar la casa y el entorno para conocer la vía de entrada y la vía de escape, y saber si hay un aeropuerto cerca, autopista o tren.

Shen-Xo levanta tímidamente la mano.

—Mi hermana Jia Yi vive en Moscú; es personal de seguridad en la embajada china.

—¿Puede ayudarnos? ¿Habla ruso?

—Perfectamente. Se lo plantearé. Tengo que hablar con los ministros de cultura y de asuntos exteriores para pedir permiso para involucrar a mi hermana; es una funcionaria del gobierno. Así evitaremos provocar un conflicto y sabremos si pondrán algo de su parte.

—Pues esta mañana te dedicas a esto, mientras nosotros miraremos de elaborar un plan.

Mientras, Igor va avanzando con su autocaravana, tranquilo y con la seguridad de que nadie conoce su paradero, ajeno a que Lu-Hang tiene hackeado su teléfono.

Shen se entrevista con los ministros en el despacho de cultura.

—Buenos días, señores.

—¿Cómo va, señorita Shen? ¿Tenemos localizados a Igor y su botín?

—Sí, está viajando con una autocaravana por la carretera transiberiana con destino a Moscú. Nos engañó.

—¿El informático se porta bien? ¿Hace su trabajo?

—Estupendamente, señor.

—Bien, ¿qué desea?

—Estamos estudiando un plan para recuperar las obras de arte, robándolas de su casa en Moscú. Implicaría que mi hermana, que trabaja en la embajada china en Moscú, nos ayudara.

Ahora es el ministro de exteriores quien toma la palabra.

—Señorita Shen, tiene que recuperar las obras robadas. Cuente con el total apoyo del gobierno chino; cuando tengan un plan, nos lo cuentan. No vamos a escatimar medios para conseguir el fin.

—Gracias, en un par de días les presentaremos el proyecto.

Shen abandona el ministerio y regresa al piso.

Cuando llega y se reúne con sus compañeros:

—Tenemos el apoyo total del gobierno, voy a llamar a mi hermana Jia Yi.

Cuando habla con ella:

—Hola, Jia Yi.

—Hola, Shen. El gobierno ya ha hablado con el embajador; él ha hablado conmigo. Solo tienes que decirme qué tengo que hacer.

—Necesitamos recuperar unas obras de arte chino de gran valor que fueron saqueadas de yacimientos arqueológicos ilegales.

Están a punto de llegar a Moscú. El autor del robo es Igor Nikov; las tendrá en su casa hasta que las venda.

Necesitamos información sobre él, sus guardaespaldas, la vivienda, el entorno, la forma de llegar a coger el botín y las posibles vías de escape. Tú ya sabes lo que necesitamos.

—De acuerdo, buscaré información del personaje y te informaré. Dame dos días.

—Bien, hablamos.

Mientras, el equipo, sin datos exactos, poco puede hacer.

A los dos días, Jia Yi llama a Shen.

—Hola. Vaya personaje: la Interpol tiene un historial de varias páginas.

Está buscado en medio mundo. El único sitio donde no se le busca es en Rusia, donde tiene buenos contactos.

Vive en la localidad de Solnechnogorsk, una población a orillas del lago Senezh.

En la orilla sur de este lago hay una finca, una península privada que pertenece a Igor.

Allí tiene su vivienda, un palacete, además de otras construcciones para sus sicarios, almacenes y casa de invitados.

No hay más edificios. Esto está a sesenta y cinco kilómetros de Moscú; a medio camino tenéis un aeropuerto.

Sigo investigando. ¿Tienes un informático?

Te mando planos de la casa y los alrededores por correo encriptado.

—Gracias. Con esto ya podemos planificar, pero necesitamos más.

Cristina y Shen, junto con los monjes, se ponen a trabajar.

—Hemos estado estudiando el mapa. Tenemos la posibilidad de llegar en avión al aeropuerto de Sheremétievo, que es uno de los aeródromos de Moscú.

Está a treinta y cinco kilómetros. Lo importante es que tiene una pista abandonada, a unos tres kilómetros de las de uso habitual.

Está en mal estado, pero la longitud útil es de unos dos kilómetros, suficiente para algunos aviones de carga, pues llevaríamos un pequeño camión para llegar hasta la casa de Igor, que está a otros treinta kilómetros, y regresar con el botín al aeródromo, que Charles y Li han calculado que pesará unos trescientos kilos.

—Nos faltan más datos, pero esto sería factible. Estudiaremos los planos de la casa que nos ha mandado tu hermana y hay que empezar a buscar transporte terrestre y aéreo.

—Lu-Hang, ¿dónde está Igor?

—Está en Kurgan, a dos días de la capital.

—Lu, ¿hemos recibido el plano del palacete y alrededores?

—Sí. Contamos con detalles de la reja de entrada a la península, de la casa, de los almacenes, del jardín y de un pequeño embarcadero.

También tenemos el avión que nos llevará, un Xi’an Y-7H con carga posterior, y el vehículo, una furgoneta Aucwell adaptada para ocho viajeros y mil kilos de carga por el portón trasero.

Cristina y Shen han estado estudiando toda la información. Convocan una reunión de todo el equipo para concretar el plan definitivo. Habla Shen:

—Mi hermana ha mandado toda la información del lugar donde vive Igor. En uno o dos días nos mandará un informe de las costumbres de él y de sus guardaespaldas, cuántos tiene, dónde se alojan, horarios, coches que usan, etc.

—Shen y yo hemos elaborado el siguiente plan.

Saldremos del aeropuerto de Beijing. El gobierno chino nos ha proporcionado un avión de transporte, el Xi’an Y-7H, con carga posterior para que podamos subir a bordo una furgoneta adaptada a nuestras necesidades, ocho personas y mil kilos de carga, la Aucwell.

Aterrizaremos en una pista abandonada cerca del aeropuerto de Sheremétievo.

Es uno de los aeródromos que da servicio a Moscú, situado al noroeste de la ciudad.

Con la furgo iremos hasta Solnechnogorsk, la ciudad donde vive Igor.

Dao, Seng, Shen y yo nos quedaremos agazapados en la entrada de la península, mientras Zhao y Cudgel irán hasta una pequeña playa cercana, situada al oeste, y nadarán hasta el pequeño acantilado.

Entrarán a la península, eliminarán los vigilantes y nos abrirán la reja que está en el istmo desde dentro.

Entraremos con el vehículo y llegaremos al palacete, donde eliminaremos lo que encontremos, más guardas e Igor incluido.

Una vez estemos solos, buscaremos las obras que hemos venido a recuperar, cargaremos la camioneta y regresaremos al aeródromo abandonado para volver a Pekín.

—Este es el plan. Parece fácil, pero no lo es.

Primero, porque hay que cruzar el espacio aéreo de Kazajistán y el de la propia Rusia, que, en cuanto nos detecten, nos pueden abatir.

Son 5.868 kilómetros y 8:30 horas de vuelo.

Además, las informaciones son buenas, pero puede haber sorpresas.

No podemos llevar armas, por lo que vosotros, los shaolines, seréis los encargados de eliminar al personal.

Lu-Hang ha estado también en la reunión y comenta…

—Yo creo que el principal problema, sin duda, es el radar.

Estoy trabajando en un inhibidor que nos permitiría interferir temporalmente algunas señales y reducir la posibilidad de que nos detecten, pero no puedo hacerlo desde aquí; tengo que ir con vosotros en el avión.

Otra cosa: estoy intentando hackear las cámaras de seguridad de la península y del palacete para tener información en directo.

—¿Podríamos observar sus movimientos desde aquí?

—Lo intentaré.

Cristina y Shen van al despacho del ministro para explicar los pasos de la misión.

—Señorita Shen, me parece un plan audaz, pero quizás sea la única manera de recuperar lo que es del pueblo chino. Tienen el visto bueno del gobierno.

—Gracias, señor. Cuando regresemos, le daré un informe.

Cuando regresa al piso, comunica al equipo que tienen luz verde para ejecutar el plan.

Al día siguiente, cuando Cristina se levanta, encuentra a Lu trabajando como en otras ocasiones.

—Buenos días, Lu. ¿Tienes claro todo lo que necesitamos?

—Clarísimo, ya he entrado en las cámaras de la península, cuando estén todos, puedo haceros un recorrido por el terreno y las diferentes construcciones, también he montado unos intercomunicadores con pinganillo para que estemos conectados en todo momento.

—Muy bien, mira, aparece más gente.