El misterio del mausoleo de Qin Shi Huang QUINTA PARTE #2
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QUINTA PARTE #2

—Cuando esto termine, tendré que renovar todos los protocolos de seguridad del Mausoleo. No era consciente de que nos habían robado tantas cosas, hasta guerreros de terracota. Es inaudito.

Justo antes de la cena llegan a la vivienda Shen-Xo y Lu-Hang, un adolescente vestido con una sudadera con capucha, de la que sobresalen unos mechones de pelo color amarillo, unos pantalones negros anchos, le sobra tela por todas partes, unas bambas de colores estridentes y sin mucho interés por relacionarse con los demás.

—Hola, Lu, soy Cristina. Ahora te presentaré al equipo del que formas parte. Aquí en la casa te quiero sin capucha, con los cabellos de tu color y con una actitud abierta y colaboradora con nosotros o te devuelvo a la cárcel. Tienes dos segundos para reaccionar.

El recién llegado se descubre la cabeza, saluda a todos, le pide perdón a Cristina.

—Lo siento, no estoy acostumbrado a relacionarme con otros, sé que esto es una oportunidad para mí, me esforzaré para ser sociable, pero también os pido que me ayudéis.

Qiang saluda al recién llegado.

—Te han traído un paquete.

—Será el ordenador que he pedido.

—Vale, pues cenamos y te ponemos al día.

Después de explicarle a Lu todo lo sucedido, este pide un tiempo para poner en marcha el ordenador y hacerle unos cambios. Al finalizar el nuevo formateado:

—Zhao, dices que probablemente ha hecho escala en Wenzhou, entraré en las cámaras del aeropuerto, veremos si ha repostado y, algo importante, cómo ha pagado, si lo ha hecho con tarjeta ya tendremos una pista. Buscaré su teléfono.

No tarda mucho en conectarse, hace un recorrido por varias conexiones, en una de ellas se ve el helicóptero con un camión a su lado que está repostando.

—¿A qué hora pasó todo esto?

—Calculamos que serían las tres o cuatro de la madrugada cuando llegaría a Wenzhou, hace cuatro días.

—Mirad, estas imágenes son de las 03:46 h. Aquí vemos a alguien en la oficina; veamos cómo paga. Tiene un cargo a esta hora en la oficina con una tarjeta de crédito a nombre de una empresa, «Kitayskiy Antikvariat». Esperad, consulto las empresas y sabremos de quién es.

Unos minutos más tarde.

—El presidente de la compañía es Igor Nikov.

—Bien, ahora mira dónde compra un billete de avión, seguramente en Shanghái, y con qué destino.

—Efectivamente, billete de primera clase a Moscú, vuelo directo, el mismo día que llegó a las 16:02 h.

—¿Puedes seguir averiguando qué hizo? Llamadas telefónicas, coche de alquiler, etc.

—Sí, me llevará algún tiempo.

Cuando Cristina se levanta, encuentra a Lu-Hang trabajando.

—¿Te has levantado ahora o no has dormido?

—He estado siguiendo el rastro de Igor, tengo malas noticias, compró el billete pero no cogió el vuelo a Moscú, he revisado las cámaras de seguridad del aeropuerto y no sale en ninguna, me ha costado mucho, pero he pillado su móvil, no de forma continua, diría que está regresando a Taipéi, no estoy seguro, ahora mismo lo he perdido.

—Tendría sentido. Debe querer recuperar lo que dejó en su casa. Voy a llamar al ministro. Nos ha engañado: pensábamos que estaba volando a Moscú y está regresando. ¿Cuánto tiempo tardará en llegar?

—No lo sé, ahora mismo no lo tengo localizado, no sé dónde está.

A medida que se van levantando, Cristina informa al equipo de la maniobra de Igor. Shen comenta:

—La policía tiene que vaciar la casa de Taipéi ¡ya! Me pareció muy fácil encontrarlo y seguirlo. Mira, ahora que no le interesa, ha desaparecido.

—Shen, Cristina, os puedo asegurar que lo encontraré.

—A ver si es verdad.

Después de conocer la noticia, el ministro informa de que ha hablado con la policía de Taipéi. Vaciarán la casa y guardarán todo en el Banco de Taiwán. Cuando termine la operación, les dirán cómo ha ido; si pueden, detendrán a Igor para ponerlo a su disposición.

Pasan las horas en el piso de Pekín, donde se respira un ambiente tenso. Casi ya de noche suena el teléfono de Shen.

—Diga señor ministro.

—Siento comunicarles que cuando ha llegado la policía a la mansión y ha localizado la habitación, esta estaba cerrada, pero vacía.

—Gracias, seguiremos informándole.

—Llama a Dao, Seng y Cudgel. Se quedaron para vigilar la villa. ¿No se han dado cuenta de nada? Diles que averigüen qué ha pasado, cueste lo que cueste.

—Lu-Hang, ¿lo encuentras o no?

—Tened paciencia.

Pasan dos días, durante los cuales Charles y Li siguen clasificando las obras de arte. Son días difíciles para Cristina y Shen debido a la incertidumbre de la situación.

En el tercer día.

—¡Lo tengo!

—¿Qué tienes?

—Igor ha alquilado un vuelo privado en Taipéi, he entrado en el ordenador del aeropuerto para vuelos privados, ha pagado en efectivo y su nombre ahora es Rustov.

—¿Cómo lo sabes?

—Pues un pago en efectivo de esta cuantía es sospechoso.

A la hora en que se efectuó, he entrado en las cámaras de la oficina y allí estaba el tal Igor.

Después he entrado en la torre de control de las pistas; allí tienen el plan de vuelo de cada nave que despega.

El vuelo privado 347P tiene como destino Vladivostok, en Rusia. Esto pasó ayer; ahora lo seguiré.

—Bien, Lu. Otra cosa, ¿qué sabemos de los monjes?

—Dao ha quedado en llamar mañana.

Aún es de noche, aunque empiezan a vislumbrarse las primeras luces de la mañana, cuando suena el teléfono de Zhao.

—Dime Dao.

—Hemos estado investigando en la casa de Igor, hemos descubierto una conexión subterránea que conecta el cobertizo donde tenía el helicóptero y la casa, entramos en la habitación secreta, estaba vacía, el suelo era de moqueta, que estaba levantada, debajo hay una trampilla que da a un túnel estrecho y bajo, pero suficiente como pasaje de escape, por allí vaciaron el cuarto oculto.

Creemos que lo vació gente suya mientras él nos distraía con viajes falsos.

—Soy Seng, lo llevaron todo al aeropuerto de Taipéi y se lo llevó en un vuelo privado, ¿sabes adónde ha ido?

—Lu-Hang ha trabajado en esto, cree tener algo, Vladivostok, venid a Pekín, necesitamos tener un plan.

Todo el equipo se reúne. Shen-Xo, como conocedora del país, ha pensado en un plan.

—Sabemos que Igor está o ha llegado ya a Vladivostok, su tierra.

Su idea es llegar a Moscú, donde tiene su vivienda y donde se sentirá seguro.

Tiene tres opciones: primera, volar en un privado, unas diez horas de vuelo; segunda, coger el tren transiberiano hasta su ciudad, siete días en el tren; tercera, alquilar una autocaravana y, con uno o dos de sus hombres, regresar a casa en nueve o diez días.

Tengamos en cuenta que la distancia es de más de nueve mil kilómetros.

—Yo me inclino por la autocaravana. Es el único caso en que no perderá de vista la carga; la llevará consigo. En las otras opciones tiene que facturar el cargamento, con la posibilidad de que se pierda o se lo roben.

—¿Cuál sería la ruta?

—La carretera transiberiana que va de Vladivostok a San Petersburgo pasando por Moscú.

—Esto implica robar nosotros el cargamento en Rusia. La vía transcurre siempre por territorio ruso. ¿Cómo nos llevamos las obras de arte y pasamos la frontera a China? Jugar en su terreno no me gusta.

—¿Y si impedimos que llegue a Vladivostok?

Lu-Hang hace un apunte:

—Sí, deciros que ya está en territorio ruso. Hace una hora, ya como se siente seguro, ha conectado su teléfono habitual, lo tengo. Si ahora no apaga el móvil, sabré en cada momento dónde está.

—¿Dónde está?

—Ahora mismo en la terminal de carga del aeropuerto de Vladivostok.

—¿Hay cámaras?

—Espera, solo en la salida del aparcamiento.

—Sería bueno saber cómo sale de aquí y hacia dónde se mueve.

—Tendrá que repostar, ¿hay cámaras en las gasolineras de la transiberiana?

—Creo que no.

El silencio se instaura en la reunión.

—Tenemos que informar al ministro cuando tengamos un plan; no podemos arriesgarnos a causar un conflicto internacional. Hasta entonces, no diremos nada.

El timbre suena en la puerta del piso, Qiang abre.

—Ya estamos aquí.

Dao, Seng y Cudgel acaban de llegar.

Un «hola» unánime.

—¿Qué pasa? Os veo tristes y preocupados.

Zhao explica la situación a los recién llegados. Lu comenta:

—Igor acaba de salir del estacionamiento. Va en un autobús transformado en autocaravana; he captado la imagen.

—¿Qué os parece si cenamos y mañana será otro día?