SEGUNDA PARTE
Al día siguiente, el comandante, vestido de calle, sin uniforme, llega a la casa de Li-Ping.
—Hola, Li, ¿qué haces? Ha llegado tu recomendado.
—No, estoy ordenando los bambús para intentar leerlos; creo que están en caligrafía de la dinastía Qin, podré leerlos.
Llaman a la puerta, Li abre y entra un personaje delgado de estatura media, vestido con un traje de cuero negro ajustado y botines negros, con la cabeza cubierta con un sombrero de fieltro de ala ancha también negro, que le cubre casi toda la cara.
—Te presento a Shen-Xo.
El personaje se descubre sacándose el sombrero. Entonces se hacen evidentes una media melena negra y un precioso rostro bien maquillado.
—¡Es una chica!
—Zhi-Peng, debes evolucionar; te aseguro que es muy capaz de hacer su trabajo.
Li y el comandante le explican todo lo acontecido hasta este momento con todo detalle.
Shen-Xo escucha atentamente todas las explicaciones.
—Tenéis un grave problema: primero, no sabéis hasta qué punto el resto de agentes están implicados; os puedo asegurar que esto es un encargo, hay un cerebro que dirige la trama.
Entonces suena el teléfono del comandante; al contestar, su rostro se transforma.
—¿Qué pasa?
—Han tiroteado a unos policías que estaban comiendo en un puesto de comida callejera en la calle Shichahai, aquí en Pekín.
La detective comenta:
—Ya no tienes que buscar a quienes robaron en el depósito, eran estos; alguien está eliminando cabos sueltos.
—Tengo que irme. Volveremos a reunirnos.
Zhi-Peng abandona la casa de Li, que se queda hablando del caso con la investigadora.
Cuando el comandante llega al lugar del tiroteo, se encuentra a cuatro policías muertos.
Al parecer, y según testigos, los agentes estaban comiendo cuando dos individuos se han acercado a su mesa sin llamar la atención y les han disparado a bocajarro.
No han causado más muertos ni heridos, a pesar del gentío que normalmente invade la calle, lo que demuestra que se trataba de profesionales.
Con calma y aprovechando la confusión, han abandonado el escenario.
Inmediatamente se ha acordonado la zona: la policía, recogiendo pruebas; el juez, levantando acta de los asesinatos; el forense, inspeccionando los cadáveres; la funeraria, llevándose los cuerpos sin vida.
Todos realizan su trabajo y, a las pocas horas, la calma y la actividad culinaria regresan a la calle.
Al día siguiente, el comandante, en su despacho, recibe los informes del asesinato.
Ratifica que fueron dos personas desconocidas; no han encontrado huellas ni casquillos, ya que se usaron revólveres.
También recibe la identificación facial de los dos individuos que conducían la furgoneta: son Tao y Bao, hermanos, conocidos delincuentes de la policía por sus graves y numerosos antecedentes.
Se confirma que la matrícula de la furgoneta era falsa.
—Bueno, con esto no hacemos nada, pero seguid investigando; localizad a los hermanos.
El jefe de policía abandona la central y va a reunirse de nuevo con Li y Shen.
—Ahora estoy segura: todo está dirigido por alguien. ¿Sabes ya quién iba en la furgoneta que abandonó el aparcamiento de la central?
—Sí, los hermanos Tao y Bao. Esta mañana iban a detenerlos; los haremos hablar. Bueno, ¿qué habéis pensado?
Mientras el jefe Zhi, Li y Shen están reunidos evaluando la situación…
Cinco coches de policía se presentan en el desguace de los hermanos, que son viejos conocidos de la policía.
Entran y recorren todo el espacio. Al lado de la puerta de entrada al recinto hay una caseta que hace las funciones de oficina y vivienda.
Los policías pasan a la trastienda y allí, tumbados, están los cadáveres de los dos hermanos, asesinados de un disparo en la frente. Llaman al jefe.
—Shen, creo que deberías contratar gente de fuera sin que nadie se entere.
Deberías anunciar que se cierra la investigación por falta de pruebas; tú y los investigadores extranjeros seguiríais, y yo también colaboraría con vosotros.
Por cierto, el director del Museo Nacional Chino me llamó interesándose por el curso de las pesquisas.
El comentario llama la atención de Shen.
—Vamos a cambiar. No anuncies que la policía deja de investigar.
Tú, Li, vas a ver a Li-Xon-Xoi y le dices que la policía deja el caso por falta de pruebas; veremos qué pasa.
Yo me voy de vacaciones a Barcelona y vendré con unos amigos, un arqueólogo y una inspectora de policía.
Ellos y yo indagaremos hasta descubrir a los culpables.
Li, te mantendré informado. Si es necesario, nos reuniremos aquí.
Cuando se están despidiendo, suena el teléfono del jefe de policía.
—Dime.
Después de escuchar lo que le dice su interlocutor:
—Esta mañana, cinco patrullas iban a detener a los hermanos Tao y Bao; los han encontrado muertos en su casa.
—Esto ratifica mi teoría: el cerebro de la trama está eliminando cabos sueltos. Me voy, nos vemos a mi regreso.
—Yo vuelvo a mi despacho.
—Yo voy a intentar descifrar lo escrito en los bambús. Haré una visita al Museo.