El misterio del mausoleo de Qin Shi Huang PRIMERA PARTE #2
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PRIMERA PARTE #2

Seguidamente, abandonan el sótano y vuelven a colocar la estatua del león de cerámica en su sitio. Zhi-Peng llama a la central para ordenar la guardia y custodia de todo el edificio.

Li-Ping está en su casa estudiando para poder identificar y datar lo encontrado, repasando los períodos dinásticos, para poder afrontar con conocimientos lo hallado en el sótano, pero que aún no puede tocar. Una tarde recibe una llamada de teléfono; es Li-Xon-Xoi, director del Museo Nacional Chino.

—Hola, Li, me he enterado de la muerte del comerciante Min-Tao. Quisiera saber si habéis averiguado cómo murió y si había algo en su tienda de interés para el museo.

—Hola, no, estamos esperando los resultados de la autopsia y, hasta que no se aclare su muerte, no podemos acceder a su casa; el juez manda.

—Bueno, pues ya me dirás.

—Sí, te informaré de lo que sepa.

«Me pregunto qué interés tiene este en el caso».

Pasados unos días…

Li recibe la llamada del jefe de la policía.

—Tendrías que venir, pero con discreción.

—Vale, en media hora estoy aquí.

Cuando el funcionario llega al despacho del comandante:

—Ya tengo el resultado de la autopsia. El tendero murió por intoxicación de mercurio; no sé dónde pudo intoxicarse hasta morir.

—Hay una crónica, «Memorias históricas», de Sima Qian, historiador nacido alrededor del 145 a.

C., que describió con detalle el mausoleo de Qin Shi Huang.

Relata un techo repleto de joyas brillantes que se asemeja al cielo del universo, cantidad de objetos valiosos y, lo más sorprendente, ríos de mercurio que simulan los ríos de China.

Ahí lo tienes: alguien ha entrado en la tumba y la está expoliando sin que nadie se haya dado cuenta; allí se intoxicó.

Pero me cuesta creer que alguien haya entrado.

Sima Qian también comenta que los alrededores de la tumba están llenos de trampas, ballestas y flechas que se disparan automáticamente si alguien intenta entrar y perturbar la paz del emperador.

—Tú eres el jefe de los vigilantes del complejo arqueológico. ¿Nunca habéis encontrado nada sospechoso?

—No, ten presente que la superficie del mausoleo, más sus alrededores, son 58 km cuadrados, pero voy a intensificar la vigilancia. Si alguien ha entrado, lo averiguaremos.

—Si necesitas ayuda, dímelo. Voy a trasladar lo hallado en el sótano aquí, al depósito de pruebas. ¿Te parece bien?

—Sí, pero quiero los bambús con caracteres; quiero estudiarlos y saber qué pone. Ya vendré a buscarlos cuando regrese de Xi’an.

Los días siguientes los agentes trasladan todos los objetos del subterráneo a la cámara acorazada de la central.

Li-Ping reúne a todo su equipo de mantenimiento y vigilancia del complejo, les comenta lo sucedido y las sospechas que tiene. La consigna: averiguar si alguien ha entrado de forma fraudulenta en la tumba.

Durante varios días, equipos de trabajadores del complejo del mausoleo recorren todas las instalaciones, jardines y caminos. Tanto los muros exteriores como el interior son revisados a fondo, sin hallar nada que permita ni tan siquiera dudar de la integridad del recinto.

Por su parte, el comandante Zhi-Peng ha puesto a buen recaudo todos los objetos encontrados en el sótano de la casa-tienda de Min-Tao.

Una mañana, el comandante y el funcionario se reúnen en el despacho de la comandancia. Ambos hablan convencidos de que todo está seguro.

—Me dijiste que querías los bambús con la escritura para averiguar lo que decían.

—Sí, además quiero averiguar de dónde salieron.

—Pues vamos al depósito de pruebas; los guardé con los demás objetos en la cámara.

Ambos descienden al sótano donde se guardan las pruebas, cruzan una reja que se abre mediante una cerradura de código y llegan a una puerta blindada, con otra cerradura que solo se abre mediante las huellas de los encargados de la custodia de las pruebas judiciales.

Entran en un espacio con un mostrador enrejado detrás del cual hay un policía. Este reconoce al comandante y le abre la puerta. Él y Li entran, se dirigen a la cámara acorazada, Zhi-Peng introduce la combinación y la puerta de la habitación blindada se abre.

El interior es un espacio grande. En un rincón se colocaron unas estanterías y en ellas se depositaron los objetos.

Sorpresas de la vida: los anaqueles están vacíos. Todos los jarrones, figuras, utensilios, todo ha desaparecido; solo quedan las tablillas de bambú esparcidas por el suelo.

Estupefactos, los tres, el policía de turno, el comandante y el funcionario, se miran sin dar crédito a lo que ven. Inmediatamente dan la alarma.

Li recoge las tablillas del suelo, mientras Zhi con sus mandos organiza la investigación del robo.

—Li-Ping, ¿quién ha podido ser?

—Sin duda, uno de dentro, policía o funcionario, que conocía los pasos para llegar al botín, pero deberíamos saber quién es el destinatario.

El que abrió la puerta es solo un peón, que no sabrá quién encargó el robo ni dónde han ido a parar las piezas.

Deberías encargar la investigación a alguien de fuera del cuerpo; no sabes cuántos de tus hombres están implicados.

Te recomiendo a Shen-Xo, un investigador privado con experiencia en casos difíciles.

—Bien, llámalo y que venga a verme. Mientras, miraremos las cámaras de seguridad.

En las grabaciones se ve al policía que estaba de turno, con fecha de tres días antes y una hora determinada, las 15:00 h, antes de que el jefe abriera la estancia blindada. Las imágenes parecen reflejar un día normal, pero, de repente, el agente que aparece es otro y la hora, las 18:03 h.

—Eso no es normal. Aquí faltan unas horas de grabación. El cambio de personal se realiza a las 18:00 h, pero de las 15:00 h a las 18:00 h no hay imágenes. ¿Hay manera de saber qué ha pasado?

El agente que está en esos momentos al control de las cámaras responde:

—No, las imágenes, el reloj y el calendario son continuos. Diría que falta una parte; alguien paró la grabación.

—Mira las grabaciones de las cámaras que dan acceso al depósito de pruebas, las de los pasillos hasta el aparcamiento.

—En todas pasa lo mismo: hay un salto en el tiempo.

—Mira las grabaciones del parking.

—También fueron apagadas. La única en la que se ve salir una furgoneta que no pertenece a la policía es la que graba imágenes de la salida y, seguramente, la de la calle que está frente a la salida.

—Ponlas.

—Este es el vehículo. La de la salida grabó la matrícula y, en la de la calle, se ven dos hombres en el interior de la furgoneta.

—Bien, pide información de la matrícula y reconocimiento facial del conductor y su acompañante.

—Li, ¿has llamado a tu detective?

—Sí, pero los encuentros con él debes hacerlos en mi casa. Si te reúnes en tu despacho o en tu casa, todo el cuerpo sabrá que está trabajando en el caso; nadie debe saberlo.

—Será mejor. Quedamos mañana por la tarde en tu casa.