Capítulo 1 · Llegada a Trieste
Los misterios de Elena Vidal
Llegada a Trieste
E l Adriático brillaba bajo el sol de junio mientras el tren avanzaba lentamente bordeando la costa.
Elena Vidal apoyó la frente en la ventanilla.
Necesitaba aquellos días de descanso.
Los acontecimientos vividos en el Piamonte todavía pesaban demasiado en su memoria.
Había pensado regresar directamente a Zaragoza.
Pero una llamada cambió sus planes.
— «Si pasas cerca de Trieste y no vienes a verme, nunca volveré a hablarte.»
Marco Bellini seguía siendo tan exagerado como cuando compartían clases en la escuela de cocina de Florencia veinte años atrás.
Ahora era el chef ejecutivo de uno de los cafés históricos más prestigiosos de Trieste.
Había insistido tanto que Elena terminó aceptando.
Tres días.
Solo tres días antes de volver a casa.
Nada de asesinatos.
Nada de secretos.
Nada de investigaciones.
Solo pasear por una ciudad de la que todos hablaban con admiración.
Cuando el tren entró lentamente en la estación de Trieste Centrale, Elena tuvo la extraña sensación de llegar a un lugar que pertenecía a varios países al mismo tiempo.
Las fachadas recordaban a Viena.
Las iglesias parecían balcánicas.
En las calles se escuchaban italiano, esloveno, alemán e incluso algún anciano que todavía hablaba el dialecto triestino.
Era Italia.
Pero también era otra cosa.
En el andén, un hombre mayor apoyado en un bastón de madera se cruzó con ella un instante.
Se disculpó con una leve inclinación de cabeza.
Pero sus ojos no parecían disculparse.
Parecían... evaluarla.
Elena no volvió a pensar en ello. Todavía no.
Mientras descendía del tren, no podía imaginar que apenas veinticuatro horas después sostendría entre sus manos una taza de café cuya última gota había provocado un asesinato.