El misterio de las dos hermanas 07. Laureano.
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07. Laureano.

Los vecinos ya habían terminado de pintar mi casa y estaban empezando con la del cabo. Tuve que insistir para que aceptaran dinero por su trabajo.

La enfermería iba a necesitar una reconstrucción más exhaustiva y les pregunté si conocían a algún albañil.

—Os meus primos son construtores, non se preocupe —contestó uno de ellos.

—Bien, pues a ver si pueden pasarse y darme un presupuesto.

—Sí, claro, mañana, pásense.

Antes de la visita al alcalde, llegué a pensar que el móvil del incendio podría haber sido la falta de trabajo.

Reconstruir las casas permitiría comer a unas cuantas familias, ya que en ese pueblo había bastante miseria.

Aunque, pensándolo bien, ni siquiera querían cobrar por ayudarme con el arreglo de la mía.

En cualquier caso, agradecí que esos fondos no salieran de mi bolsillo, sino del presupuesto general del cuartel, que iba a tener que pedir que aumentaran.

Al mediodía, me acerqué a ver cómo seguía Xosé, mi ayudante.

Antes había ido a la tienda de Carmiña. Había comprado una colonia para la hija de Laureano, unos bombones para su mujer y una botella de vino Rioja para él, como agradecimiento por habernos acogido tan amablemente.

Entré por la cocina y encontré a Fernández y a Amalia sentados a la mesa, hablando en gallego mientras desgranaban guisantes.

Fernández se puso colorado al verme.

—Bos días, sargento.

—Bos días —dijo Amalia, a la vez que se levantaba.

—¿Quere tomar un vaso de augardente con unas rosquillas? Facémolo aquí —dijo cogiendo una botella y un vaso.

—Bueno, un vasito, gracias. Esto son unas cosas que os he traído para agradeceros vuestra hospitalidad —dije dándole el paquetillo del agua de colonia.

Ella lo tomó sonriente y empezó a abrirlo nerviosa. Cuando terminó, se echó un poco en la muñeca.

—Moitas grazas, que ben cheira.

—Que le gusta mucho, sargento —aclaró Fernández.

Después la chica salió de la cocina, dejándonos solos.

Le pregunté al cabo cómo se encontraba y qué le había dicho el doctor.

—Mejor, estoy mucho mejor, mi sargento. Me duele un poco la quemadura cuando ando, pero en un par de días estaré ya bien, listo para volver al trabajo. Y ¿cómo han quedado nuestras casas?

—Las están arreglando, van a quedar como nuevas. Aprovecharemos para modernizar los baños y las cocinas. ¿Le parece bien?

—Vaya. ¡De fábula, sargento!

En ese momento apareció Laureano, que venía de cuidar a las vacas. Me palmeó la espalda con fuerza. Después se sirvió un vaso de aguardiente.

—Bos días, sargento. Se queda a comer, ¿verdad? Mi mujer hace una empanada boísima.

No me hice de rogar.

Nos sentamos a comer alrededor de la mesa de la cocina. Era el lugar más caliente de la casa. Los fogones encendidos mantenían una temperatura muy agradable. Me extrañó que las mujeres no se sentaran con nosotros. Se quedaron de pie, pendientes de ofrecernos cosas.

Laureano abrió el vino. Beber le soltó aún más la lengua.

—Laureano, cuéntame qué sabes del alcalde —le pregunté pidiéndole que me contara cómo había llegado a ese puesto.

—¿Ese? Bo es. Con algunas persoas mellor non meterse. Es amigo do marqués de Castro. Mellor non falar de se par. Cóntanse historias ben turbias sobre eles.

Les serví más vino y les pregunté si sabían algo de mi antecesor, el teniente Porto.

—¿Ese? Otro del que mejor no hablar. Deus os cría e eles xúntanse. Nada bueno puedo decir de esos tres. ¿No es cierto, Xosé?

El cabo carraspeó.

—Sí, no era un buen jefe. Nada que ver con usted, mi sargento.

Les comenté que me sorprendía la cantidad de casos que había encontrado sin investigar.

—Pues no le he dicho que no era buen guardia. Además, casi siempre estaba borracho y apenas venía a trabajar. Estaba yo solo para todo. Una suerte que le ascendieran y se lo llevaran al Ferrol —dijo Fernández un poco achispado.

Continuamos comiendo, en buen ambiente. La verdad es que Laureano y los suyos eran muy agradables, estaba muy cómodo con ellos. Al igual que con Fernández, a quien cada vez le cogía más cariño. Era como estar en familia. Y hacía tiempo que no me sentía tan bien.