Chapter 17
June llegó poco después con una caja de huevos.
—Hoy tienes cara de haber descubierto algo desagradable.
—He descubierto algo desagradable.
—Entonces mi diagnóstico era correcto.
Eleanor le mostró la copia del registro.
—Martin estuvo aquí el 17 de septiembre.
June no pareció sorprendida.
—Sí.
Eleanor la miró fijamente.
—¿Lo sabías?
—Sabía que había vuelto.
—¿Y nunca me lo dijiste?
—Nunca me preguntaste por ese día concreto.
—June.
—Eleanor.
—Estoy empezando a comprender por qué este pueblo conserva tantos secretos.
June dejó los huevos sobre el mostrador.
—Porque la gente confunde guardar un secreto con proteger a alguien.
—¿Y tú a quién protegías?
June tardó en responder.
—A Rose.
—¿De qué?
—De sí misma.
Eleanor no insistió. Había aprendido que June podía ser extraordinariamente generosa con la información cuando consideraba que alguien estaba preparado para recibirla, pero también podía cerrar una puerta con una firmeza que ningún interrogatorio conseguía atravesar.
A las diez, Reed reunió a Eleanor, June, Margaret Ellis, Helen y Thomas en el salón de té.
Nadie ocupó la mesa siete. Eleanor había dejado allí la fotografía de 1991, el registro del salón y una copia de la carta de Clara.
Era una reunión extraña, casi doméstica, pero todos sabían que aquello no tenía nada de una conversación entre vecinos.
Durante décadas habían vivido alrededor de una historia que nunca habían contado completa y ahora la historia regresaba para exigir una explicación.
—No voy a acusar a nadie —dijo Reed—. Quiero que quede claro.
Thomas soltó una pequeña risa.
—Eso siempre es lo que dicen antes de acusar a alguien.
—Hoy no.
—Entonces ¿qué hacemos?
—Reconstruir la noche del 17 de septiembre de 1991.
Helen bajó la mirada. Margaret se acomodó las manos sobre el regazo. June permaneció inmóvil. Eleanor observó a cada uno de ellos.
—Tenemos documentos que demuestran que Martin estuvo en Bellwood después de que Clara denunciara su desaparición.
Sabemos que utilizó la habitación 17 de la estación.
Sabemos que Rose lo ayudó. Sabemos que alguien estaba interesado en los documentos relacionados con la herencia.
Y ahora sabemos que la taza número tres estuvo relacionada directamente con Martin.
Thomas miró la fotografía.
—Rose nunca quiso que esto saliera a la luz.
—¿Por qué?
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
Thomas permaneció callado.
Reed intervino.
—De Edward Vale.
Thomas negó.
—No solamente de él.
Eleanor sintió que todos los presentes se tensaban.
—Entonces empecemos por el principio —dijo Reed—. ¿Cuándo llegó Martin a Bellwood?
June respondió.
—En mayo.
—¿Y Clara?
—Unas semanas después.
—¿Por qué?
—Porque Martin se lo pidió.
Eleanor la miró.
—¿Para qué?
—Para que ella pudiera ayudarlo.
—¿Con qué?
June respiró lentamente.
—Con los documentos.
—Los de la herencia.
—Sí.
—¿Qué había descubierto Martin?
Helen respondió esta vez.
—Que Edward Vale había manipulado una sucesión familiar.
Reed la miró.
—¿Cómo lo sabía?
—Porque había encontrado una carta.
—¿Dónde?
—En los archivos de la antigua firma de abogados.
—¿La de Robert Vale?
Helen asintió.
—Robert trabajaba para su padre. Richard también estaba involucrado.
Thomas intervino.
—Richard no sabía todo.
Helen lo miró.
—Sabía suficiente.
—No lo suficiente para comprender lo que estaba haciendo.
—Eso no lo convierte en inocente.
Eleanor levantó una mano.
—¿Qué tenía Martin exactamente?
Helen miró la fotografía.
—Una prueba de que existía una heredera.
—Anna Bell.
—Sí.
—¿Y quién era ella?
—Una hija nacida fuera del matrimonio.
—¿De Edward Vale?
Helen asintió.
—Pero Edward nunca quiso reconocerla.
—¿Por qué?
Margaret respondió.
—Porque la existencia de Anna cambiaba quién tenía derecho a una parte de la fortuna.
—Entonces Martin descubrió que alguien había ocultado a una heredera.
—Sí.
—¿Y qué hizo?
—Intentó demostrarlo.
—¿A quién?
—A un abogado de Londres.
—¿Y por qué no llegó a hacerlo?
Nadie respondió.
Fue June quien finalmente habló.
—Porque Richard lo descubrió.
La habitación quedó en silencio.
—¿Qué ocurrió entre Richard y Martin? —preguntó Reed.
Helen miró hacia la ventana.
—Discutieron.
—¿Dónde?
—Cerca del embarcadero.
—¿Cuándo?
—La noche del 16 de septiembre.
—¿Qué vio?
—Vi a Richard golpearlo.
Thomas cerró los ojos.
—Helen...
—Ya no importa.
—Importa mucho.
Helen volvió la cabeza.
—Treinta y cinco años llevamos diciendo que no importa.
Eleanor comprendió que aquella frase no iba dirigida a Thomas, sino a todos.
—¿Martin estaba herido?
—Tenía sangre en el labio.
—¿Y después?
—Rose lo encontró.
—¿Dónde?
—En el camino hacia la estación.
June asintió.
—Sí.
—¿Tú también lo viste?
—Sí.
—¿Y Clara?
June bajó la mirada.
—También.
Reed tomó nota.
—Entonces los tres sabían que Martin estaba herido.
—Sí.
—¿Por qué no llamaron a la policía?
June miró a Eleanor.
—Porque Martin no quería.
—¿Por qué?
—Dijo que si denunciaba a Richard, los documentos desaparecerían.
—¿Y qué decidió hacer?
—Esconderse.
—En la habitación 17.
—Sí.
—¿Durante cuánto tiempo?
—No mucho.
—¿Por qué?
June tragó saliva.
—Porque alguien lo encontró.
Eleanor sintió que el silencio cambiaba.
—¿Quién?
June no respondió. Reed miró a Helen. Helen negó con la cabeza. Margaret se quedó mirando sus manos. Thomas finalmente habló.
—No sabemos quién.
Eleanor comprendió que aquella era otra mentira.
—Sí lo sabéis.
Nadie respondió.
—Alguien estuvo allí.
Thomas levantó la cabeza.
—Eleanor.
—¿Quién?
Thomas respiró hondo.
—Una mujer.
Reed se inclinó hacia delante.
—¿Margaret Shaw?
Thomas negó.
—No.
—¿Entonces quién?
—No lo sé.
Helen intervino.
—Era alguien que trabajaba para Edward.
—¿La mujer del anillo? —preguntó Eleanor.
Helen la miró.
—Sí.
Eleanor sintió un escalofrío.
—La mujer de la fotografía.
—Sí.
—¿Sabéis quién es?
Margaret negó.
—Nunca supimos su nombre.
—Pero la viste.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Aquella noche.
Reed miró a Margaret.
—Cuéntalo.
Margaret permaneció unos segundos en silencio.
—Martin salió de la habitación 17 acompañado de Rose.
—¿A qué hora?
—Poco después de las cinco.
—¿Por qué salió?
—Porque Rose había conseguido un coche.
—¿Adónde iban?
—A llevarlo fuera de Bellwood.
—¿Y Clara?
—Con ellos.
—Entonces Clara sabía que Martin se marchaba.
—Sí.
—¿Por qué declaró que había desaparecido?
Margaret miró a Eleanor.
—Porque era lo que Martin quería.
—¿Qué?
—Quería que Clara dijera que no sabía dónde estaba.
—Para protegerla.
—Sí.
Reed intervino.
—Pero alguien encontró a Martin antes de que se marchara.
Margaret asintió.
—La mujer.
—¿Qué hizo?
—Habló con él.
—¿Qué le dijo?
—No lo sé.
—¿Dónde ocurrió?
—En la estación.
—¿Y después?
Margaret bajó la voz.
—Martin salió con ella.
Eleanor sintió un escalofrío.
—¿Y Rose?
—Esperó.
—¿Por qué?
—Porque Martin le había dicho que volvería.
—¿Volvió?
June respondió.
—Sí.
Eleanor la miró.
—¿Cuándo?
—Al día siguiente.
—Entonces la historia oficial es falsa.
—Siempre lo fue.
Reed se inclinó hacia atrás.
—¿Por qué nadie lo dijo?
Thomas respondió.
—Porque Martin lo pidió.
—¿Y por qué?
—Porque la mujer lo había amenazado.
—¿Con qué?
—Con Clara.
Eleanor cerró los ojos durante un instante. Todo empezaba a encajar.
—¿Y Rose?
June respondió.
—Rose decidió ayudarlo.
—¿Cómo?
—Le consiguió otra identidad.
—¿Dónde?
—Fuera de Bellwood.
—¿En Kent?
June asintió.
—Sí.
Eleanor recordó la pequeña casa, la caja azul, la mujer de los guantes y los años posteriores.
—Entonces Martin vivió.
—Sí.
—Hasta 2004.
—No.
Eleanor la miró.
—¿No?
June negó lentamente.
—Hasta 2007.
Reed levantó la cabeza.
—¿Cómo lo sabes?
June miró a Eleanor.
—Porque Rose recibió una carta.
—¿De Martin?
—Sí.
—¿Qué decía?
June se quedó callada.
—Decía que había encontrado a Anna.
Eleanor sintió un escalofrío.
—Entonces estaba vivo.
—Sí.
—¿Y qué ocurrió después?
June bajó la mirada.
—No lo sabemos.
—¿Rose recibió más cartas?
—Una.
—¿Y después?
—Nada.
Eleanor comprendió que la desaparición de Martin no había sido un único acontecimiento.
Había sido una cadena de desapariciones.
Primero desapareció de Bellwood en 1991.
Después desapareció de Kent en 2007. Y entre ambas fechas había vivido utilizando otra identidad, manteniendo contacto secreto con Rose y siguiendo la pista de una heredera cuya existencia había sido ocultada durante décadas.
Reed sacó otro documento.
—Hemos localizado el expediente médico correspondiente a Martin Whitby bajo su identidad posterior.
Eleanor lo miró.
—¿Y?
—Murió en 2007.
—¿Cómo?
—Accidente de tráfico.
—¿Accidente?
—Eso dice el informe.
—¿Fue investigado?
—Sí.
—¿Se consideró sospechoso?
—No.
Eleanor permaneció pensativa.
—¿Y la mujer?
—No aparece en el informe.
—¿Y la caja azul?
—Tampoco.
—Entonces todavía falta una parte.
Reed asintió.
—La parte que puede explicar por qué Clara recibió una carta firmada con la letra de Martin.
El resto de la tarde lo dedicaron a revisar documentos antiguos.
Thomas recordó que Rose había recibido una carta de Kent en 2007 y que, después de leerla, había permanecido encerrada en su habitación durante casi dos días.
June recordó que Rose había quemado algo en la chimenea esa misma semana.
Margaret admitió que años después había visto a Rose reunirse con una mujer desconocida cerca de la iglesia.
Helen recordó que Richard Vale había preguntado por Martin todavía en 2004, mucho después de que oficialmente se hubiera marchado.
Cada recuerdo abría una puerta y, al mismo tiempo, demostraba que todos habían conocido solo una parte de la historia.