Chapter 13 #2
—¿Y sigue viva?
June lo miró.
—No lo sé.
Eleanor volvió a contemplar la fotografía. La mujer estaba mirando hacia la cámara. No parecía asustada. Parecía tranquila. Como alguien que sabía exactamente lo que estaba haciendo.
—¿Por qué Clara regresó ahora? —preguntó Eleanor.
June respiró profundamente.
—Porque descubrió que Anna seguía viva.
Eleanor sintió que el salón se quedaba en silencio.
—¿Dónde?
—No lo sé.
—¿Y Martin?
—También la encontró.
—En 1998.
June asintió.
—Sí.
—Entonces la carta que Rose recibió en 1998 decía que Martin había encontrado a Anna.
—Sí.
—Y Clara lo sabía.
—Sí.
—Pero si Anna estaba viva, ¿por qué nadie la buscó?
June respondió con una expresión que Eleanor no había visto antes.
—Porque Anna no quería ser encontrada.
Aquella tarde, Eleanor recibió una llamada de Reed.
—Hemos identificado a la mujer de la fotografía.
Eleanor se incorporó.
—¿Quién es?
—No estamos completamente seguros.
—Daniel.
—Tenemos un nombre probable.
—Dímelo.
—Margaret Shaw.
Eleanor sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
—Una mujer que trabajó para Edward Vale en los años ochenta y noventa.
—¿Y dónde está?
Reed permaneció en silencio unos segundos.
—Murió hace tres años.
Eleanor cerró los ojos.
—Entonces hemos llegado tarde.
—No necesariamente.
—¿Qué quieres decir?
—Tenía una hija.
Eleanor volvió a abrir los ojos.
—¿Quién?
—Estamos intentando localizarla.
La llamada terminó poco después. Eleanor permaneció sentada en el despacho, contemplando la fotografía de 1988.
La mujer que durante días había parecido una figura secundaria tenía ahora nombre, aunque aquel nombre no resolvía nada.
Margaret Shaw había trabajado para Edward Vale, había llevado el símbolo de la corona y había estado relacionada con la búsqueda de Anna Bell.
Si había sido ella quien había seguido a Martin y a Clara, quizá también había sido ella quien había manipulado parte de la historia.
Pero estaba muerta, y con ella parecía haberse cerrado otra puerta.
Sin embargo, quedaba la hija. Y Eleanor empezaba a comprender que la investigación no consistía únicamente en averiguar quién había asesinado a Clara, sino en descubrir qué personas habían heredado los secretos de quienes habían vivido 1991.
Al anochecer, June cerró la cocina mientras Eleanor permanecía en el despacho.
Había colocado las fotografías en una nueva disposición.
En el centro estaba Anna Bell, aunque solamente conocían de ella un nombre falso y una imagen parcial.
A un lado estaba Martin. Al otro, Clara.
Debajo había colocado a Rose. Más allá, Edward y Richard Vale.
Y finalmente Margaret Shaw, la mujer de la corona.
Eleanor trazó una línea entre ellos. Todos tenían un motivo. Pero los motivos no eran iguales. Algunos querían dinero. Otros querían proteger a alguien. Otros querían sobrevivir. Y uno de ellos había querido impedir que la verdad saliera a la luz.
El problema era que Clara había muerto en 2026, no en 1991.
Eso significaba que alguien había heredado algo más que los secretos de aquella época.
Había heredado también el miedo. Eleanor pensó en la fotografía desaparecida, en la amenaza, en la taza intercambiada y en la manera en que alguien había dejado deliberadamente una segunda taza azul en el camino que ella estaba siguiendo.
No parecía la conducta de una persona que simplemente quisiera ocultar un crimen.
Era la conducta de alguien que quería controlar qué partes de la verdad llegaban hasta ella y cuáles permanecían enterradas.
Y si aquella persona conocía la historia de Anna Bell, sabía que Martin había sobrevivido durante años y tenía acceso a los documentos de los Vale, entonces necesariamente había estado cerca de Clara antes de su muerte o había recibido información de alguien que la conocía muy bien.
Eleanor volvió a mirar la fotografía de 1991.
Esta vez se fijó en Clara. La joven Clara estaba junto a Rose y sonreía ligeramente.
Martin aparecía detrás. Richard estaba más lejos.
La mujer de la corona se encontraba al fondo.
Pero había algo extraño. Clara no miraba a la cámara.
Miraba a Martin y este tampoco miraba a la cámara.
Miraba a alguien que estaba fuera de la fotografía.
Eleanor acercó la imagen hasta que los bordes comenzaron a perder definición.
Entonces comprendió que había estado buscando durante días a la persona equivocada.
Martin no estaba mirando a Richard, ni a la mujer de la corona, ni siquiera a Anna.
Estaba mirando hacia la puerta del salón de té, y junto a aquella puerta aparecía una pequeña sombra que Eleanor no había advertido jamás.
No era una persona completa, solamente parte de un abrigo y una mano apoyada en el marco, pero en aquella mano había un detalle imposible de confundir: un anillo con una pequeña corona.
Eleanor sintió que el pasado acababa de acercarse demasiado. Porque la fotografía no mostraba solamente quién estaba dentro del salón de té aquella tarde de 1991. Mostraba también quién acababa de entrar.