Olivia
«Mira el lado bueno, Oli ―se dijo mientras se daba una ducha antes de bajar a cenar―. Así tendrás otra oportunidad de tirarte a César.»
«Va a ser esta noche.»
Cuando bajó al comedor se encontró con un ambiente bastante sombrío: Victoria acababa de descubrir que su archienemiga, Muriel Bahamontes, podía estar tramando un plan para que los bruhmas, en caso de desvincularse del rizoma Drago, dejaran también de pertenecer al pueblo de Dos Gemelos.
Para ello, siempre según la teoría que se estaba barajando en la mesa, se crearía un nuevo municipio para los bruhmas, algo así como un gueto moderno.
―Me recuerda a la partición de Palestina ―comentó Victoria mientras Estela les servía una deliciosa sopa de pescado―. Y ya sabemos cómo acabó aquello…
―Exactamente, ¿qué parte querrían segregar? ―planteó Andrés antes de meterse un trozo de pan en la boca.
―La isla donde nos encontramos, supongo ―observó César.
―Eso sería absurdo ―protestó su tía―. Prácticamente todos los bruhmas viven en el pueblo. ¿No pretenderán que se vengan todos a vivir aquí?
―¿Cuántos bruhmas potenciales viven en Dos Gemelos? ―quiso saber Olivia, por hacerse una idea.
―En el pueblo están mi hermano Javier, su mujer, sus dos hijos, mi hermana Elisa, sus tres hijos, mi primo Ramón y su mujer, la hija de otro de mis primos… ―fue enumerando Victoria mientras hacía memoria― En total serán unos catorce o quince.
―Contigo serían dieciséis ―añadió Olivia―. Diecisiete si contamos a César.
―Yo no vivo en Dos Gemelos ―replicó el aludido, provocando que su tía volviera la cabeza hacia él.
―Si recuperamos el rizoma Bruhma, no te quedará otra que vivir aquí ―señaló Victoria mirando con firmeza a su sobrino.
―Mi vida está en Faro ―protestó César con semblante serio.
―Y tu rizoma está aquí ―replicó su tía, fría como el hielo―. Si vas a ser el cabeza de nuestro rizoma…
―A día de hoy no parece que vaya a haber ningún rizoma ―disparó César antes de beber de su copa de vino.
El rostro de Victoria se volvió una máscara de horror e incredulidad. Lucio y Estela, que seguían en silencio la conversación, se miraron con preocupación.
Con intención de evitar que aquel desencuentro fuera a más, Olivia tomó la palabra.
―Estábamos contando el número de bruhmas. Dieciséis o diecisiete en Dos Gemelos. ¿Cuántos puede haber fuera del pueblo?
Victoria apartó su mirada de su sobrino y se volvió hacia Olivia.
―Otros veinte ―respondió recuperando la compostura.
De modo que, en la actualidad, el rizoma Bruhma contaría con algo menos de cuarenta miembros… Desde luego, no iba a ser un rizoma muy numeroso.
―Así que, segregando el pueblo, los dragos conseguirían mantener su estatus de pueblo monorrizomático ―concluyó Olivia.
―¿Se puede ser más rastrera? ―ladró Victoria con rabia en la mirada.
―Creo que nos estamos adelantando bastante ―dijo entonces Andrés―. El tema de la segregación tendría relevancia si realmente se reestableciera el rizoma Bruhma. Y, de momento, como acaba de señalar César, eso está muy lejos de ocurrir, ya que no tenemos el astrolabio.
No le faltaba razón. De nada servía adelantar acontecimientos. Primero debían encontrar el astrolabio.
―Mañana seguiremos visitando sospechosos ―propuso Olivia para intentar levantar el ánimo―. Encontraremos al responsable, ya veréis.
No era que Olivia creyera fervientemente lo que decía, pero prefería mostrar una actitud positiva para animar el ambiente y que la cena fuera un poco más distendida.
Tras la cena, Victoria se retiró a su habitación, y el matrimonio no tardó en desaparecer discretamente.
César, Andrés y Olivia se sirvieron una copa de whisky y se acomodaron en el sofá del salón.
Olivia esperaba que Andrés se bebiera su copa y se marchara a la cama, a hablar con su novio o a dormir, lo mismo le daba.
No obstante, Andrés dejó que César volviera a llenar su copa y continuó riéndole las gracias.
Olivia se sentía cómoda, ya que los dos eran muy agradables y congeniaba muchísimo con ambos. Se lo estaba pasando ciertamente bien. Pese a todo, deseaba quedarse a solas con César, ver hasta qué punto eran reales sus ganas de echar la “siesta” con ella.
Como no veía que Andrés tuviera mucha intención de retirarse, Olivia cambió de estrategia; fue ella la que anunció que se marchaba a la cama. Esperaba que César supiera aprovechar la ocasión y apareciera en su habitación poco después.
Esperó sentada en la cama, leyendo una novela de misterio ambientada en Irlanda.
Se decía a sí misma que César necesitaría una coartada para desaparecer, o quizás para no acompañar a Andrés al dormitorio que compartían.
Probablemente, el whisky que estaban tomando fuera demasiado caro como para tomárselo deprisa y corriendo.
Cualquier excusa era buena para justificar que César no diera señales de vida.
Sin embargo, Olivia no tardó en quedarse dormida, y esa noche nadie entró ni salió de su habitación.