El misterio de Casa Libar (La isla de los rizomas 2) Olivia
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Olivia

Sin embargo, el sobrinísimo no había aparecido aún en su habitación, lo que significaba, o bien que Victoria lo tenía ocupado, o que César no tenía intención de pasarse por allí para echar la siesta con ella.

«¿Cuando yo haya echado un polvo?»

―Cuando queramos, en realidad ―respondió, asumiendo que la visita de César no iba a ocurrir―. Sólo estaba leyendo un rato.

―Te interesa mucho el tema de los rizomas, ¿no? ―observó Andrés señalando el libro― Ayer me sorprendió lo puesta que estás en la disputa entre dragos y bruhmas.

―En realidad, antes de ser «la chica para todo» de Victoria, me dedicaba al estudio de los rizomas ―le explicó Olivia―. Soy antropóloga.

―¿En serio? ―se sorprendió Andrés― Pensé que ayer Victoria bromeaba cuando se refirió a ti como antropóloga.

―No me toma muy en serio, la verdad.

Andrés se acercó a la cama y se sentó a su lado.

―¿Puedo preguntar cómo ha acabado una antropóloga trabajando como asistente personal de una ricachona? ―la interrogó Andrés con una sonrisa divertida.

―Muy fácil. Es muy complicado vivir de la antropología. Y Victoria me paga muuuuuy bien.

Andrés soltó una carcajada.

―Te entiendo. Yo no soy anticuario, ¿sabes? En realidad, estudié Cine. Quería dedicarme a hacer películas. Y he acabado tasando cacharros viejos.

―¡Cineasta frustrado! ¡Quién lo diría! ―exclamó Olivia riendo a su vez― Pues mira, lo mío no es tan diferente. Yo he acabado trabajando para un cacharro viejo.

Soltaron una carcajada al unísono. Olivia decidió que el anticuario le caía bien; era un pobre hombre que como ella hacía lo que podía por salir adelante, y que como ella había terminado atrapado en esa casa de locos.

―¿Qué te llevó a interesarte por los rizomas? ―le preguntó Andrés, antes de añadir―. Yo me quise dedicar al cine por culpa de Regreso al futuro .

―En mi caso, fue por mi rizoma, el Tehúme ―se sinceró Olivia.

―Había asumido que como eras del barrio de Cazuelo, serías fiedra ―confesó Andrés.

Olivia le relató cómo, aun siendo parte del rizoma que representaba al pueblo nativo de la isla de Cabalar, no se sentía especialmente vinculada ni a la isla ni a las tradiciones locales que tanto ensalzaban los tehúmes.

―Siempre me he sentido un bicho raro, una intrusa en mi propio rizoma ―le explicó recordando los años de su adolescencia―.

Hasta que decidí investigar un poquito, y descubrí que los tehúmes como yo no teníamos nada que ver con los tehúmes originales, lo cual era una pena, porque era una gente muy interesante.

Así que comencé a interesarme más y más, y terminé estudiando Antropología en Faro.

―Supongo que todos solemos sentir dudas sobre nuestro rizoma ―observó Andrés―.

Yo mismo me siento superalejado del mío.

Por cierto, siendo una loca de los rizomas, habrás seguido el caso del asesino de róbledas ―comentó Andrés haciendo referencia al mediático caso que le había tocado vivir de cerca un año antes.

―¡Pues claro! Aunque tengo que admitir que no adiviné quién estaba detrás de los asesinatos.

―Y, en el caso del robo del astrolabio de los bruhmas ―dijo Andrés―, ¿crees que serás capaz de descubrir al culpable?

Olivia mostró su sonrisa más pícara.

―No te quepa la menor duda.