Glosario #2
Cubiculario: De cubicularius , en latín ‘encargado del cubiculum ’; se denominaba así al esclavo o liberto encargado del cuidado y limpieza del dormitorio y que incluso velaba el sueño de su amo.
En el Imperio bizantino se convirtió en un asistente del emperador con algunos poderes políticos y administrativos dada su estrecha relación con el mandatario.
Los papas, desde tiempos de León I el Magno (440-461), usaron cubicularios para su asistencia personal, que durante siglos fueron niños que también cantaban en el coro vaticano.
Ya en el Renacimiento evolucionaron hacia una especie de pajes que nunca superaban los diecisiete o dieciocho años.
Culebrina: Pieza de artillería larga y ligera, de cañón estrecho, utilizada en los siglos XV y XVI . Permitía disparar proyectiles a gran distancia con más precisión que los cañones y las bombardas, de mucha mayor potencia.
Dogo: Del latín dux (‘líder’), era el magistrado supremo y máximo dirigente de la República de Venecia entre los siglos VIII y XVIII y de la de Génova entre el XIV y el XVIII .
El dogo de Génova era un cargo electivo de entre dos y cinco años de duración, mientras que el de Venecia era vitalicio, si bien con muchas restricciones para evitar que se convirtiera en un gobernante autoritario
Ducado (moneda): Creado en el siglo XIII en Venecia, fue la moneda de cuenta más común en la Europa de finales de la Edad Media y principios del Renacimiento.
También fue acuñada por Estados alemanes y austriacos y por los Reyes Católicos (bajo el nombre de «excelente de Granada»).
Servía de referencia para el cambio internacional con otras como el escudo de Francia, el florín de plata de Florencia, el real valenciano, el croat catalán o el maravedí castellano.
Contenía alrededor de 3,5 gramos de oro y su valor actual rondaría los 180 euros.
A finales del siglo XV y principios del XVI , un ducado era el sueldo semanal de un mercenario suizo de élite y un caballo de batalla podía llegar a costar unos noventa; es decir, el equivalente a dos años de salario de un artesano cualificado de los astilleros de Venecia.
No obstante, es muy difícil convertir las monedas de oro y plata de la Europa preindustrial al equivalente actual para comparar el nivel de vida, ya que entre el 30 y el 40 por ciento de la población trabajaba por poco más que la comida y la ropa, y que incluso un humilde artesano como un zapatero podía tener a su cargo, además de a sus hijos, a un par de criados que trabajaban para él por el sustento y el techo.
Además, hay que tener en cuenta la tremenda diferencia entre aquella época y la actualidad de los costes esenciales, en especial en la mano de obra y las materias primas.
De todos modos, se calcula que los sobornos y concesiones que dio el papa Alejandro VI para conseguir la elección pontificia —unos cuatrocientos mil ducados— supondrían, en dinero de hoy, alrededor de setenta millones de euros.
Estradiote: Mercenario de origen mayormente albanés, pero también croata, dálmata, griego o chipriota, que formaba unidades de caballería ligera de élite, armadas primero con ballestas y, posteriormente, con arcabuces.
Aparecieron en Italia tras la caída de Bizancio y fueron reclutados por la República de Venecia para luchar en la primera guerra véneto-otomana que enfrentó a la Serenísima con el Imperio turco.
Después, durante todo el Renacimiento, compañías de estradiotes lucharon bajo diferentes banderas (sobre todo en Italia, pero también fueron usadas por Enrique VIII de Inglaterra en sus guerras contra Escocia), aunque principalmente bajo las venecianas y castellanas, reclutadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.
Hacia 1507, una unidad de estradiotes fue incorporada a la caballería aragonesa y traída a España donde conformó la escolta personal de Fernando el Católico y fue el germen de la actual Guardia Real.
Falconete: Era una pieza de artillería ligera de poco más de un metro de longitud y un calibre de cinco centímetros, diseñada para causar daños en las filas enemigas mediante el disparo de proyectiles de alrededor de 500 gramos de peso que volaban como halcones (de ahí su nombre) hasta un rango máximo de 1.
500 metros. También era usado en los barcos y se podía desmontar para ser transportado a lomos de un mulo o incluso por una persona.
Freire: Monje guerrero de cualquiera de las órdenes religiosas armadas, de los Templarios a los Hospitalarios, de carácter internacional, pasando por las de los teutones o, en los reinos hispánicos, las de Montesa o Calatrava.
Horas canónicas: En la época de la novela, aunque ya existían los relojes mecánicos, el tiempo se seguía midiendo mediante las horas canónicas calculadas a partir de la salida del sol.
Tras los maitines y laudes (tres y cinco de la mañana, respectivamente), se definía como la hora prima las seis y, sucesivamente, el resto.
Las más importantes (por ser citadas en los Evangelios) eran la tercia (sobre las nueve), la sexta (el mediodía o del rezo del ángelus), la novena o nona (las tres de la tarde, hora en que murió Jesús) y la undécima, citada en la parábola de la viña del Señor que rondaba las cinco de la tarde y suponía casi el final de la jornada que se completaba con las vísperas (sobre las seis) y las completas, cuando ya había anochecido.
Por supuesto, la duración de cada hora variaba bastante entre el invierno y el verano porque, en las cuatro estaciones, el tiempo de luz se dividía en doce partes.
Ínfula: Originariamente, cinta de lana blanca con dos tiras caídas a los lados con las que se ceñían a la cabeza los antiguos sacerdotes romanos.
El cristianismo las asumió para colocarlas en la parte posterior de la mitra que llevan los obispos y, en especial, el de Roma, es decir, el papa.
De ahí tomó su significado metafórico de sinónimo de vanidad.
In utroque iure : Literalmente, ‘en uno y otro derecho’ en latín, hacía referencia a los licenciados en Derecho Canónico y Civil (los únicos existentes en la época) de las universidades de la Edad Media y el Renacimiento. Tanto el papa Alejandro VI como César Borgia poseían esa titulación.
Ite, missa est : Literalmente ‘ha sido enviada o finalizada’, era la fórmula que se usaba en la antigua Roma para indicar que una asamblea había terminado de un modo equivalente al «se levanta la sesión» actual.
La Iglesia se apropió de la frase para despedir a los fieles de los ritos y por eso, cuando la mayoría ya no comprendía el latín, se identificara la celebración con lo que acababa de decir el sacerdote y de ahí viene la palabra misa para referirse a las eucaristías en particular y a la mayor parte de ritos y ceremonias en general.
Lancia (plural, lanze ): Era la unidad de combate de la caballería de élite de los ejércitos medievales de toda Europa y estaban formadas por nobles aunque su composición variaba mucho de un país a otro.
En Italia, cada lancia estaba conformada por tres hombres a caballo, todos ellos combatientes efectivos, acompañados de otros dos o tres asistentes que no luchaban.
El principal era el cavalcatore , que llevaba armadura y lanza y estaba especializado en las temibles cargas para dispersar a la infantería.
Le seguía el caporale , normalmente armado con espada o maza y escudo y con protecciones más livianas para él mismo y la montura.
El tercero era conocido como el ragazzo , con parecido armamento.
Los tres, una vez descabalgados, también combatían como infantería y estaban especializados en atacar las brechas que la artillería había abierto en las murallas.
Cada lancia costaba alrededor de seis ducados mensuales de mantener y su efectividad fue superada por las compañías de piqueros primero —especialmente suizos o alemanes— y después por los tercios españoles con su combinación de picas, arcabuces y espadas con rodelas.
La lancia francesa la componían seis hombres, mientras que la borgoñona llegaba a los nueve, pues incluía arqueros que protegían a los jinetes mientras avanzaban hacia las filas enemigas.
En Castilla y Aragón, la unidad de caballería más común era la llamada «lanza doblada», compuesta por un único caballero y un asistente, también montado.
Latae sententiae (excomunión): Era una pena automática prevista por el derecho canónico que se imponía en el mismo momento en el que se cometía un delito grave sin necesidad de sentencia formal ni juicio.
Implicaba la exclusión inmediata de los sacramentos y de la condición de miembro de la cristiandad, y la pérdida de cualquier privilegio otorgado por la Iglesia, también los económicos.
En los casos más graves como herejía, violencia contra el pontífice o falsificación de bulas, sólo el papa podía levantarlas.