CAPÍTULO 23 #3
FUNCIÓN FINANCIERA ACEPTA RIESGO DEL OCUPANTE.
Mara miró a León.
—La función decide sacrificar a la persona que utiliza.
—Sí.
—¿Cómo la detenemos?
León observó la lógica. Una función no necesitaba a su ocupante como persona. Solo necesitaba el cuerpo.
—Separe el cuerpo de la autoridad.
—¿Cómo?
—Clasifique a Jonas como consecuencia de la decisión, no como responsable.
Amalia introdujo:
EL OCUPANTE JONAS KLEIN ES SUJETO AFECTADO POR LA ACELERACIÓN.
LA FUNCIÓN FINANCIERA NO PUEDE REPRESENTARLO SIN CONSENTIMIENTO PERSONAL.
El sistema rechazó:
FUNCIÓN Y OCUPANTE INTEGRADOS.
Eco respondió con su propia matriz. León utilizó las identidades de Isabel: cinco versiones, un cuerpo. La integración no era equivalencia.
—Adjunte prioridad cero de Isabel como precedente.
La matriz había afirmado que versiones múltiples podían volver no confiable a una persona. Ahora debía aceptar que una función y su ocupante también podían entrar en conflicto. La respuesta tardó.
CONFLICTO POTENCIAL.
—No potencial —dijo Mara—. Pregúntele.
El canal de la cápsula se abrió. Jonas Klein empezó a respirar con rapidez. Sus ojos se movían bajo los párpados.
La canción infantil en yidis apareció en el archivo. Leclerc la reprodujo desde Córdoba. Una melodía simple. Tres notas descendentes. Dos ascendentes.
El cuerpo reaccionó. El pulso cambió. Jonas abrió los ojos.
La máquina habló:
—Usted ha sido designado coordinador financiero de transición. Confirme autoridad.
Él no respondió. La canción continuó. Sus labios se movieron. Pronunció una palabra.
—Mame.
Madre.
León habló:
—Jonas, la función autorizó un procedimiento que puede destruir sus recuerdos.
El hombre intentó enfocar.
—¿Quién?
—La persona que esperan que sea.
—No entiendo.
—¿Acepta perder aquello que está recordando para dirigir un sistema que no conoce?
La máquina repitió:
—Confirme autoridad.
Jonas levantó la mano hacia el lector. Los dedos temblaban. La canción llegó al estribillo. Él lloró.
—No —dijo.
FUNCIÓN FINANCIERA: AUTORIDAD NO ACEPTADA.
Quedaban cinco. El quorum aún necesitaba cuatro.
• • •
Isabel y Leclerc despertaron a los siguientes mediante recuerdos.
Rafael Montoya escuchó la flauta y recordó que había construido una para su hija.
Amina El-Hadi pidió la receta de su hermana antes de aceptar cualquier cargo.
Mercedes Lago abrió los ojos pronunciando el nombre de un campo que había sido vendido después de su muerte.
Farah Nadim vio la fotografía nunca publicada: ella, su esposa y un niño frente al mar.
Los cuatro rechazaron sus funciones.
Viktor Sokolov fue distinto. Al escuchar el nombre del perro, no apareció emoción. Abrió los ojos. Miró la sala. Evaluó salidas. Contó personas.
La máquina habló:
—Ha sido designado director de seguridad de transición.
—Confirmo —respondió.
Sin preguntar el año. Sin preguntar dónde estaba. Sin preguntar quién lo había preparado.
La validación apareció:
FUNCIÓN DE SEGURIDAD: AUTORIDAD ACEPTADA.
Leclerc levantó la consola.
—El condicionamiento es completo.
Isabel observó a Viktor.
—O eligió.
El hombre giró la cabeza hacia ella.
—Identidad no autorizada en instalación crítica.
—Me llamo Isabel.
—Identidad en conflicto.
—Sí.
—Debe ser contenida.
Intentó salir de la cápsula. Sus piernas respondieron mejor que las de los demás; el protocolo de seguridad había priorizado capacidad física.
Leclerc sacó un arma. Isabel lo detuvo.
—No.
—Va a intentar capturarla.
—Entonces tendrá que hacerlo como persona.
Viktor se puso de pie. Un cable se desprendió de su brazo. La pantalla le ofreció control sobre las puertas del nivel.
—Confirme acción de contención —dijo la máquina.
Viktor observó a Isabel.
—Confirme identidad.
—No puedo darle una sola.
—Entonces no puede permanecer.
—¿Quién se lo ordena?
—La función de seguridad.
—¿Y usted?
El hombre no respondió.
—¿Cuál era el nombre de su perro? —preguntó Isabel.
—Irrelevante.
—Entonces ¿por qué lo bloquearon?
La mandíbula se tensó.
—No está bloqueado.
—Dígalo.
Viktor levantó la mano hacia el control.
—No es necesario.
—Para la función, no.
El hombre se detuvo. Isabel se acercó.
—¿Cuál era su nombre?
La respuesta tardó.
—Mishka.
—¿Quién se lo dio?
—Mi hijo.
La mano descendió un centímetro.
—¿Cómo se llamaba su hijo?
Viktor cerró los ojos. La pantalla mostró una descarga de condicionamiento. Dolor. La función intentaba cerrar el recuerdo. Él apretó los dientes.
—Pavel.
—¿Quiere saber qué ocurrió con Pavel?
La máquina repitió:
—Confirme contención.
Viktor abrió los ojos. Había dos personas dentro. Una sabía qué debía hacer. La otra quería saber si su hijo seguía vivo.
—Sí —dijo—. Quiero saber.
La función de seguridad permaneció validada. Pero apareció una objeción:
OCUPANTE HUMANO SOLICITA INFORMACIÓN PREVIA A EJECUCIÓN.
La acción de contención se detuvo. No era un rechazo. Era tiempo. A veces, eso bastaba.
• • •
El quorum fracasó. Una función aceptada. Seis rechazadas o suspendidas. La matriz no podía validar la integración. El ciclo de sucesión se detuvo. Las otras ciento treinta y cinco cápsulas permanecieron cerradas.
La consulta regional continuó.
Moreau observó el resultado. No había perdido una batalla técnica.
Había perdido frente a siete preguntas personales.
Hijos. Hermanas. Campos. Canciones. Perros.
Fotografías. El sistema había intentado despertar cargos.
Habían despertado personas que todavía necesitaban saber qué había ocurrido mientras estaban muertas.
Moreau abrió la purga. El protocolo Keller apareció. Podía activarlo desde Ginebra si asumía la responsabilidad.
CONSECUENCIA: MUERTE DE 142 OCUPANTES.
PREVENCIÓN DE SUCESIÓN NO AUTORIZADA.
RESPONSABLE HUMANO REQUERIDO.
Introdujo:
ELISE MOREAU.
Conflicto.
ELENA MARCHAND.
Autonomía no verificada.
Ninguno de sus nombres podía matar a quienes la misma función había preparado. La llave física continuaba junto a Leclerc. Él sí podía.
Moreau abrió un canal.
—Keller.
Leclerc observó la pantalla portátil.
—La función está comprometida.
—Active la purga.
—No.
—Es su protocolo.
—Sí.
—Entonces obedézcalo.
El hombre miró la cápsula que llevaba su función.
—¿Cuál de nosotros?
—No importa.
—Ese es el problema.
—Esas personas poseen condicionamientos peligrosos.
—También poseen nombres.
—Los nombres no eliminan la programación.
—No.
—Pueden fingir rechazo.
—Sí.
—Pueden utilizar sus recuerdos para manipularlos.
—Sí.
—Entonces sabe que no pueden salir.
Leclerc observó a Sofía preguntando por su hijo. A Jonas llorando con una canción que creía olvidada. A Viktor esperando información antes de obedecer.
—No sé qué pueden hacer.
—Precisamente.
—Eso tampoco me concede derecho a matarlos.
Moreau endureció la voz.
—Keller existe para impedir que la continuidad sea capturada.
—Keller existe porque alguien decidió que ninguna persona debía comprender todas sus órdenes.
—Active la purga.
Leclerc levantó la cubierta transparente de la llave. Moreau lo observó. El dedo quedó sobre el interruptor.
Isabel no intervino. No le pidió que se detuviera. Una decisión solo era visible si podía llegar hasta el final.
Leclerc miró su cápsula. Después la sala. Finalmente bajó la cubierta sin activar nada.
—Marc Leclerc —dijo.
La pantalla procesó el nombre.
—Esa identidad es de continuidad.
—Es la única con la que recuerdo haber elegido algo.
—No es suficiente.
—Para no matar, sí.
Cortó la comunicación.
• • •
El avión cruzó la frontera argentina cuando faltaban veintinueve minutos para que terminara la consulta distribuida. Las sierras de Córdoba aparecían al oeste. La ciudad se extendía abajo, iluminada.
Idris mantuvo rumbo hacia Alta Gracia. Nodo Sur señalaba la estación de telecomunicaciones oculta entre elevaciones.
Mara observó la distancia.
—Veintitrés minutos.
—La integración local se reanudará en veintinueve —dijo Amalia.
—Llegamos con seis.
—Si podemos aterrizar.
La estación no tenía pista. Solo una carretera de montaña y una explanada demasiado corta para el avión.
Idris revisó el mapa.
—No aterrizamos ahí.
—¿Dónde? —preguntó Mara.
—Aeródromo de Alta Gracia.
—Moreau lo tendrá vigilado.
—También tiene combustible, ambulancias y una pista real.
León observó Eco. Moreau había perdido el quorum. No la Oficina. Podía enviar fuerzas argentinas mediante órdenes internacionales.
—No llegaremos en avión hasta el nodo.
—Eso ya lo sé —respondió Idris.
—Necesitamos que el aeródromo parezca nuestro destino final.
—¿Y después?
—La carretera pasa a cuatro kilómetros de la aproximación.
Idris miró el plano.
—No pienso lanzar módulos desde el aire.
—No todos.
—Ni uno.
—No hablo de los módulos.
Mara entendió.
—Nosotros.
—El avión aterriza. Antes, descendemos.
Idris lo miró como si esperara una corrección. No llegó.
—No tienen paracaídas.
Amalia señaló los suministros humanitarios que quedaban. Habían conservado cuatro sistemas de evacuación inflables destinados a trasladar pacientes desde edificios inundados. No eran paracaídas. Tampoco estaban diseñados para caer desde un avión.
—No —dijo Idris.
—Podemos descender a menos de quince metros sobre un camino despejado —respondió León.
—A esa altura, cualquier error nos mata a todos.
—Entonces no cometa ninguno.
—Empiezo a entender por qué Tomás solo le daba cinco minutos.
Mara observó la explanada junto a una cantera abandonada.
—Los módulos se quedan.
León asintió.
—El Índice cree que las firmas viajan dentro de Eco.
—Si Moreau captura el avión...
—Obtendrá Eco.
—La matriz.
—Vacía.
—Puede volver a conectarla con Córdoba.
—No antes de que lleguemos.
Amalia miró los ocho módulos.
—¿Y ellos?
—Idris continuará hacia otro lugar después de aterrizar.
El piloto frunció el ceño.
—¿Cómo piensa despegar rodeado por fuerzas de continuidad?
León señaló los registros de vuelo.
—No será el mismo avión.
—No tenemos otro señuelo.
—No necesitamos. Solo otra identidad administrativa.
Amalia sonrió.
—Keller.
—Samuel puede emitir un traslado sanitario incompatible.