El Meridiano CAPÍTULO 8 #3
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CAPÍTULO 8 #3

Él no respondió.

Varda tomó el disco con una pinza. En el reverso aparecía un número.

C-14.

—Custodia —dijo León.

Leclerc cerró los ojos.

—No debería estar aquí.

—¿Lo reconoce?

—Keller tenía uno.

—¿Qué significa C-14?

—No lo sé.

—Otra respuesta inútil.

—No me lo explicó.

Mara miró el cuerpo.

—¿Este hombre pertenecía a la Custodia?

—O querían que lo creyéramos —dijo Varda.

Se acercó al asiento trasero. Había una bolsa transparente con varios objetos: un teléfono, una computadora portátil, documentos y un sobre. El sobre llevaba el nombre de Daniel Kessler; dentro había fotografías de transferencias, accesos al sistema y conversaciones con Nadir.

La evidencia completa. Ordenada. Numerada. Lista para ser entregada a un fiscal.

—Un culpable perfecto —dijo Mara.

—Sí.

—Pero no es Kessler.

—No.

—Entonces ¿dónde está el verdadero?

El teléfono de la bolsa comenzó a sonar. Los tres lo miraron. En la pantalla aparecía el nombre:

DANIEL KESSLER.

Mara respondió.

—Daniel.

La voz llegó entre interferencias.

—¿Encontraron el coche?

—Sí. ¿Dónde está?

—No puedo decirlo.

—Hay un hombre muerto con su rostro.

Silencio.

—Entonces ya empezó —dijo Kessler.

—¿Qué empezó?

—La sustitución.

Varda tomó el teléfono.

—¿Quién era el muerto?

—No lo sé.

—Miente.

—No.

—Reconoció el método.

Kessler respiró hondo.

—La Custodia crea identidades de reemplazo.

—¿Para qué?

—Para retirar personas del sistema sin declararlas muertas.

—¿Y dejar cuerpos en su lugar?

—A veces.

Mara se acercó.

—¿Trabaja para ellos?

—No por elección.

—Todo el mundo dice eso esta noche.

—Encontré una irregularidad en Orfeo hace siete meses. La informé. Dos días después me desperté en una habitación sin ventanas. Me mostraron una grabación de mí mismo confesando delitos que no había cometido.

Varda observó el archivo abierto en el automóvil.

—Una historia sin contradicciones.

—Sí.

—¿Qué querían?

—Que dejara el acceso activo.

—¿Para Nadir?

—No lo sé.

—¿Qué instalaron?

—El repetidor de tiempo. Pero no lo utilizaron ellos.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque estaba programado para una fecha distinta.

Mara frunció el ceño.

—¿Cuál?

—Dentro de seis meses.

León miró el cadáver.

—Entonces Helena encontró un mecanismo ya instalado y cambió la activación.

—O alguien quiere que parezca eso.

La voz de Kessler bajó.

—El repetidor no fue creado para robar El Meridiano.

—¿Para qué?

—Para hacer desaparecer un segundo de otra cosa.

—¿Qué cosa?

—No me lo dijeron.

—¿Quiénes son la Custodia?

—Personas que creen que Génesis no debe pertenecer a ningún gobierno, pero tampoco hacerse público.

—Una tercera posición.

—No. Una prisión.

La llamada se llenó de estática.

—Daniel —dijo Mara—, necesitamos encontrarlo.

—No.

—Pueden matarlo.

—Ya lo hicieron.

La línea se cortó. Mara intentó rastrearla. No había datos.

Leclerc miró el disco C-14.

—Keller pertenecía a ellos.

—¿Lo sabía? —preguntó Mara.

—Sospechaba.

—Y no lo dijo.

—No sabía si seguían existiendo.

Varda observó el cadáver. Una identidad falsa con el rostro de Kessler. Una confesión perfecta. Una cuenta técnica que explicaba cada acceso. Un suicidio dentro de un vehículo cerrado. Todo diseñado para terminar la investigación.

Tomás Vale había sido condenado mediante el mismo principio. No ocultar las contradicciones. Eliminarlas.

—Quien preparó esto no quiere que investiguemos a Helena —dijo Mara.

—No.

—Quiere que creamos que Kessler actuó para ella.

—Sí.

—Entonces la Custodia está protegiendo a Nadir.

Varda negó.

—Está protegiendo el secreto.

—¿Aunque eso implique dejarla continuar con el golpe?

—Quizá considera que el golpe es menos peligroso que lo que podemos descubrir al detenerlo.

Leclerc señaló la bolsa.

—Tenemos que sacar los archivos antes de que llegue la policía.

—No —dijo León.

—Son pruebas.

—Son una historia.

—Podemos analizarlas.

—Eso esperan.

Mara miró las cámaras.

—La alerta ya debe haberse activado.

A lo lejos se escucharon sirenas.

León se agachó junto al cadáver. Examinó la camisa, el pantalón, los zapatos. Había pequeñas manchas blancas en la manga izquierda. No polvo. Cristales.

Tomó una muestra. La acercó a la nariz.

Mara lo observó.

—¿Qué es?

—Sal.

—Las carreteras están tratadas por el frío.

—No es sal de carretera.

—¿Cómo lo sabe?

—No tiene residuos minerales oscuros. Es demasiado pura.

Leclerc miró la manguera.

—¿Parte del montaje?

—No.

Varda abrió el puño del muerto. Debajo de las uñas había partículas húmedas. Probó una con la punta de la lengua antes de que Mara pudiera detenerlo.

—¿Está loco?

—Cloruro de sodio. Sin aditivos.

—Eso sigue siendo sal.

—Agua de mar evaporada recientemente.

Mara miró alrededor del estacionamiento.

—Estamos a más de cien kilómetros de la costa.

—El cadáver no murió aquí.

—¿Cómo lo sabe?

—La sal está dentro del puño y bajo las uñas. Tocó una superficie mojada antes de morir.

—Podría ser una piscina.

—Habría cloro.

—Un spa.

—Aceites.

Leclerc se acercó.

—¿El mar?

Varda observó los zapatos: las suelas estaban limpias, pero en la costura había una fibra verde muy fina. La extrajo.

Alga.

—Lo mantuvieron cerca de agua salada.

—¿Dónde?

—Un puerto. Un acuario. Una instalación industrial.

—Hay cientos.

—Pero solo una vinculada con identidades de reemplazo y sistemas que oficialmente no existen.

Mara esperó. León miró el disco C-14. La letra no representaba Custodia. No necesariamente. Podía ser una sección. Un contenedor. Una cámara. Un muelle.

—Busque instalaciones costeras adquiridas o administradas por empresas relacionadas con Adrian Keller.

Leclerc sacó su teléfono.

—No tengo acceso a sus sociedades.

—La llave sí.

Varda tomó la pieza 317. En la memoria interna había aparecido la credencial de auditoría; si Keller había utilizado el mismo sistema para acceder a los archivos ferroviarios, quizá conservaba registros de otras infraestructuras.

Mara conectó la llave a la computadora del automóvil. La pantalla pidió autorización. León seleccionó auditoría patrimonial. Apareció una lista de activos: ferrocarriles, depósitos, centros de datos, instalaciones marítimas. Solo una llevaba el código C-14.

**CÁMARA DE COMPENSACIÓN 14.

PUERTO DE ROTTERDAM.

ESTADO: CLAUSURADA.**

Mara leyó la descripción.

—Una antigua instalación de comunicaciones financieras.