CAPÍTULO 68
La fortaleza de Heimkellucía muy distinta de las sofisticadas murallas de Teff.
En las Tierras Verdes, la arquitectura estaba basada en la tosquedad de la piedra sin refinar, pasto de los musgos que se alimentaban de su humedad eterna.
Dos hombres fornidos vestidos con pieles de color pardo y armados con lanzas custodiaban la entrada.
Allí se los denominaba colmillos y eran los militares que protegían al clan.
Al ver a Lorick y a Attaegina vestidos como nómadas del Sur se pusieron a la defensiva.
─Espera aquí ─le dijo Lorick a Atti. Y se apeó de Eclipse con los brazos levantados en son de paz.
Cuando llegó hasta los centinelas, le pidieron que se descubriese la cabeza.
Entonces lo reconocieron muy pronto como a uno de los suyos.
No les impresionó poco su arpón: Lorick se lo mostró mientras dialogaba con ambos un rato y, minutos después, cuando les abrieron el portón, regresó donde estaba Atti para conducir al caballo al interior.
─¡Lorick, hijo mío! ─se abrió paso entre las brumas la característica voz de Oberón, con su recio acento del Norte. Lorick se quedó sorprendido.
─Padre... ¿Qué haces aquí?
Oberón abrió los brazos para recibir un abrazo de su hijo, que no comprendía nada. Después miró a Atti con un inusual interés, como si quisiera asegurarse de que, bajo ese turbante de nómada, realmente iba ella y no se la habían cambiado. Attaegina se puso tensa.
─Simplemente me he anticipado a los acontecimientos ─explicó Oberón─. Es noticia en todas partes que la guardia de Nabor XIII busca desesperadamente a una chica de Bérika.
─¿Qué? ─exclamó Atti. Oberón continuó:
─Una chica ángel, por lo visto. También se busca a un joven del Clan del Salmón. Intuyo que eres tú, ¿no, hijo?
Lorick no dijo nada. Parecía muy preocupado. Oberón los escudriñó de arriba abajo con un deje despectivo.
─Vais vestidos como ese nawal , veo. También lo están buscando. A él y a una adivina. Ahora mismo, vuestras cabezas tienen todas un precio. Pero la joya de la corona eres tú, Attaegina.
Oberón se fijó todavía más en Atti.
─Vaya, vaya… Parece que nos hemos cortado la trenza ─observó, y miró a Lorick tratando de intuir a qué se debía tal hecho. ¿Acaso esperaba que hubiese boda? Lorick negó con la cabeza discretamente.
─¿Y mi familia? ─preguntó Atti ignorando las insinuaciones de Oberón─. ¿Y si les pasa algo por mi culpa?
─Tranquila, buscaremos una solución. La sangre no llegará al río, te lo puedo asegurar. Pero ya hablaremos largo y tendido. Ahora será mejor que entréis a calentaros y a quitaros la mugre del camino. Venga, estáis empapados.
La ciudadela de Heimkel era básicamente una plaza fortificada que había crecido en torno a la casa familiar de los del Salmón, el lugar de honor en donde vivían los altos cargos del clan.
Precisamente allí fue a donde llevaron a Atti mientras Lorick conducía a Eclipse a las caballerizas.
Oberón iba delante caminando con un deje altivo mientras colmillos, arrieros y otras gentes se agolpaban en torno a ellos para mirar con una mezcla de curiosidad y temor a la chica ángel de la que todos ya habían escuchado historias, su cicatriz negra y sus ojos de otro mundo.
Cuando Atti entró, agradeció el calor de la enorme chimenea del vestíbulo contenido entre las paredes de piedra de la edificación.
El tumulto seguía creciendo a su alrededor dando pie a un constante murmurar que fue aumentando en intensidad hasta que algo, no supo qué, restauró el silencio de la noche en medio de la multitud: era una presencia aparentemente pequeña y desvalida, la de una mujer más anciana que ningún otro habitante de Heimkel, huesuda y sembrada de arrugas, la melena blanca como nieve y la mirada de quien ya lo ha visto todo en la vida.
Sin embargo, Atti percibió en ella una energía muy basta y sólida.
─Dejad paso a la Matriarca ─ordenó alguien con voz autoritaria. La anciana se desplazaba despacio ayudándose de un bastón. Vestía de gris y se cubría los hombros con una estola de piel de armiño. Cuando estuvo delante de Attaegina la escudriñóde arriba abajo con actitud meticulosa.
─Attaegina Mentastro, ¿eres tú?
Atti asintió.
─Me han hablado mucho de ti. Llevo años esperando conocerte.
Sin dar tiempo a que Atti pudiera responder, se giró para ordenar que la recién llegada fuera atendida como merecía, con ropa limpia y agua caliente para un baño.
─Las muchachas se ocuparán de ti, Attaegina ─le dijo sin permitir que respondiera─. Nos veremos para cenar.
Se dio media vuelta mientras todo el mundo regresaba a sus quehaceres, y entre tanto, tres doncellas de tez blanquísima rodearon a Attaegina para llevarle el equipaje y conducirla hasta uno de los torreones del caserón. Sus rostros inexpresivos y su frialdad le recordaron un poco a Epona.
Cuando subieron al torreón, las muchachas prepararon una bañera con agua caliente para Attiy se llevaron su ropa sucia.
─¿Quiere que le frotemos la piel? ─le preguntó una de ellas─. Puedo cepillarle el cabello.
Attaegina nunca había sentido su intimidad tan invadida. Ella había crecido en una familia de granjeros, no estaba acostumbrada a esas atenciones de gentes de alto rango.
─Prefiero estar sola ─resolvió.
La muchacha, que no sería mayor que Tauh, no insistió.
─Perdón ─se limitó a responder.
Y se marchó con las otras dos dejando a Atti a solas con su cuerpo desnudo en el centro de una sala circular.
El suelo estaba cubierto de pieles de oso y venado, las ventanas, diminutas y rectangulares, se cerraban con postigos de madera, y las muchachas recientemente habían alimentado la chimenea con leña de abedul.
En comparación con la vida austera que había llevado en el templo, privada de lo más necesario, se sintió como una emperatriz.
Sin embargo, algo le impedía disfrutar de su merecido descanso.
Quizás era Oberón, su presencia siempre la inquietaba.
O quizás fuera ese lugar, o la Matriarca.
¿Qué había querido decircon que llevaba años esperando?
Se suponía que aquel era el clan de Lorick, es decir, aliados, amigos, gente de confianza.
Enemigos de Nabor. Ahora que había llegado por fin a ese refugio perdido en el fin del mundo cercado por las montañas y las brumas de las Tierras Verdes, ¿qué podía temer?
Terminó de bañarse mucho antes de lo esperado.
Se cepilló el cabello ella misma y quiso ponerse la túnica que Pantera le había regalado porque, ante todo, no quería dar una imagen apocada delante de la Matriarca, pero cuando la tuvo en las manos comprendió que en Heimkel iba a necesitar otra clase de ropa para protegerse del frío.
Así que terminó vistiéndose al estilo de las gentes del clan, con prendas de lana y una estola cubriéndole los hombros.
Cuando salió del torreón, las muchachas la esperaban en silencio.
La acompañaron tras preguntarle si elbaño y la ropa habían sido de su agrado, pero no le dieron ningún tipo de conversación y solo la miraron de reojo como si temieran ofenderla, hasta que llegaron a un salón privado en donde la Matriarca esperaba sentada a la mesa delante de una suculenta cena a base de jabalí hervido y setas de cardo.
Attaegina creyó que vomitaría si se comía todo aquello.
─Toma asiento, chica ángel. Todo esto se ha preparado para ti ─la invitó la anciana.
Atti obedeció dando las gracias.
─¿Se han portado correctamente las esclavas? ─ prosiguió─. Llevan poco tiempo trabajando en casa. Espero que hayan sido educadas.
─Sí, claro... ─respondió Attaegina terminando de comprender.
¿También allí tenían esclavas? ¿Como en Teff?
Se sintió como una estúpida respondiendo así, con tanta indiferencia.
Pero es que estaba completamente desconcertada.
Para colmo, Oberón entró en escena y se sentó con ellas a la mesa sin dejar de dirigirle esa sonrisa paternalista que tanto detestaba.
─¿Y Lorick? ─preguntó comprobando que no había una cuarta silla para él.
Oberón negó con la cabeza:
─Está en el gran salón cenando con los hombres. Son sus tíos y primos, lo han echado de menos. Pero no te preocupes, Atti. Ya tendréis tiempo. Qué impacientes estos jóvenes.
La Matriarca no sonreía. Parecía una mujer parca que no tenía necesidad a su edad de ser diplomática ni complaciente si no era estrictamente necesario.
─Oberón me contó que perdiste tus poderes, Attaegina ─comenzó mientras partía un pedazo de pan de centeno con las manos─. Eras la chica oráculo de Caliza, ¿verdad?
Atti asintió.
─ Lo era, sí ─ dudó después ─ . No sé cómo ni por qué sucedió.
─Algo sabía, pero, ¿acaso no has estado en el Templo del Laurel? ¿Ni siquiera los has podido recuperar con las enseñanzas de las sumas sacerdotisas?
Atti les hizo saber que no. Oberón parecía decepcionado. La Matriarca, en cambio, seguía tanteando el terreno.
─Querida, no me he presentado todavía, disculpa mis modales: mi verdadero nombre es Titania y soy la mujer más longeva que ha pisado estas tierras.
En su momento, más o menos cuando yo tenía tu edad, fui capaz de canalizar algunas profecías importantes para mi gente.
Sin embargo, perdí mis dones hace tiempo.
Por eso teníamos la esperanza de que algún día tú fueras nuestro oráculo.
─ Atti quiso responder pero Titania no la dejó ─ .
No, no, no pasa nada. Tranquila. Ahora sabemos que vienes del pueblo angélico.
Eso aún te hace más especial para formar parte de nuestro clan.
─Pero yo no tengo ningún lazo familiar con el Clan del Salmón.
La Matriarca miró a Oberón con aire despectivo y aquel bajó la cabeza como un niño al que fueran a regañar en cuanto terminase el encuentro.
─Bueno, era lo que todos esperábamos ─continuó Titania─. Si te hubieras casado con Lorick, como era lógico, el problema estaría resuelto. Pero parece que últimamente has cambiado de idea, ¿no?