CAPÍTULO 65
─Mi verdadero nombre es Amneris. Entré en el templo cuando tenía once años.
Nilo tenía tres. Ninguno de los dos sabíamos quiénes eran nuestros respectivos padres.
En cuanto a mi madre, hacía lo que podía para sacarnos adelante en el barrio más cochambroso de Teff.
Creyó que podía apartarme de la miseria si me aceptaban como discípula en elTemplo del Laurel, así que reunió lo que había ahorrado para mí durante años y me acompañó ella misma hasta allí, rezando para que mi humilde dote fuera suficiente.
Además, eso suponía una boca menos que alimentar.
Y curiosamente la suerte nos sonrió, o eso pensamos aquel día, cuando el Patriarca Nabor me vio y dijo que no era necesario pagar por mi tutela: entré en el templo gracias a mi belleza.
Attaegina recordó que Ibis había mencionado algo al respecto de la belleza de las discípulas. También recordó que a ella no la habrían querido ni pagando si el Patriarca no hubiera pasado por allí en ese momento descubriendo sus maravillosos ojos de ángel. Pantera prosiguió:
─Nabor es un cerdo mujeriego. Siempre lo fue. O, ¿quién, si no, crees que dejó embarazada a Sekmis, si las sacerdotisas no pueden ser tocadas por ningún hombre?
─¿El Patriarca? ─preguntó Attaegina recordando la vez que lo vio intimando con Ibis.
─Claro.
Los gritos de terror de Nimeriaregresaron a los recuerdos de Pantera, aunque también a los de Atti, sobrecogida al pensar que su propio padre la había escogido para ofrecerlaen sacrificio a cambio de poder.
─El caso es que la paternidad de Nabor se ocultó muy bien, al igual que el embarazo de Sekmis. Ni siquiera Nimeria sabía que eran sus padres. Así que nadie la reclamaría, nadie sospecharía, pues no es extraño que haya discípulas huérfanas.
─Cierto, como Epona. La vendieron como esclava y el Patriarca la acogió.
─Epona era... ¿especial?
─Era una fae , algo así como un ángel del reino de Madre Tierra.
Attaegina sintió que una pena horrible le oprimía el pecho al recordar a la pelirroja.
─Sí, el Patriarca es experto en seleccionar a las doncellas para los sacrificios.
La mayoría de las discípulas que se ordenan son enviadas a otros templos, pero no está permitido que vuelvan a tener contacto con el Templo del Laurel ni con sus antiguas compañeras.
De esa manera, ninguna sospecha que otras, las que tienen atributos especiales, son sacrificadas a Molok.
Nunca más se sabe de ellas y a nadie le resulta extraño.
─Pero volviendo a nuestra historia, por suerte para mí, en un lugar oscuro y lúgubre como era el templo conocí a Nimeria,y mi vida, por primera vez, se llenó de una luz que nunca, nunca antes había conocido.
Ella era del Círculo del Oráculo. Yo, del Círculo Arcano.
Solo que en esa época a las discípulas se nos permitía reunirnos para la mayoría de las rutinas del templo, por tanto a nadie le parecía peligroso que pasáramos tanto tiempo juntas.
─Durante los años que siguieron crecimos protegiéndonos la una a la otra constantemente, acompañándonos en las noches cuando echábamosde menos un hogar que jamás tuvimos.
Entonces, la edad nos volvió inevitablemente rebeldes.
Estábamos hartas de la disciplina, del ayuno, de la falta de libertad, y con trece años empezamos a investigar el templo a escondidas, cada uno de sus rincones, y descubrimos los pasadizos subterráneos.
Por la noche, cuando todo el templo dormía, explorábamoshasta donde se podía.
En esa época, Nimeria me llamaba Pantera porque decía que me camuflaba en la oscuridad.
─ Se rio con nostalgia ─ . Y en una ocasión, sin saber ni cómo, logramos llegar hasta estos acantilados.
Nos pusimos tan contentas que decidimos que sería nuestro refugio y nos prometimos que un día nos escaparíamos juntas y vendríamos a vivir aquí.
Éramos unas ingenuas, pero a esa edad crees que lo sabes todo, como Nilo ahora.
Al pobre lo abandonó mi madre en una taberna y la cocinera se hizo cargo de él.
Cuando lo supe, lo traje aquí, por eso se conoce las entradas secretas al templo.
Nimeria y yorobábamos pan de las cocinas para traérselo.
─¿Y no sospechaban de vosotras?
Pantera sonrió como si algún recuerdo divertido hubiera resucitado de pronto en su memoria.
─Nunca. Éramos tremendas. Teníamos ambas un talento excepcional, cada una en sus materias, así que se nos consideraba muy buenas discípulas. No se podían ni imaginar todo lo que tramábamos.
─En el templo una compañera me contó vuestra historia. Dijo que se os castigó por compartir conocimientos.
─Más o menos. Nimeriay yo nos enseñábamoscada una a la otra lo que aprendíamos en nuestras respectivas escuelas.
Lo hacíamos a escondidas. Habíamos cumplido dieciséis años y queríamos ser las mejores, tan sabias y poderosas como para salir del templo y tener un porvenir sin tener que depender del Patriarca.
Hasta que un día, haciendo una lectura de arcanos, recibimos una información terrible: descubrimos el secreto del nacimiento clandestino de Nimeria.
Se sintió tan decepcionada, tan engañada, que perdió las formas y se marchó a encararse con Sekmis, a pedirle explicaciones.
Yo la acompañé. Sekmisno supo manejar la situación y le dio una bofetada, entonces yo le salté encima.
Te juro que la habría matado de no ser porque Ibis llamó a la guardia.
Así es como descubrieron que practicábamossin permiso.
Pero no fue lo más grave: una travesura como esa habría quedado en anécdota de no ser porque comprometía el honor del Patriarca y de una suma sacerdotisa que, en contra de lo que se predicaba allí, no era virgen.
Así que nos encerraron en los calabozos a las dos, pero no podíamos vernos ni escucharnos.
─Durante días nos torturaron de hambre y de sed.
De vez en cuando, un soldado nos echaba pan duro por las rendijas de la puerta.
Y cuando consideraron que habíamos escarmentado, nos sacaron de allí en secreto total, claro, para que el resto de discípulas no se contagiara de nuestra rebeldía.
Y cuál no fue mi terrible sorpresa cuando le vi la cara a Nimeriay descubrí. ..
Se derrumbó de nuevo. No era necesario mencionar ya esa parte de la historia. Attaegina sabía que aNimeria, al igual que intentaron hacerle a ella, le habían quitado los ojos para entregárselosa Molok. Sus hermosos ojos de otro mundo.
─Arremetí contra Nabor. ¡Intenté estrangularlo con mis propias manos!
Entonces nos drogaron a las dos con el veneno del Gran Laurel para colocar nuestros cuerpos en el esquife sin que opusiéramosresistencia.
Y nos despertamos poco después en medio de ese túnel negro anegado de agua turbia que huele a cementerio.
Además, tuvieron la desfachatez de colocarle a Nimeria la corona de flores que llevan las sacerdotisas cuando se ordenan, para humillarla.
Por suerte conocíamos todas las grietas, cada entresijo, cada pasadizo.
No solté la mano de Nimeria ni un solo momento.
Le prometí que yo sería sus ojos, siempre y para siempre.
Así que intentamos escapar, pero Molok ya estaba allí, hambriento, voraz y loco por tragarse lo que le quedaba de ese manjar que pocas veces en sus cientos de años había tenido la ocasión de probar. Loco por comerse a un ángel.
─A Nimeriale salieron dos hermosas alas blancas durante un instante y voló por encima del agua mientras yo me abrazaba a su cuerpo.
Creíamos que habíamos burlado al monstruo, que éramos libres y que nunca nos encontraría.
Pero apenas nos habíamos alejado por esa grieta oculta en los pasadizos cuando los tentáculos de Molok la atraparon y me la quitaron para siempre sin que yo pudiera evitarlo .
Pantera se cubrió el rostro con ambas manos para ocultar una mueca de profundo dolor. Ya no le quedaban más lágrimas por derramar. Sin embargo, la herida no había cicatrizado aún.
─Si teníais tan buenos dones para la adivinación, ¿cómo es que no supisteis antes lo que sucedía allí? ─le preguntó Atti con mucha sutileza─. Cuando estuve en el templo, ninguna de mis compañeras parecía darse cuenta de que ahí dentro habitaba una energía monstruosa.
─Es por el Gran Laurel. Su veneno anula la percepción de los sentidos, hace que las discípulas entreguen su voluntad.
Las vuelve dóciles y las confunde. Eso, además, se agrava cada vez que confirman sus votos, en cada ceremonia.
Todo ese templo era una inmensa mentira. Pero gracias a ti, ya no existe.
La adivina de los acantilados se abrazó fuertemente al cuerpo de Atti cuando la tristeza la golpeó de nuevo.
─¿Crees que Nimeriame ha perdonado por no haber podido salvarla? ─le preguntó con el corazón en un puño.
Atti quiso responderle, pero sintió que no le correspondía a ella decir nada cuando Nimeriaapareció a su lado. La miró con sus ojos iridiscentes y le pidió que hablara en su nombre.
─Nimeriaestá aquí ─anunció Attaegina. Pantera levantó la cabeza, mirando a todas partes, temblorosa.
No podía verla, aunque podía percibir su energía angelical.
Atti prosiguió─ : Nimeria quiere que sepas que nunca hubo nada que perdonar.
Ella sabe que hiciste cuanto estuvo en tu mano, que habrías saltado a la boca de Molok en su lugar sin dudarlo un momento.
Pantera apretó las mandíbulas para contener un sollozo desgarrador. Atti prosiguió:
─Nimeria también quiere decirte que su alma encarnó en humana para encontrarse contigo porque quería ser tu ángel de la guarda. Y le hace feliz haberlo conseguido, haberte cuidado hasta el punto de haber muerto por salvarte.
Attaegina pudo ver que Nimeria se aproximaba a Pantera y la abrazaba.
─Puedo sentirla ─susurró la adivina─. Puedo oler su piel y su pelo…
Atti asintió con la cabeza, conmovida.
─Nimeria te agradece que le hayas perdonado la vida a Sekmis. Sabe que un día comprenderás que ella no desea venganza. Solo quiere que vivas, que abraces la vida que no pudisteis compartir. Y también dice que irá siempre contigo, que estará muy cerca todo el tiempo.
La silueta espectral de Nimeria besó a Pantera en la frente y se separó de ella girándose para mirar a Attaegina, sonriendo con templanza.
─¿Se ha ido ya? ─preguntó Pantera con angustia. Atti respiró hondo, profundamente emocionada.
─Se va. Sí. Dice que te quiere. Y también desea que hagas una última cosa por ella.
Pantera tragó saliva. Apenas le salía la voz:
─¿El qué?
─Que te perdones ya a ti misma.