El Mercader de Sari (Las Reliquias del Nawal 1) CAPÍTULO 61
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CAPÍTULO 61

Halcón siempre había creído que el Cosmos era justo, que todo sucedía según un equilibrio perfecto, que el Cosmos ordenaba cada cosa que existía y la ponía en su lugar.

Ahora, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, todas esas creencias, sus convicciones, las directrices que habían marcado su camino de vida, acababan de desaparecer con Attaegina bajo un chorro de tinta negra en la mandíbula hedionda de Molok.

La chica a la que amaba, por la que habría muerto sin dudar, se había marchado del mundo para siempre.

Ese diablo se la había tragado. A ella y a su fe.

Fuera del círculo de luz Lorick, desgarrado por el dolor y loco de rabia, todavía se empeñaba en arponear los tentáculos de la bestia a sabiendas de que, si no huía ya, tendría el mismo destino que Atti.

Pantera y Nilo, todavía impactados por lo que acababan de presenciar, trataban inútilmente de llevárselo lejos mientras que Halcón sentía que tendría que haber sido él quien estuviese allí.

Tendría que haber sido él a quien devorara el monstruo.

─¡Se acabó! ─dijo el Patriarca con satisfacción─. Mi diablo al fin ha podido cenar. Ahora se marchará por el agua rumbo a las Islas Arkas para hacer lo que mi ejército no ha sido capaz. Molok es muy obediente cuando tiene el estómago lleno, ¿sabes?

─¡Voy a terminar con tu diablo y contigo esta noche!

─bramó Halcón colocándose en posición de combate.

Acto seguido erigió su bastón y lo golpeó tres veces sobre el suelo, momento en el cual una punzada de dolor atravesó su pecho de lado a lado.

Después le fallaron las piernas: el veneno seguía su curso.

─Bien, Halcón. Mi tiempo es precioso, no puedo desperdiciar una hora aquí contigo contemplando cómo te mueres. Así que permíteme que te ayude. Te ahorraré minutos de sufrimiento, joven. El veneno se vuelve muy doloroso cuando llega al corazón .

A Halcón no le quedaban fuerzas ni ganas de vivir.

Deseaba marcharse muy lejos de la vida para, tal vez, poder encontrarse con Attaegina una última vez en su camino al otro lado, al mundo del espíritu.

Además, le flaqueaban las piernas y le pesaba la sangre.

Toda su piel empezaba a mostrar una tonalidad morada. Muy mala señal.

Cuando Nabor llegó junto a él lo derribó de una patada y Halcón cayó boca arriba con la fragilidad de un muñeco de trapo.

Entonces el Patriarca materializó una vez más su bastón, pero esta vez lo hizo muy afilado y lo apoyó en el pecho del mercader con la intención de atravesarle el corazón.

Con el extremo le abrió un poco la ropa para tocar su piel y…

de pronto vio algo que le hizo cambiar de opinión.

Era el sello de protección, muy difuminado ya pero todavía reconocible.

Entonces se detuvo y, observándoloen silencio, tomó una decisión.

─Te doy la oportunidad de vivir, Halcón ─ le propuso repentinamente ─ . Puedo salvarte con un solo toque de mi bastón y revertir el efecto del veneno. ¿Qué me dices?

Halcón tenía los párpados entrecerrados y tragaba el aire con la boca abierta. Aún así, la propuesta de Nabor le despertó la curiosidad. ¿Qué querría ahora el Patriarca, quien siempre salía ganando con sus tratos?

─¿Qué sacas a cambio? ─le preguntó desconcertado.

─Que me obedezcas. Ese es el trato: te salvo la vida y te unes a mis filas. Tienes potencial.

─Y eso, ¿por qué? ¿Por qué ese súbito interés por un principiante como yo?

Halcón no le creía. ¿Por qué no lo había matado aún? Sabía que el Patriarca le ocultaba algo, pero ni siquiera se imaginaba qué. Había algo relacionado con aquel sello que al parecer muy pocos sabían. Y Nabor era uno de esos pocos.

─¿Lo tomas o lo dejas, Halcón?

─Me lo imaginaba, quieres un esclavo más.. .

Nabor esperó pacientemente, imperturbable. Y finalmente Halcón se limitó a negar con la cabeza.

─Está bien, joven. Tú lo has elegido. Aun así, prefiero darte una muerte rápida. Reconozco que la chica ángel y tú habéis consumido hoy toda mi paciencia.

Halcón no se resistió más. Ni siquiera podía hacer nada por Lorick y los otros, que habían luchado hasta el final y tal vez no vivirían para contarlo.

Así que destensósu cuerpo mientras el Patriarca volvía a apoyar sobre su pecho el extremo del bastón.

Esperaba que fuera rápido, limpio, que le ahorraraminutos de dolor.

Se encomendó a Padre Cielo y a Madre Tierra y asumió su derrota.

Sin embargo, Nabor todavía parecía albergar dudas.

¿Por qué no lo había matado ya? Le había dado tiempo de sobra. ..

─Deja en paz a ese joven, Nabor ─intervino alguien con quien nadie contaba.

Alguien capaz de atravesar el círculo de luz: solo un nawal muy poderoso podría haber llegado hasta allí.

Y por segunda vez Nabor detuvo su bastón.

Reconocía esa voz, solo que llevaba tiempo, mucho tiempo, sin escucharla. Tal vez siglos.

─¿Tú? ─ se sorprendió el Patriarca, que creyó estar viendo un fantasma.

Halcón sonrió aliviado cuando comprobó que no era ningún delirio: su maestro había venido por fin.

Con el turbante de los nómadas cubriendo su cabeza y la barba más larga que nunca, el rostro curtido por el viento del desierto y el cuerpo enjuto, cualquiera habría pensado que no era más que un mercader jubilado.

Sin embargo, su sola presencia bastó para que Nabor se pusiera tenso.

─Halcón, ¿qué te ha pasado? ─le dijo arrodillándose sobre él suavemente─. ¿Por qué no me llamaste antes?

─Porque no recordaba tu nombre… ─murmuró el joven nawal respirando con fatiga.

─Es por mi culpa. Pensaba que el Cosmos te haría recordar… En fin, Halcón. Perdóname. Tuve que proteger muy bien mi nombre de miserables como Nabor para que no pudieran usarlo en sus malas artes.

Levantó la cabeza y buscó al Patriarca con la mirada, adoptando un gesto desafiante.

Y de repente ya no quedó en él nada del viejo mercader.

De sus ojos, unos ojos de otro mundo y otra era, manaban poder ancestral y sabiduría antigua.

Eran los ojos de un ángel, y solo alguien igual de poderoso osaría enfrentarse a él.

─Vergüenza te tendría que dar hacerle esto a un niño de veintiún años, Nabor. Tú que has vivido siglos acumulando experiencia y poder, ¿en qué clase de nawal te has convertido?

Halcón no podía creer lo que escuchaba. ¿Cómo que siglos? ¿Qué edad tenía realmente el Patriarca?

─Tu discípulo me retó, viejo ─se excusó Nabor con cinismo─. Yo no tengo nada que ver. Él debía saber que se estaba enfrentando a un pez demasiado gordo. Tal vez quería impresionar a esa chica ángel, pobrecilla… La culpa, en cualquier caso, es tuya por no enseñarle prudencia.

El anciano nawal iba a responderle algo cuando la respiración de Halcón cambió: eran los estertores de la muerte. Tiritaba en el suelo con la mirada perdida y toda su piel había adoptado un peligroso tono morado.

─Me estoy muriendo, maestro… ─susurró─. Y no he logrado… Molok…

Su maestro lo obligó a callar. Se veía tranquilo. Entonces, hizo aparecer un bastón de luz en sus manos, igual que había hecho Nabor antes del combate, y lo apoyó en el pecho de Halcón.

─No digas tonterías, Halcón. Tú no te vas a morir hoy. Yo no voy a permitirlo.

Y pronunciando un rezo en voz baja mientras trazaba símbolos en el aire con la mano que tenía libre, todo el veneno que había emponzoñado la sangre de Halcón comenzó a vaciarse en el bastón, transmutándose y convirtiéndose en luz blanca y sanadora.

─¡Eso va contra las reglas! ─protestó Nabor─. Halcón me pertenece, ha perdido. Que se atenga a las consecuencias .

El viejo le asestó otra mirada hostil.

─No va contra nada si se trata de maestro y discípulo. Tengo derecho a salvarlo.

─Entonces, tendrás que ocupar su lugar.

─Contaba con ello, Nabor. ¿O crees que he pasado a saludarte?

A Nabor no le gustó la idea. De pronto sus planes se habían visto truncados por la aparición del viejo.

Además, enfrentar a Halcón no fue más costoso que espantar a una mosca, pero el veterano era harina de otro costal…

Cuando Halcón quedó limpio del veneno letal del Patriarca, su maestro le dio unas palmaditas en la cara para despertarlo.

─¿Esos de ahí son amigos tuyos? ─le preguntó el viejo, que reconoció a Lorick.

Halcón, desubicado y con la visión borrosa, distinguió al nórdico y a los demás al otro lado del círculo.

Asintió con la cabeza. Entonces, su maestro clavó el bastón en la barrera de luz y abrió en ella un pliegue por el que podría salir, como si se tratara de la lona de una tienda de campaña─. Ve con ellos, ¡rápido! ¡Marchaos!

─Pero, ¿y Molok? Él… ─Tuvo que contener el llanto mientras se ponía de pie muy despacio─. ¡Él ha devorado a Attaegina, maestro! ¡He fracasado, he…!

─¡Que te vayas! ─le ordenó el viejo comenzando a perder la paciencia.

Y Halcón, gateando lento y con torpeza, llegó hasta Lorick y Pantera, que le ayudaron a ponerse en pie y lo sujetaron para que no perdiese el equilibrio.

Entonces su maestro cerró el círculo de nuevo.

Se giró hacia Nabor y se colocó en posición de combate.

─Está bien ─le dijo el Patriarca ocupando el lugar que le correspondía frente a su adversario─. Me has arrebatado al chico porque la Ley estaba de su lado.

─¿Es que te interesa tomarlo como discípulo? ─insinuó su oponente. Nabor no respondió, era obvio que deseaba algo de Halcón, pero ¿qué? El recién llegado prosiguió─: Halcón es bueno, pero solo es un aprendiz en comparación con cualquiera de nosotros dos. ¿Por qué lo quieres?

─Quedan pocos nawales en el mundo. Simplemente he pensado que podría adherir alguno a mis filas. Pero no tiene mayor importancia. Molok lo va a devorar antes de que salga el sol. Y ahora, a lo que íbamos, viejo.

─Es gracioso que me llames viejo cuando ambos sabemos que tenemos la misma edad, Nabor.

Exactamente novecientos treinta y seis años que se cumplieron el pasado solsticio.

Los mismos que hace que fundaste esta ciudad.

Solo que tú has usado el prana para rejuvenecerte, como pueden ver mis ojos.

Y eso, que yo sepa, sí va contra la Ley. Eso es magia oscura.

─Ha sido necesario, todo cuanto he hecho es necesario para mantener el orden en esta tierra.

Ha sido sencillo hacer creer a mis súbditos en una larga dinastía de patriarcas cuando realmente he sido el mismo, todo el tiempo, cambiando de nombre y de identidad.

Es la única manera de controlar a los humanos.

Preparó su bastón. Estaba harto de tanta conversación y quería terminar pronto con su oponente. En cualquier caso, el viejo no se mostraba intimidado. También tenía su arma lista.

─Los humanos no necesitan ni quieren que los controles ─le respondió─.

Tú y yo vinimos aquí a cumplir con una misión, la de librar a la Nueva Pangea de criaturas como Molok.

¡Éramos ángeles, Nabor! ¿Qué te pasó? ¡Nunca pensé que caerías!

¡Tú no, Nabor! Y ahora, mírate: alimentándote de ellos como ese calamar que te hace el trabajo sucio.

Nabor sonrió. Cada pieza de su dentadura de oro había inaugurado una nueva dinastía en su centenario patriarcado.

Pero ya no le quedaban más dientes por añadir.

¿Sería aquel, bajo el nombre de Nabor XIII, su último reinado?

¿O se convertiría en el dueño de Nueva Pangea y ya no necesitaría disfrazarse nunca más?

─Dejé de ser un ángel hace mucho, mucho tiempo, viejo.

─Entonces, si eso es lo que quieres, te enviaré al lugar al que realmente perteneces .

El viejo nawal , ahora sí, comenzó a ejecutar una invocación. El simple tacto de su bastón en el suelo provocó un temblor en la tierra que se sintió hasta las murallas de Teff, y tanto fue así que Halcón y los demás se tambalearon mientras se alejaban de allí lo más rápido que podían.

─Según la Ley ahora es mi turno, Nabor. Y por favor, deja ya de llamarme viejo .

No me gusta. ─Se irguió y expandió el pecho, pareciendo aumentar en altura, tornándose solemne y temible al mismo tiempo.

Y fue entonces cuando anunció─: Mi verdadero nombre es Elkerael, por si no lo recordabas.

Y te prometo que muy pronto volverás a olvidarlo cuando te envíe a los soles para que te purifiques por todas tus maldades.