El mejor libro (según Gladys) Capítulo 6 Momentos Auténticos de la Semana #2
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Capítulo 6 Momentos Auténticos de la Semana #2

—Hola, mi amor —dijo Gladys, y luego, más bajo, casi en un susurro, para que nadie más la oyera—: ¿Y la risa?

Kimi se detuvo medio segundo. Solo medio. Luego siguió caminando hacia la carpa de maquillaje, y desde adentro, a través de la lona, se oyó la voz de Lorenzo diciendo "Kimi, tienes el labio temblando, ¿quieres agua?", y la voz de Kimi diciendo "es el sol, Lorenzo, es el puto sol".

*   *   *

Rodaron el Momento Auténtico número uno veintitrés veces.

En la toma uno, Duquesa apareció en el sendero según lo planeado, pero en lugar de cruzarse frente a Gladys, se sentó en medio del camino, bostezó, y se quedó mirando a cámara con un desprecio tan puro y tan profesional que el director, un muchacho con gorra que se llamaba Iker y que decía "divino" a todo, dijo "divino" y pidió repetir.

En la toma dos, Gladys se tropezó con la correa antes de tiempo, sin que nadie se lo pidiera, porque la correa estaba ahí y ella era una mujer de reflejos.

Cayó sobre el césped quemado de cara, sin brazos al cielo, sin sentada suave, sin 12-B, con un ruido de colchón que se rinde, y desde el suelo, con la boca llena de hierba seca, gritó:

—¡MANGÓOOOON!

El equipo entero se quedó inmóvil. Fabián Rocafuerte se tapó los ojos.

Tobías anotó algo con furia. Kimi, que estaba de pie a su lado con la botella de Hydra-Glow en la mano y el diálogo "tía, tú siempre tan tú" preparado en la boca, soltó por la nariz algo que no llegó a ser risa pero estuvo muy cerca, un resoplido corto, de Westchester, que los micrófonos captaron perfectamente.

—Corten —dijo Iker—. Divino. Pero no. No podemos decir "mangón". No es palabra de marca. Además, ¿qué significa?

—Nadie sabe —dijo Gladys, escupiendo hierba—. Ese es el punto.

—No, el punto es la hidratación.

En la toma siete, Gladys hizo una 12-B perfecta.

Perfecta de verdad: rodilla izquierda, rodilla derecha, muñecas protegidas, nube inexistente, brazos al cielo, Dios llevado consigo.

Fabián aplaudió. Tobías midió con la pipeta una lágrima que Gladys había producido gracias al pañuelito de mentol y certificó 0,06 mililitros exactos.

Kimi dijo "tía, tú siempre tan tú" con la sonrisa vulnerable perfecta, le ofreció la mano, la ayudó a levantarse, y la botella de Hydra-Glow quedó visible con la etiqueta hacia cámara durante los cuatro segundos reglamentarios.

—Divino —dijo Iker—. Divino. Esa es.

Todos celebraron. Valeria, que había seguido la grabación desde la oficina por una transmisión en directo, mandó un mensaje que Lorenzo leyó en voz alta: OK. En Nativa Creative Group , eso equivalía a una ovación de pie.

Pero Gladys, de pie en el sendero, con la hierba en el pelo, la lágrima de mentol secándose en la mejilla y la botella de Maracuyá Consciente en la mano, se sentía rara.

No sabía explicarlo. Era como cuando una prueba un plato que ha cocinado siguiendo la receta al pie de la letra y descubre que no sabe a nada.

Como cuando una se mira en el espejo del probador de una tienda cara, con una luz que no existe en ningún otro lugar del universo, y se ve bonita, y sabe al mismo tiempo que no es ella.

Había caído perfectamente. Había dicho su diálogo.

Había llorado 0,06 mililitros. Y no había sentido absolutamente nada.

Miró a Duquesa, que había vuelto a su manta de cuadros y la observaba con sus ojitos negros de veterana.

La perra bostezó.

*   *   *

Mientras tanto, a seis kilómetros de allí, en la calle 49 de Hialeah, sentada en la mecedora del portal con los rulos puestos, un vaso de café con leche en una mano y el celular de pantalla rota en la otra, Doña Chela Ruiz grababa su decimocuarto audio para Kimi Soto.

Llevaba toda la mañana en eso. Había recibido el mensaje de Kimi la noche anterior, a las 23:14, y al principio no lo había creído, porque su sobrina de Orlando le había advertido que en internet había mucha gente que se hacía pasar por famosos para robarles la pensión a las viudas.

Pero luego había visto el círculo azul con el chulito junto al nombre, que según su sobrina significaba que la persona era de verdad, y se había sentido tan importante que tuvo que tomarse la presión.

Había contestado a las 5:30 de la mañana, que era su hora natural de despertar desde 1962.

El primer audio había durado cuatro minutos y había consistido principalmente en bendiciones, un resumen del clima y una explicación detallada de cómo Doña Chela había conocido a Gladys en 2003, cuando esta se mudó a la casa de al lado con un camión de mudanza que rompió la cerca y dos cajas llenas de ángeles de porcelana que, según Doña Chela, "ya desde entonces una se daba cuenta de que esa mujer tenía algo".

El segundo audio había sido sobre los dos exmaridos.

El tercero, sobre el primer exmarido específicamente.

El cuarto, quinto y sexto, sobre el segundo.

A partir del séptimo, Kimi, que escuchaba todo desde la carpa de maquillaje del Parque Las Palmeras con un audífono escondido bajo el sombrero de paja, había empezado a hacer preguntas.

"¿Y cómo se le ocurrió lo del desmayo en el mall, señora?"

Doña Chela había contestado con el octavo audio:

"Ay, mija, eso fue una cosa. Esa mujer estuvo toda la semana practicando.

¡Toda la semana! Yo la oía a través de la pared, ¿ves?

Pum. Pum. Y un chillido como de pato. Y ella diciendo 'ay, qué calor, Dios mío', 'ay, qué calor, Dios mío'.

Yo pensé que se estaba muriendo. Le toqué la pared y todo.

Diecinueve veces, mija. Yo las conté. Yo cuento todo. "

Kimi, en la carpa, se había quedado muy quieta.

"¿Diecinueve veces?"

Noveno audio:

"Diecinueve, mija. Y eso no es nada. Tú tienes que ver la pizarra."

"¿Qué pizarra?"

Décimo audio. Doña Chela bajó la voz, como si alguien pudiera escucharla desde la calle, lo cual, en la calle 49, era siempre una posibilidad:

"Ella tiene una pizarra, mija. De corcho.

En la cocina. Al lado de San Judas. Y ahí escribe todo.

Con marcador rojo. La hora, el lugar, todo.

'Martes, once y cuarto, supermercado, pasillo cuatro, caída natural'.

Así mismo lo tenía escrito. Yo lo vi por la ventana.

Yo tengo buena vista, ¿ves? Me operé de cataratas en el 2019 y el doctor me dijo que tenía ojos de águila.

Bueno, él no dijo águila. Pero yo lo entendí así. "

Kimi dejó que la estilista le terminara de rizar el pelo en silencio. Luego escribió, despacio:

"Señora Chela, ¿usted tiene foto de esa pizarra?"