El match perfecto Capítulo 26
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Capítulo 26

El refugio de los cobardes

Vanesa

Cierro la puerta con el corazón latiendo a prisas e intentando no parecer desesperada. Apoyo la espalda contra la madera, dejo caer la cabeza hacia atrás y cierro los ojos, llevándome una mano al pecho.

«Estoy a salvo». O al menos, lo estoy superficialmente.

Sé que usar la excusa del dolor de cabeza para evitar a Adriana fue de cobardes.

Pero ninguna de las dos preguntó; bastó con la rigidez de mis hombros y mi pésima expresión para ser convincente, apartarme de la realidad, buscar un rincón y pudrirme por dentro en la soledad de este dormitorio cargado de demasiadas cosas.

La cama sigue revuelta y en cada uno de los pliegues de las sábanas, me descubro recordándome a mí misma, haciéndola gemir.

Me dejo caer de rodillas y entierro el rostro en la almohada donde ella apoyó la cabeza.

Inhalo con desesperación, buscando una dosis de ese aroma que me vuelve loca y que, al mismo tiempo, amenaza con destruirme.

El recuerdo de su cuerpo temblando bajo el mío, su sabor inundándome la boca, sus jadeos rompiendo las barreras de esos doce años de amistad que hasta entonces disfrutábamos.

Anoche me entregué a ella sin pantallas de por medio. Fui la mujer que la ama en silencio desde hace tiempo, la misma que siempre estuvo ahí mientras Elena le destrozaba la autoestima, la que descubrió todas sus fantasías a través de Siren_9 y la que se escondió bajo ese perfil cibernético.

Yo quería contarle la verdad. Era algo que estaba en mis planes hacer. Pero esta mañana yo misma me he cavado mi propia tumba.

Esa maldita palabra resuena en las paredes de mi cerebro, susurrándome que nada ni nadie podrá salvarme de esta.

—¡Joder! —golpeo la almohada y ahogo un gemido de pura frustración.

Todavía puedo ver cómo las piezas encajaron en su mente, cómo el puzle de mentiras que tardé días en construir se venía abajo en un solo segundo. Vi la verdad cruzándole la mirada como un rayo. Y vi, por encima de todo, el miedo a la traición.

Porque eso es lo que he hecho. Traicionarla.

—¿Cómo he podido ser tan torpe?

Siren_9 nació con la finalidad de protegerla y al final, se convirtió en un refugio a través del cual, podía tenerla sin miedo a perderla.

Adriana estaba rota. Elena la había convencido de que no valía nada, de que su cuerpo ya no despertaba deseo en nadie, que su intensidad era un defecto insoportable.

Yo solo quería que ella recordase quien era; devolverle el brillo a los ojos, hacerla sentir deseada y viva.

Pero todo se me fue de las manos y antes de que me viera como una depravada manipuladora, decidí huir y romperle el corazón.

Y anoche… bueno. Simplemente me dejé llevar por todo lo que siento por ella.

—Eres miserable, Vanesa —me digo en un susurro rasgado, mirando fijamente la sombra de la luz proyectada en la pared.

Percibo el murmullo vago de sus voces afuera, y aunque no consigo distinguir las palabras exactas, sé de qué están hablando. Conozco a Adriana lo suficiente para saber que estará atando cabos.

Me llevo las manos al pecho aplacando el ritmo descontrolado de mi corazón.

Me da pánico pensar en lo que debe estar sintiendo en este preciso instante.

¿Sentirá asco de mí? ¿Se sentirá utilizada?

¿Pensará que toda nuestra amistad ha sido una mentira?

El solo pensamiento de que Adriana me mire con desprecio me produce tanto dolor...

Prefiero mil veces su indiferencia o su enfado a ver en sus ojos la sombra de la decepción.

No sé el tiempo que pasa, pero de un momento a otro, la luz del sol desaparece. Adriana no aparece en toda la noche y mi intuición me dice que, seguramente, Sonia la haya invitado a dormir con ella.

Me levanto de la cama y camino a oscuras hacia el pequeño tocador, donde se encuentra mi teléfono.

No tenemos cobertura, pero no me importa.

El icono de SapphoMatch brilla en la pantalla, y decido borrar la app de una vez por todas, destruyendo así cualquier prueba de mi locura.

Pero eliminarla no borra lo que pasó. No borra el sonido de mi voz susurrándole ese sunshine al oído.

No sé qué voy a hacer mañana cuando me levante, ni cómo voy a mirarla a los ojos durante el desayuno.

Solo sé que no puedo seguir fingiendo que no pasa nada, tampoco poniendo excusas.

Adriana no es tonta. Sonia tampoco. La tensión entre nosotras es tan espesa que terminará por asfixiarnos a las tres si no le pongo un punto final.

Tengo dos opciones: seguir negándolo todo, jurarle por lo más sagrado que fue una casualidad sin importancia, y condenarme a vivir en la mentira para siempre; o ser valiente por una vez y confesarle toda la verdad.

Decirle que soy Siren_9 , que la creé para protegerla y al final se me fue de las manos.

Decirle que me enamoré de ella hace años y que todo lo que pasó anoche, fue fruto de todo lo que siento pro ella.

Pero esa confesión implica arriesgarlo todo y si me rechaza, no solo perderé la oportunidad de tener algo con ella; perderé a mi mejor amiga, a mi pilar, a la mujer que ha sido el centro de mi gravedad durante años.

Me vuelvo a acostar sobre la cama, buscando un calor que no llega. La casa queda sumergida en un silencio absoluto, roto únicamente por el ulular lejano de alguna ave nocturna en el pinar.

No pego ojo en toda la noche. Me dedico a contar el avance de las horas, y cada vez que cierro los ojos, la mirada de Adriana se abre paso en mi mente. Ella lo sabe. En el fondo de su corazón, lo sabe. Y la duda ya no es si se ha dado cuenta o no, sino qué demonios va a hacer con esa verdad.

Supongo que mañana lo descubriré. Por ahora, solo me queda respirar y pensar en qué le voy a decir cuando tengamos un momento a solas para hablar.