El match perfecto Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Ella no responde, pero no hace falta porque la vibración de mi dispositivo se vuelve profunda e insistente dentro de mi cuerpo. Suelto, ahora sí, un gemido ronco que no freno y tampoco oculto, y me acomodo mejor sobre las almohadas, con los ojos cerrados y las piernas bien abiertas para ella.

—Quiero más… —me pide, y la voz le tiembla con un descaro delicioso.

Subo dos niveles de golpe y su respiración se vuelve acelerada, caótica. Puedo escuchar sus gemidos, sus jadeos roncos. En mi imaginación la dibujo tocándose, moviendo sus dedos entre los pliegues húmedos de su cuerpo, arqueando la espalda para mí.

El placer me sube por el vientre en oleadas cuando ella aumenta la vibración para mí y llevo la mano libre a uno de mis pechos, para pellizcarme un pezón con rabia. El teléfono está en la cama, así que me aprovecho para tocarme, para masturbarme al ritmo de la vibración y gemir en libertad.

—Me enloquece escucharte gemir…

No sé cuánto tiempo pasa mientras nos damos placer la una a la otra, mientras la imagino rozándose conmigo, lamiendo mi sexo o llenándose la boca con mis pechos. Pero el primer orgasmo se adueña de mi cuerpo y me arqueo, disfrutando de esa sonrisa triunfal que de seguro tiene en los labios.

—Siren…

—Tranquila, que esto no ha terminado aún… —Y coloca mi vibrador en el nivel máximo sin temblarle el pulso.

El segundo orgasmo llega de forma mucho más profunda, más prolongada y destructiva que el anterior.

Me cubro la boca para no despertar a todo el vecindario, pero el sonido amortiguado llega perfectamente a sus oídos.

Su propia respiración se vuelve errática.

Sé perfectamente que está rozando su propio límite y eso me anima a manipular el control de su dispositivo, y llevarla hasta el final.

—Joder… —Un gemido largo, grave y gutural se le escapa de entre los labios mientras la sacude un orgasmo brutal. El sonido de su gozo me hace estremecer de arriba abajo, como si su placer atravesara la red y se me instalara en las piernas—. No quiero parar…

—No te atrevas a hacerlo… —le suplico, con una voz rota y casi irreconocible de tanto gimotear—. Quiero uno más. Contigo.

—Y yo quiero comerme tus tetas… —confiesa, y me conduce de nuevo hacia el borde del abismo con una lentitud desesperante, paladeando cada segundo de mi tortura.

Estoy completamente empapada en sudor. El sujetador de encaje me asfixia. Me lo desabrocho y lo tiro al suelo dejando mis pechos al descubierto, me encantaría que los viera y me tomo unos segundos para enviarle una fotografía que deja a la vista la curva de mis pechos, con los pezones endurecidos.

—En realidad, quiero comerte entera…

—Hazlo… Hazlo hasta que te sacies…

El último orgasmo me sacude con un impacto brutal que no veo venir.

El placer brota desde lo más profundo de mi ser, se expande sin control y me nubla por completo la razón.

No sé en qué momento pasa. Solo sé que, en mitad de esa vorágine de sensaciones, un nombre surge desde el fondo de mi alma, listo para salir disparado por mi boca con toda la verdad que llevo guardando.

Me clavo la mano a los labios en el último milisegundo y el nombre de Vanesa queda interceptado, ahogado contra mi propia piel.

—Esto… ha sido… sencillamente insuperable —articula ella, interrumpiéndose con una risita baja que me deshace por dentro—. Joder. No tengo ni la menor idea de cómo voy a ser capaz de articular una frase coherente después de esto.

—Yo tampoco… —consigo responder, sintiendo que el cuerpo me flota sobre las sábanas—. Ha sido… absolutamente increíble.

Nos quedamos en silencio durante unos minutos, escuchando únicamente el sonido de nuestras respiraciones que van recuperando su ritmo natural.

El dispositivo sigue colocado en mi interior, ya apagado, pero la sensibilidad permanece intacta; cualquier leve roce de la tela me arranca un escalofrío delicioso.

Me recuesto de lado sobre la almohada, fijando la mirada en la pantalla como si pudiera mirarla.

—¿Te has quedado a gusto?

—Mucho más que a gusto —respondo, y la sinceridad aplastante de mi tono me encoge el corazón—.

Aunque, si te soy totalmente franca… ahora mismo lo único que querría es que estuvieras aquí, metida en mi cama.

Quiero tocarte con mis propias manos. Quiero escuchar esos gemidos sin ninguna pantalla de por medio.

Un pellizco de culpa y confusión se me anuda en la garganta.

He estado a punto de gemir el nombre de Vanesa, de mezclar lo que siento por ella con lo que siento con mi amante virtual.

En silencio oscuro de mi habitación, algo enorme se transforma dentro de mí.

Algo mucho más grande que el mero deseo físico: algo infinitamente más peligroso y dulce al mismo tiempo.

—Quien sabe. Quizá lo hagamos pronto…

Cuando acaba la llamada, la habitación se queda sumida en una quietud abrumadora. Me retiro el dispositivo, camino hacia el aseo para darme una ducha rápida y regreso a la cama para permitir que la suavidad de las sábanas acaricie mi piel todavía sensible.

El cuerpo me vibra y mientras me acaricio con suavidad la curva de las caderas, disfrutando de esta sensación extraña, me doy cuenta de que haber gemido el nombre de Vanesa es un problema. Pero también una advertencia de mi propio subconsciente.