Capítulo 8
Presa de mi propio juego
Vanesa
Cojo el teléfono, abro la aplicación y mi perfil falso aparece en la pantalla. Pulso sobre el menú de configuración y arrastro el dedo hasta que se detiene justo encima de la opción en letras rojas: Eliminar cuenta .
Una notificación parpadea en la parte superior: Banini te ha enviado un mensaje.
El corazón se me frena y luego se acelera a la velocidad de un rayo antes incluso de abrirlo.
Sé que no debería mirar, que lo maduro sería seguir adelante con mis planes, pero conozco bien mi falta de voluntad cuando Adriana está de por medio.
Esa mujer, siempre ha tenido el jodido superpoder de llamar mi atención o, como en este caso, agitar mi corazón con un simple mensaje.
No tardo ni tres segundos en desbloquear el chat y cuando lo hago, me topo con una fotografía que para nada me espero y que me revoluciona hasta la última célula del cuerpo.
«Madre del amor hermoso…». Siento un sofoco instantáneo.
En la imagen puedo ver su piel iluminada con una luz dorada, unas ligas de un color azul eléctrico —mi color favorito—, y un conjunto de encaje a juego que se ajusta a sus curvas de una manera que me hace salivar.
Cuanto más me fijo, más detalles veo… cómo la silueta de su sexo vislumbrándose sutilmente bajo el tejido.
«Joder, Adriana…». La fotografía es sugerente en extremo, pero lo que realmente enciende un fuego extraño, profundo y abrasador dentro de mí no es solo el plano físico.
Es darme cuenta de que Adriana, a través de esa cámara, está permitiendo que, después de años, salga a la luz esa parte escondida, salvaje y sensual que yo siempre he sabido que existía.
Está despertando, y lo está haciendo para mí. Bueno… para Siren_9 en realidad.
Justo debajo de la imagen, aparece el mensaje de texto que hace que mi respiración se me atasque en la garganta.
Banini : ¿Te apetece continuar donde lo dejamos hace dos días? Porque yo no he dejado de pensar en ello… ni en ti.
Cierro los ojos un instante, luchando contra la oleada de emociones y deseos que me invade el cuerpo.
Esto ya no va de protegerla, ni de vigilar qué mujeres se le acercan.
Estoy enamorada de ella y, cada vez que recibo un mensaje o una insinuación de su parte, siento exactamente el mismo vuelco absurdo en el pecho, ese deseo urgente de responder y una necesidad imperiosa de atravesar la pantalla para marcarle la piel a mordiscos.
Mis dedos se quedan inmóviles sobre el teclado virtual durante unos segundos que se me hacen eternos.
Debería hacer caso omiso, no contestar y eliminar el perfil.
Dejar que todo muera esta misma noche. Pero entonces me da por imaginar todo lo que pensará al comprobar que Siren_9 ha desaparecido y no puedo hacerle eso.
Así que mando la cordura a tomar por saco y empiezo a escribir, dejando que las palabras de Siren_9 fluyan con toda la sinceridad y el fuego que yo, siendo Vanesa, tengo que tragarme a diario.
Siren_9 : Nunca en mi vida habría imaginado que el color azul, que por cierto es mi favorito, pudiera convertirse en la mecha capaz de provocar el incendio que tengo ahora mismo despertando dentro de mí. Estás absolutamente espectacular. Me has dejado sin aliento .
Envío el primer mensaje y me muerdo el labio inferior, sintiendo el subidón de adrenalina en las venas.
Pero hay algo que debo hacer antes de lanzarme al vacío y hacerle saber todas las guarradas que se están cruzando por mi mente; necesito buscar una excusa que elimine su preocupación por mi desaparición de estos días.
Porque sí, sé que está preocupada. Y lo sé porque la conozco más que a mí misma.
Siren_9 : Perdóname por haber desaparecido de esa manera tan brusca la otra noche, sunshine.
Se me cayó el dichoso teléfono al suelo de la forma más tonta y se hizo literalmente trizas.
He tenido que comprarme uno nuevo y configurar todas las cuentas otra vez.
Pero ya estoy aquí, y te aseguro que no pienso irme a ninguna parte si tú no quieres.
Ella no tarda ni medio minuto en responder, y el alivio me recorre la espalda como una ola de calor bendita.
Banini : Te echaba de menos. Mucho. No sabía si es que había dicho alguna tontería que te hubiera molestado.
Me entra una risa floja y cariñosa al leerla.
—Qué inocente eres, Adriana…
Siren_9 : Escúchame bien: tú jamás podrías molestarme. Al contrario. Me vuelves loca. Y respondiendo a tu pregunta de antes… Sí, claro que quiero continuar. Y hoy pienso acompañarte hasta el final. Aunque, si te apetece, esta noche vamos a jugar con unas reglas un poquito diferentes.
Sonrío con una picardía salvaje que solo ella es capaz de arrancarme de las entrañas, y aprieto los dientes por las ganas que ya me están recorriendo el cuerpo.
Siren_9: ¿Qué te parece si hoy nos enviamos vídeos cortos, pero con audio? Como si rodáramos nuestra propia película porno… solo para nosotras dos, donde se nos escuche y se nos vea. Quiero oírte gemir… y quiero que tú me oigas a mí.
La respuesta llega casi volando, y puedo notar su entusiasmo y su timidez peleándose a puñetazos a través de las letras.
Banini : ¿Vídeos? ¡Madre mía…! Nunca en la vida he hecho algo por el estilo, me da una vergüenza tremenda, pero contigo… contigo siento que sí quiero. Quiero intentarlo. ¿Estás segura?
Siren_9: Segurísima. Quiero ver cómo te retuerces, quiero ver tus dedos entrando en ti y escuchar tus gemidos mientras piensas en mí. Y yo voy a hacer exactamente lo mismo para ti. Solo nosotras dos. Sin filtros, sin vergüenzas y sin prisas.
Me levanto del sofá de un salto, con el pulso a mil por hora, y camino a zancadas hacia mi dormitorio. Pero a mitad de pasillo me freno, como si me hubiera estampado contra un muro invisible.
—¡Mierda! ¡Pero serás estúpida! —me golpeo la frente en el acto.
Adriana conoce palmo a palmo cada rincón de mi casa, ha dormido en mi sofá un millón de veces, se sabe de memoria el color de mis colchas y hasta los cuadros del pasillo. Si ve el más mínimo detalle, se va a dar cuenta de todo y la habré cagado para siempre.
—¿Ahora qué hago?
Empieza a asaltarme unos nervios de espanto, hasta que en un arrebato de lucidez miro hacia el recibidor.
Mis ojos se clavan en un cuenco de cerámica donde guardo las llaves de repuesto de Emilio, mi vecino.
Él viaja muchísimo por temas de negocios y siempre me deja sus llaves para que le riegue las plantas, le recoja el correo y le eche un ojo al piso de vez en cuando.
Y, milagros de la vida, justo ahora está fuera de Madrid.
«Vanesa, por lo que más quieras, esto es una locura.
Como Emilio se entere de esto...», me auto-reprendo en silencio, llevándome las manos a la cabeza.
Pero, qué narices, es la mejor solución que tengo ahora mismo sobre la mesa.
La única alternativa real que me permite seguir adelante con este juego sin arriesgarme a que descubra toda la verdad.
Corro a toda prisa a mi dormitorio, abro el armario y saco un conjunto de camisón corto de seda negra y unas bragas de encaje a juego que me hacen un culo espectacular.
Me lo pongo a la velocidad de la luz, y tras coger las llaves de Emilio y meter las mías en mi bolso, me marcho con el móvil ardiéndome en la mano y Adriana esperando al otro lado.
El pasillo del edificio está en silencio, solo iluminado por las tenues luces de emergencia de color verde.
Meto la llave, y cuando cierro la puerta tras de mí, percibo ese delicioso aroma a jazmín que procede del ambientador.
Todo está en silencio, en penumbra, así que enciendo una pequeña lámpara de pie y me acomodo a lo ancho del enorme sofá de piel que preside la estancia, notando cómo la excitación y los nervios se mezclan en un cóctel explosivo dentro de mis entrañas.
Suelto un suspiro tembloroso, me coloco el camisón de seda de forma sugerente, enfoco la cámara del móvil hacia mi cuerpo de cuello para abajo y le tecleo el último mensaje de advertencia:
Siren_9: Prepárate. En diez minutos exactos soy toda tuya, y espero que estés bien lista porque pienso arrancarte el primero de muchos gemidos esta noche.