Capítulo 3 #2
Siren_9: Montaña, sin dudarlo. El silencio que hay allí arriba es de otra galaxia. Te obliga a escucharte por dentro, aunque a veces dé miedo lo que oyes. ¿Y tú?
Banini: Yo soy de mar. El sonido de las olas rompiendo en la orilla tiene el poder de calmar cualquier tormenta que se me agite por dentro.
Aunque Adriana y yo solemos hablar mucho por WhatsApp.
Aunque nuestra complicidad y conexión es algo real, que suceda incluso a través de los mensajes es algo que me deja a cuadros.
Yo me siento capaz de decirle cualquier cosa, como si una simple pantalla y no vernos las caras, hubiesen tirado abajo los muros y los miedos que llevamos arrastrando.
No sé por qué lo hago. Quizá sea por eso mismo, porque no puede verme y no se imagina que soy yo, su amiga de toda la vida. Pero decido meterme de lleno en cosas más íntimas y ver si de verdad, es cierto lo que me dijo esta mañana. Que no está preparada.
Siren_9: Y dime... ¿qué busca una mujer como tú en un lugar como este?
La respuesta tarda una eternidad en llegar; el indicador parpadea una y otra vez, y se me hace eterno el silencio. Hasta que, por fin, me entran cuatro mensajes seguidos, uno detrás de otro.
Banini: No lo sé ni yo, la verdad.
Banini: Hoy mismo he firmado los papeles de mi divorcio.
Banini: Sé perfectamente que no estoy preparada para conocer a nadie de forma seria.
Banini: Pero... supongo que necesitaba recordar lo que es no sentirse invisible.
«Invisible». Dios mío, esa palabra me desgarra las entrañas. Me quedo completamente helada al leerla, con el móvil apretado entre las manos y el pecho encogido de dolor. Nunca me gustó Elena, pero ahora mismo, tengo ganas de borrarla del planeta.
Siren_9: ¿Invisible? ¿De verdad te sentías así?
—Cómo si no lo supieras ya, Vanesa… —me digo a mí misma, acomodándome en la almohada.
Banini: Mi exmujer dejó de tocarme hace muchísimo tiempo.
Y no me refiero solo al sexo. Dejó de buscar mi mano por la calle, de darme un abrazo tonto porque sí, de mirarme a los ojos con intensidad, de regalarme un beso o buscarme bajo las sábanas.
Al final del día, te acabas creyendo que el defecto lo tienes tú.
Que ya no eres atractiva ni mereces que nadie se fije en ti.
Noto un escozor tremendo en los ojos y se me saltan las lágrimas.
Me dan ganas de estrellar el teléfono, coger el coche, plantarme en su casa y recordarle que llevo doce años enamorada de ella.
Decirle que cada vez que se recoge un mechón de pelo detrás de la oreja se me para el pulso.
Que he tenido que mirar al techo mil veces para no abalanzarme sobre sus labios.
Que es la mujer más arrebatadora, deseable y hermosa del planeta y que su ex para lo único que sirve es para comer mierda.
Pero Siren_9 no puede decir eso. Así que respiro hondo y escribo despacio, poniendo toda mi alma en cada letra.
Siren_9: Hay personas que no han nacido para amar porque nadie les ha enseñado a hacerlo de manera sincera. No es porque la mujer que tengan delante haya dejado de ser un tesoro digno de adorar.
Pasan unos segundos agónicos hasta que recibo su respuesta:
Banini: Ojalá tengas razón...
Siren_9: La tengo, no lo dudes. Estoy completamente segura de que cualquier mujer con dos dedos de frente se consideraría la tía más afortunada del mundo por el simple hecho de despertar a tu lado por las mañanas.
Veo que lee el mensaje al instante. Tarda en reaccionar, pero me coloca un corazoncito.
Banini: Gracias por tus bonitas palabras. Hacía mucho que nadie me decía algo tan sincero.
Y ahí es cuando, me maldigo por ser tan rematadamente cobarde.
Odio tener que camuflarme detrás de una foto anónima y un maldito pseudónimo de internet para ser capaz de confesarle a la mujer de mi vida lo que lleva tanto tiempo necesitando escuchar.
Pero ya que he abierto la compuerta, soy incapaz de frenar y necesito seguir leyéndola.
Siren_9: Cuéntame más cosas de ti, si te apetece. No tienes ninguna obligación, claro... pero me encantaría ir conociéndote un poco mejor, aunque sea así, refugiadas entre las sombras de la noche.
Banini: Es curioso. No soy de las que se abre a las personas con tanta facilidad, pero contigo… no sé. Tienes algo en tu forma de escribir que me trasmite mucha paz. Siento que podemos hablar de cualquier cosa sin miedo a que me juzgues.
Sonrío como una boba en la penumbra. Sé que esas palabras van dirigidas a Siren_9 , que no debería sentirme tan feliz, pero no lo puedo evitar.
Siren_9: Me hace muy feliz leer eso. A mí me pasa tres cuartos de lo mismo. Es liberador poder charlar sin filtros, sin que los prejuicios lo compliquen todo desde el principio.
Banini: ¿Y tú? ¿Qué buscas aquí, Siren_9?
Me quedo pensando un segundo, calibrando la respuesta para ser sincera sin destapar el pastel.
Siren_9: Al contrario de lo que pone en mi perfil. Busco una conexión real, de esas que queman y se te graban en la piel. Me apetece algo que me vuelva loca y me robe la cordura.
Banini: Te entiendo perfectamente. Yo... después de tanto tiempo encerrada en mi burbuja, la verdad es que no quiero nada serio y demasiado profundo. No quiero volver a esas complicaciones.
Siren_9: Has chocado con la mujer perfecta. Y si te apetece, aquí me tienes para seguir desvelándonos juntas el tiempo que te haga falta.
Banini: Venía de pasar un día horrible, de los peores de mi vida, pero esto... esta conversación está siendo inesperadamente bonita.
Nos pasamos más de una hora hablando, devorando los minutos. Hablamos de todo y de nada a la vez. Tengo que desvirtuar un poco los datos para que no me reconozca entre todos mis hobbies o mis gustos, incluso tengo que echar mano de expresiones nuevas para expresar lo que pienso.
Banini : Las únicas novelas que leo de romántica, son de las que te salvan la vida. Sus protagonistas son mujeres con un par de ovarios: fuertes, divertidas y capaces de reinventarse. Me hacen creer que yo también puedo lograrlo. Que puedo ser una de ellas.
El corazón se me hincha tanto que creo que me va a estallar. No tiene ni la más remota idea de que estoy aquí mismo, al otro lado de la M-30, deseando con todas mis fuerzas ser la que la acompañe en esa reinvención.
Siren_9: Pues entonces prepárate, porque vamos a seguir hablando. Y quién sabe qué más...
Banini: Quién sabe...
Casi puedo visualizar perfectamente su sonrisa, iluminada por el reflejo del móvil en la oscuridad de su dormitorio.
La noche avanza, las horas se largan, pero ninguna de las dos hace amago de querer acabar la conversación.
Cada mensaje es como recibir una caricia suave en mitad de la madrugada, un pasito invisible que nos acerca un poco más la una a la otra.
Aunque yo sea la que debe dar el paso, romperse la careta y sin miedos —y sin mentiras— hacerle saber que la amo con toda el alma.