Cádiz. Capítulo 45
Lo traicionó su ego. Lo más inteligente habría sido partir en cuanto dejó al muchacho en tierra, pero le pudo la tentación de ver el gesto de Rodrigo cuando viera a su hijo de vuelta sano y salvo.
Llevaban demasiado tiempo en el mar, demasiadas inclemencias y luchas; bajó la guardia al sentirse de vuelta en casa. Ese fue su error.
Al llegar al puerto, dio orden a sus hombres de esperar en alta mar, tomó un bote de remos y acercó hasta la costa al hijo, que desconocía los motivos reales de su rescate.
El joven, que se había mostrado receloso durante el trayecto de vuelta a España, bajó a tierra firme seguido del pirata rumbo al castillo y en cuanto se vio seguro rodeado por la guardia portuaria se giró señalando a su salvador y lo traicionó.
—Soy el marqués de Marchena. Ese hombre es el pirata conocido como Tybalt, el Turco —dijo—. ¡Arrestadle!
Una decena de guardias no dudaron y al instante lo apuntaron con sus arcabuces, lo desarmaron y encadenaron de pies y manos. Antes de que se lo llevaran, su mirada se cruzó con la del muchacho y vio un rastro de malicia fría asomar en su sonrisa altiva.