El mar que nos arrastra Londres. Capítulo 24 #2
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Londres. Capítulo 24 #2

— Milady… —dejó caer suavemente sin asomo de mofa—, perdonad mi desfachatez al venir a saludaros, no es la primera vez que os veo actuar y me confieso el más sincero de vuestros admiradores.

—Parecía algo cohibido, lo que resultaba del todo peculiar, pues saltaba a la legua que era un noble de alta cuna que no tendría nada que admirar en un simple actor de comedias—.

No me había atrevido a saludaros antes…, pero esta noche…

—y pareció quedarse sin palabras, los ojos húmedos mostraban emoción— esta noche habéis estado sublime.

Vuestra interpretación ha sido la más emocionante que haya visto jamás. Yo… no podía marcharme sin decíroslo.

—Sois muy amable… —dejó la frase en el aire invitándolo a terminarla.

—Lord Edward Hastings —se presentó, y repitió la inclinación—, a vuestro servicio, milady .

Aún dudaba de si había algo de comedia en sus formas, pero desde luego resultaba adorable, y además era bastante apuesto.

Se quedaron unos minutos en silencio, mirándose y sonriendo, de esa forma tonta en la que sonríes cuando alguien te parece atractivo y sabes que no te quieres marchar a pesar de que no se te ocurre nada interesante que contar.

Él había sido muy elocuente, así que supuso que era cosa suya decir algo más antes de que resultara vergonzoso.

—Pues la próxima vez que vengáis espero que no dudéis en pasar a saludarme. Eso… me agradaría mucho.

—¡Será un honor! —Y la ilusión infantil que traslució su respuesta le pareció deliciosa—. Hasta entonces, milady … Espero que no sea dentro de mucho.

Aun mientras se alejaba y Ella regresaba a su cambiador, seguían echándose miradas y sonrisas bobaliconas. En cuanto cerró la puerta, su sonrisa se expandió todo lo que daba de sí y soltó un largo suspiro… Se había enamorado.

Lord Hastings no la hizo esperar. Una semana después representaban Medida por medida , que era una comedia que siempre tenía éxito. Esta vez traía en la mano una rosa Tudor que le entregó, algo nervioso, en cuanto se vieron.

—¿Os gustaría ir a dar un paseo? —se animó Ella a preguntar.

—Por supuesto, sería un placer.

—Dadme un momento para refrescarme, enseguida estoy con vos.

Volvió a su cambiador, se quitó el vestido, que estaba sudado de la función, y lo colgó junto a la ventana para que se ventilara; se refrescó con agua de lavanda, con especial atención a los pliegues de su cuerpo, y se perfumó con talco antes de ponerse uno de sus vestidos favoritos, el que usaba para interpretar a Blanca, la hermana dulce de la fierecilla domada, que era de color crema con una sobrefalda rosa a juego con el corpiño y tenía unas mangas muy anchas que le daban un toque elegante, digno de cualquier dama de la corte.

Se recogió el pelo por delante, dejándoselo largo en la parte de atrás, y retocó apenas su maquillaje, de forma sencilla, como usaría una joven a medio día.

En realidad no necesitaba cubrir su cara, pasaba horas quitándose con una pinza los pelos que le salían.

Todos los del cuerpo. Odiaba cualquier rastro de vello corporal, le parecía sucio y se lo arrancaba de forma obsesiva cada noche, incluso el vello púbico, que era el más doloroso de eliminar.

Mientras terminaba de arreglarse, Will entró y se extrañó al verlo sin cambiarse a su aspecto habitual.

—¿A qué viene el vestido?

—Tengo una cita.

—¿Una cita? —Y empezó a reírse a carcajadas.

—Disculpa, me están esperando… —Ella, muy indignada, lo apartó y salió del cuarto.

Will la siguió.

—¿Hablas en serio? ¿Piensas salir a la calle así?…

Pero no pensaba dejar que él le estropeara ese momento. Se giró hacia quien seguía siendo su amante y se lo hizo saber.

—Will, no quiero que me sigas.

—¿Que no te siga? —repitió mientras continuaba siguiéndola—. ¿Has quedado con otro…?

—Tú tienes una esposa, ni se te ocurra decir nada.

—No es lo mismo.

Ella se le acercó con gesto amenazador.

—Te lo advierto, Will, no des un paso más. —Y luego se giró con vehemencia, le dio la espalda y se alejó para encontrarse con su cita dejando atrás a un Will estupefacto.

Lord Hastings aguardaba en la entrada con una sonrisa.

Le ofreció su brazo y caminaron juntos hasta la vera del río.

Nadie más podía advertirlo, pero aquel era un momento crucial en su vida.

Se había planteado con frecuencia salir a la calle vestida de ella, pero no se había atrevido, y Will tampoco la animaba, seguramente porque él aún la veía como un joven efebo, no se había percatado del cambio.

Pero ahí estaba, caminando por el paseo del brazo de un hombre apuesto.

Nadie reparaba en ella más allá de un saludo cortés al cruzarse con otras parejas que paseaban al atardecer junto al río un día de primavera.

—Aún no sé cómo debo llamaros. Me sé todos los nombres de los personajes, pero el vuestro…

Ahí estaba, otro momento decisivo. Hasta entonces había sido todas ellas, y ninguna, pero era momento de elegir, y en el fondo siempre supo que debía ser la primera.

—Juliette. —Y lo dijo con cierto aire francés, o lo que ella creía que era un acento francés, porque pensó que de esa forma sonaba más femenino.

—Juliette… —repitió él—. Soy afortunado, voy del brazo de la dama más bella del paseo.

Ella sonrió y ladeó la cabeza con coquetería, y en ese instante perfecto fue absolutamente feliz.

Lord Hastings comenzó a frecuentar a Juliette.

Siempre que podía, venía a verla actuar y la esperaba después para dar un paseo.

El resto de la compañía observaba sin salir de su asombro.

Se preguntaban si el lord desconocía la norma que prohibía a las mujeres actuar en los teatros.

Y si era así, se preguntaban qué pasaría cuando descubriera ese pequeño detalle…

Will y la actriz —ya ninguno se atrevía a llamarlo por su nombre— discutían acaloradamente a todas horas.

Seguían viviendo juntos y trabajando juntos, lo que para desgracia del resto convertía las horas de ensayo en una extensión de sus discusiones maritales.

Se comportaban como una pareja, pero a entender de Juliette —ya que Will estaba casado y ella tenía que soportar que se fuera con su esposa dos veces al año—, era más que justo que él le consintiera esta infidelidad.

Solo que Will no estaba de acuerdo, y ardía en celos al ver que un hombre joven y guapo le estaba robando a su amor.

—Vas a acabar en la cárcel, Billy, y no precisamente en una cárcel de mujeres.

—No digas tonterías, ¿por qué iba a acabar en prisión?

—¡¿Cómo que por qué?! Sabes perfectamente por qué, Billy. ¡¡No eres una mujer!!

—¡Aaaah! —gritó con furia hasta casi desgarrarse—. ¡Calla! ¡Calla! ¡No digas más ese nombre!

—¿Qué nombre? ¿Billy? ¿Y cómo esperas que te llame, Billy Hughes, si no es por tu nombre? —Ella le lanzó un libreto, y luego un zapato, para hacerlo callar—. No eres una mujer, Billy, no puedes decidir ser una mujer solo porque te da la gana.

—¡Quién dice que no puedo!

—¡No funciona así!

—¡Bastaaa! —lo frenó al fin, gritando de forma desquiciada. Todas sus peleas terminaban siendo violentas—. ¡No sabes cuánto daño me haces! —Y siempre que llegaba al límite de su resistencia, se quebraba y comenzaba a llorar.

—Está bien…, Juliette. —Will suavizó el tono—. Yo escribí ese personaje para ti, ¿lo recuerdas? Lo escribí yo para ti.

—Pues bien, aquí estoy.

—¿No lo entiendes? Conmigo no necesitas disfraces. Te quiero tal y como eres.

—¡Pues yo no! ¡Me odio! ¡Me odio! ¡Me odio…! —Y se pegaba en la cabeza y en la tripa mientras lo decía y lloraba—. ¡Y tú me haces tanto daño…! ¡Así que voy a salir con Edward, porque él me trata como a una dama y me respeta, y no solo quiere fornicar como queréis todos! ¡Y tú no lo vas a impedir!

Y cuando se marchó, Ben detuvo a Will para que no la siguiera.

—Vamos, Will —le dijo a su amigo, rodeándole los hombros con el brazo para obligarlo a caminar en dirección opuesta—. Déjala marchar…

—¿Tú también? ¿Vamos a volvernos todos locos y empezar a fingir que es una mujer de verdad?

—¿Y qué más da?

—Ese gañán le dará una paliza cuando descubra la verdad…

—Lo sabe.

—¿Cómo que lo sabe?

—Lo dejé caer, le pregunté si estaba al tanto de la normativa y eso… «Por supuesto que lo sé», me respondió, «no soy ningún necio».

—Entonces…

—Exacto.

Will dejó escapar el aire de golpe, estaba agotado tras la pelea y ya no tenía fuerzas para contradecirlo.

—Mira, Will, deja que tenga su historia de amor perfecta… —Will fue a protestar y Ben lo detuvo—. Puede que el lord Petimetre quiera jugar a cortejarla como a una dama de alta alcurnia, pero tú y yo sabemos lo que busca, un revolcón, lo mismo que todos. ¿Y qué crees que pasará después?

—Que la dejará…

Ben asintió con pesar.

—Tú y yo lo sabemos, amigo; los hombres como Hastings no se casan con mujeres como Juliette. Eso lo destrozará, le romperá el corazón y Billy… Billy es demasiado frágil. Cuando Hastings salga de su vida, te va a necesitar más que nunca.

[2] Drag , en inglés.