El mapa bajo la marea (El Atlas Inacabado 1) Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

—Tengo ropa de campo.

—Tu idea de campo incluye cinco bolsillos con etiquetas.

—Seis. El interior también cuenta.

La broma no disolvió el resentimiento. Le dio una forma respirable.

—Ivana quiere el registro del cilindro de Nikola —dijo él—. El equipo de recuperación encontró uno asignado a la reserva de emergencia.

—¿Reserva de quién?

—De Velin Harbour Operations. Petar controla el stock de trabajo. Nosotros mantenemos parte del equipo desde la base municipal, pero no somos custodios del registro de la empresa.

—¿Petar Kovač?

Luka levantó una ceja.

—¿Lo recuerdas?

—Recuerdo a quien me enseñó que en Velin un horario podía significar una hora o una intención.

—Sigue creyendo que la puntualidad es una enfermedad del continente.

La frase casi fue una broma. Mara casi sonrió.

—Quiero ver el inventario.

—La policía recibirá una copia certificada mañana. Ivana permitió que estuviéramos presentes para explicar los códigos técnicos.

—¿Nosotros?

—Tú sabes comparar tablas. Yo sé qué piezas deberían aparecer.

—Eso no responde.

Luka dejó la cuerda.

—No. Pero es lo único que puedo ofrecerte esta noche.

La distancia entre ellos volvió a ocupar el muelle.

Un ferry pequeño entró y obligó a ambos a apartarse de la zona de maniobra.

Marija cruzó el muelle con una lista de pasajeros, indicó a Mara dónde podía esperar y pidió a Luka que liberara una amarra.

Él obedeció sin asumir mando sobre la llegada.

Mara observó la coordinación ordinaria: una autoridad portuaria fuera de cuadro, personal municipal, empresas privadas y residentes con tareas distintas.

Petar no aparecía todavía. La estructura importaría si alguien intentaba convertir el puerto entero en una sola voluntad.

Cuando la descarga terminó, Luka llevó a Mara hasta una mesa exterior del café. Eligieron un lugar visible. Ivana había autorizado que compararan la ruta de Nikola con información pública antes de recibir el inventario, siempre que no contactaran a otros testigos.

Mara abrió una copia de trabajo. El trayecto declarado empezaba en el muelle de apoyo, seguía la costa y llegaba a un punto de levantamiento fuera de la entrada principal.

La fotografía adjunta mostraba un marcador junto a una formación que Mara reconocía.

La hora de la imagen coincidía con una marea que habría permitido aproximación, pero no explicaba por qué Nikola cambió de dirección.

—¿Quién asignó la operación? —preguntó.

—Nikola propuso el levantamiento. La autoridad competente lo aprobó y el equipo local apoyó —respondió Luka—. Petar coordinó una parte del material porque estaba en el depósito de operaciones privadas. Yo no estaba asignado a la inmersión.

—¿Quién era responsable dentro del agua?

Luka dio el nombre y la función del profesional cualificado. Mara lo anotó para Ivana, no para llamar.

—¿Y tú dónde estabas?

—En la base municipal, preparando una práctica. Vi salir la embarcación. Después me convocaron para el apoyo de recuperación.

Su voz se cerró en la última palabra. Mara quiso preguntar qué había visto al recuperar a Nikola, pero eso pertenecía a una declaración formal y podía contener detalles que ella no necesitaba.

—No voy a pedirte que repitas esa parte aquí —dijo.

Luka la miró con una sorpresa breve.

—Gracias.

Un camarero llevó café. Mara pagó el suyo antes de que Luka pudiera hacerlo. Él no discutió. Las pequeñas autonomías seguían siendo importantes entre personas que habían confundido cuidado con decisión compartida.

Revisaron después la escala del mapa. Nikola había usado una carta correcta y había anotado una desviación en lápiz. La línea terminaba antes de la marca de la fotografía. Una segunda línea, más tenue, parecía añadida después o bajo otra luz. Sin el original no podían distinguirlo.

—No ampliemos una captura hasta inventar trazos —dijo Mara.

—Ivana tiene el cuaderno de campo.

—Entonces esperamos.

Luka apoyó los dedos alrededor de la taza.

—No eras buena esperando.

—Tú confundías esperar con aceptar cualquier versión oficial.

El golpe llegó limpio. Luka no respondió de inmediato.

—Después de Eleanor, sí —dijo al fin—. Necesitaba creer que el informe contenía todo.

Mara pensó en los mensajes de Anaïs y Leonie que nunca contestó.

—Yo necesitaba creer lo mismo por una razón distinta.

No desarrollaron esa confesión. Todavía no podían hablar del pasado sin usar el caso como arma. Sí podían reconocer que ambos llegaban con una historia que inclinaba la mirada.

Luka señaló la hoja.

—Escribamos qué tendría que ser cierto para cada lectura.

Mara creó dos columnas: ruta prevista y ruta observada. Añadió fuentes, vacíos y personas con autoridad para confirmarlas. El ejercicio redujo la certeza y aumentó el trabajo.

Mara miró el mar, luego la ruta de Nikola en su pantalla. Las amarras golpeaban los mástiles. Siguió la línea hasta el espacio que evitaba.

—Nikola no murió en la ruta que quería seguir —dijo.

Luka se colocó a su lado, sin tocarla.

—Entonces mañana empezamos por averiguar quién podía cambiarla.