Capítulo 2 #2
La voz le devolvió otra secuencia. Dieciocho meses atrás, Mara había salido en el último ferry después de discutir con Eleanor.
Cuando supo de la desaparición, el mal tiempo ya había detenido el servicio.
Habló por teléfono con Luka y con la coordinación oficial; regresó dos días después y volvió a marcharse tras el funeral.
Los hechos eran claros. Lo que había hecho con ellos —usarlos para no contestar a Anaïs y Leonie, para aceptar sin preguntar una cronología incompleta— seguía sin estarlo.
No abrió el atlas para buscar una absolución.
Sacó solo la tableta y el cuaderno. Desde la ventana vio descargar harina, trasladar una caja médica y despejar la calle para el autobús escolar.
Velin no había permanecido suspendida dentro de la última noche de Eleanor.
Mara tampoco podía hacerlo si pretendía entender la muerte de Nikola.
Cuando dejó el alojamiento, caminó por la plaza para orientarse.
La tienda había ampliado la sección de productos frescos.
La clínica ocupaba ahora un edificio reparado.
Un cartel informaba consultas programadas de un especialista del continente.
Cerca de la escuela, jóvenes practicaban una canción para una actividad de fin de curso.
La isla del recuerdo había sido más pequeña porque Mara solo veía los lugares vinculados a Eleanor. La isla real seguía creando horarios sin ella.
Marija cruzó la plaza con documentos del ferry.
—El camión de harina perdió la conexión —dijo—. Si quieres pan mañana, acepta que llegue tarde.
—¿Eso es una advertencia oficial?
—Es el tipo de información que mantiene la paz.
Mara preguntó por Nikola. Marija se detuvo, pero no convirtió su trabajo en rumor.
—Tomó el ferry del martes anterior con dos cajas personales y su bolsa de equipo. Entregué el registro a la policía. No puedo darte horarios privados.
—No te los pedí.
—Lo sé. Te digo el límite antes de que otra persona intente usar mi recuerdo como invitación.
Mara agradeció la claridad. Cuando volvió al puerto, Ivana estaba con Luka junto a una carta mural. La conversación era técnica. Luka señaló corrientes y zonas de acceso, siempre bajo preguntas de Ivana. No daba órdenes a nadie.
Después de estudiar la discrepancia inicial, Mara y Luka caminaron hasta el borde del muelle donde habían recuperado el cuerpo. Ivana permitió la observación desde zona pública. No había marcas dramáticas. Solo una escalera metálica, defensas de goma y agua oscura.
—La recuperación empezó aquí —dijo Luka—. Una embarcación vio equipo a la deriva más al este. La coordinación oficial nos asignó búsqueda de superficie y apoyo de buceo. La policía tomó el control cuando la posición no coincidió.
—¿Tú encontraste a Nikola?
—Lo localizó otro buzo del equipo cualificado. Yo estaba en la lancha de apoyo.
Mara había supuesto lo contrario. Anotó la corrección.
—¿Qué pasó con su equipo?
—Custodia policial. Yo identifiqué modelos y números sin retirarlos.
—¿El cilindro parecía de la reserva?
—El color y la marca eran compatibles. No confirmé el número hasta que Ivana mostró la copia.
Mara trazó desde la escalera hasta la cueva. La deriva posible no bastaba para explicar la distancia.
—Si perdió capacidad dentro, la corriente pudo llevarlo por la rama equivocada y afuera —dijo Luka—. Pero la posición final depende de la hora exacta.
—La hora del informe tiene un margen de doce minutos.
—Necesitamos reducirlo.
—Marija entregó los movimientos del ferry. Puede haber una cámara pública del muelle.
—La policía ya la pidió.
Por primera vez desde que se encontraron, trabajaron sin tocar el pasado.
Luka describió el agua; Mara convirtió condiciones en límites espaciales.
Descubrieron que incluso usando el margen más favorable, el cuerpo no podía haber salido del ramal arqueológico y llegado al punto de recuperación por deriva natural.
Entregaron el cálculo a Ivana. Ella lo recibió como hipótesis técnica y pidió que Mara incluyera supuestos y posibles errores.
—No quiero una conclusión bonita —dijo.
—Las bonitas me preocupan —respondió Mara.
Ivana les pidió además dos reconstrucciones: una con la hora más temprana posible y otra con la más tardía.
Luka describió la corriente entre la boca de la cueva y el punto de recuperación; Mara dibujó la banda de deriva sin convertirla en una línea exacta.
En ambas versiones, el ramal arqueológico quedaba fuera.
—Esto no dice que alguien lo desviara —señaló Luka—. Dice que la explicación simple no alcanza.
—Y que necesitamos la posición del marcador y la procedencia del cilindro —añadió Mara.
La coordinación ocurrió antes de que recordaran estar enfadados. Luka indicaba un límite físico; Mara lo traducía en distancia. Ella preguntaba por una variable; él respondía solo hasta donde llegaba su función. Ivana observó sin entregarles control del caso.
—Trabajan bien juntos —dijo cuando acabaron.
—Trabajábamos —corrigió Mara.
—El tiempo verbal no cambia la tabla.
Luka guardó el lápiz. La comisura de la boca se movió apenas.
Luka soltó un sonido que casi era una risa.
Después, ya solos, él señaló una lancha municipal.
—Mañana revisaremos inventarios en la base. Si quieres entender códigos, ven con ropa que pueda ensuciarse.