El manuscrito Capítulo 71
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Capítulo 71

Jullian había dicho que Giordano ya no existía, pero nunca había estado tan presente en la mente de Léane.

Pensaba en los días infernales que el hombre había pasado en el fuerte; en su hija Roxanne, que nunca volvería a ver a su padre; en la parte posterior de su cráneo, bañada en sangre; y en la silueta nerviosa de su marido mientras lo cubría de tierra.

La Policía lo buscaba sin descanso. Tal vez el nombre de Giordano resurgiría algún día en el caso Moriarty.

Tal vez llegarían a interrogarlos a ambos, dentro de seis meses, un año o cinco.

¿Cómo seguir viviendo con una espada de Damocles sobre la cabeza?

Estacionó en el aparcamiento del hospital bajo un cielo gris ceniza que daba la impresión de vivir en una noche perpetua.

¿Cuántos días hacía que el sol no les brindaba su presencia?

Echó a correr bajo el viento y llegó a la recepción.

El doctor Grzeskowiak la esperaba en su despacho.

Subió las escaleras con un nudo en el estómago.

El especialista le dio un apretón de manos, cerró la puerta y le pidió que se sentara.

Se instaló frente a ella, al otro lado de su escritorio.

La observó con atención; parecía preocupado.

En el rostro, Léane cargaba con el peso de una nueva noche en vela y del calvario que atravesaba.

Los ruidos de la pala seguían resonando en su interior.

—Como le dije por mensaje, me gustaría hablar de Jullian con usted. No ha estado viniendo a las sesiones. ¿Sabe por qué?

—Es… es su padre. Han hallado su cadáver cerca de Groffliers. Es probable que cometiera una imprudencia al aventurarse en la bahía mientras subía la marea.

Grzeskowiak apretó los labios.

—Lo lamento mucho. ¿Cuándo sucedió?

—No lo sabemos con exactitud. El cuerpo se encontró ayer por la mañana, pero no teníamos noticias de él desde Nochebuena.

El médico empujó el expediente de Jullian hacia un lado.

—Quizá sería mejor que dejásemos nuestra cita y la dejásemos para otro momento y…

—No, adelante.

Colocó los dedos bajo la barbilla.

—¿Cómo se ha tomado Jullian la muerte de su padre?

Ella se encogió de hombros.

—Como un amnésico.

El médico parecía perturbado. Se aclaró la garganta.

—Antes de… de esta tragedia, ¿cómo iba el regreso de su marido a casa? ¿Ha recuperado sus hábitos? ¿Hay automatismos que han regresado o situaciones que apelan a la memoria?

Léane trató de abstraerse del pantano en el que Jullian y ella estaban atrapados y se concentró en las cosas sencillas.

—Todo iba bastante bien. Estaba a gusto en casa y no le llevó mucho tiempo recordar el lugar de cada objeto.

A día de hoy, las cosas más insignificantes regresan a su mente, pero otras no.

Sigue durmiendo en el lado equivocado de la cama, por ejemplo, pero me prepara los platos que me gustan, o se ocupa de la casa, cosa que siempre ha hecho.

Ahora ya puede conducir por Berck. Ha retomado sus costumbres, como sentarse en su sillón, con el ordenador sobre las rodillas para seguir con sus investigaciones sobre…

—¿Su hija?

Léane asintió.

—Sus obsesiones son bastante tenaces.

—¿Y los recuerdos que le conciernen a usted?

—Va bien…

Entendió que a Léane no le apetecía profundizar, así que no insistió.

—¿Y sus compañeros y su trabajo?

—Son cosas que aún no menciona. ¿Sabe? Antes de su agresión, Jullian estaba, cómo decirlo… al borde del abismo. No estoy segura de que las cosas fueran mucho mejor en el trabajo o con sus compañeros. En su mensaje, me mencionó algo extraño. ¿De qué se trata?

Apoyó la mano sobre un expediente.

—Tal vez ya lo sepa, pero la recuperación de los recuerdos personales puede ser brutal o progresiva, en forma de recuerdos que parecen muy luminosos, muy detallados, o borrosos.

Algunas escenas regresan en forma de destellos al despertar, al mirar fotos o al tocar objetos.

Sepa que estos dos últimos métodos han sido particularmente efectivos con Jullian.

Abrió la carpeta y deslizó un paquete de fotografías hacia Léane.

—Son suyas, ya puede llevárselas. Gracias a estas fotos, ha podido recordar escenas específicas de su pasado. Lugares, situaciones, olores. Cada día, hacía progresos notables. ¿Puede echarles un vistazo a estas fotos?

Léane no sabía adónde quería llegar, pero obedeció.

Miró las fotografías, una por una, y con todas ellas sintió un pellizco en el corazón.

Retazos de vida, de felicidad; recuerdos que regresaban y la golpeaban como un bumerán.

Se les veía tan jóvenes y tan felices… De repente, Léane se detuvo.

Entre dos instantáneas de las vacaciones, una le llamó la atención: mostraba un viejo Alfa Romeo, estacionado en una calle con la torre de Pisa al fondo.

—¿Algún problema?

—Esta foto… no me suena de nada.

—¿Está segura?

—Sí, sí… Hemos ido a Italia, pero no a Pisa. Y jamás hemos tenido este coche. Estoy… Estoy confusa.

—Pues justo esa foto hizo reaccionar a Jullian. Tenía un recuerdo bastante preciso. Ya no recordaba la época, pero estaba seguro de haber ido allí con usted. Hablaba del calor, del ruido, e incluso contaba que subieron a lo alto de la torre.

Léane negó con la cabeza.

—No… no lo entiendo. Yo… yo no tengo ningún recuerdo.

El médico cogió el rectángulo de papel brillante.

—Es normal. Esta foto no les pertenece, forma parte de una serie de imágenes que usamos para nuestras pruebas.

Léane estaba completamente perdida.

—¿Qué quiere decir?

—La memoria es extremadamente compleja, Léane, a veces puede jugarnos malas pasadas y crear falsos recuerdos.

Odia los vacíos y los llena por sí misma cuando es necesario.

Colocamos esta foto entre dos de sus fotos de vacaciones que sí eran reales.

Por tanto, la cuestión era saber si Jullian estaba lidiando con un «falso recuerdo» de verdad, si simplemente mentía para agradarnos y demostrar que progresaba rápido, o si estaba en algún tipo de simulación…

Léane se acomodó en la silla, pues sentía que lo peor estaba por venir.

—Llevamos casi diez días evaluando su memoria.

Es un territorio frágil, cambiante, maleable…

Los recuerdos solo pertenecen al paciente, por lo que la tarea de distinguir entre lo verdadero y lo falso no es sencilla, pero sí necesaria para entender la profundidad de una amnesia.

Hemos realizado una serie de exámenes exhaustivos, incluyendo preguntas a las que debía responder, series de gestos que tenía que ejecutar y que ponían en juego otras memorias, con el objetivo de verificar la coherencia de sus respuestas…

Cuando ponemos a prueba a los pacientes, siempre tenemos, por ejemplo, varias formas de abordar una misma pregunta.

Luego se cruzan las informaciones de la misma manera que lo hace la Policía.

Se hace una pregunta relacionada con los recuerdos de una manera; luego se aborda desde otro ángulo…

Cogió unas hojas del expediente.

—Jullian ha obtenido resultados fuera de lo normal en casi todas las pruebas, lo que convierte su amnesia en una amnesia demasiado perfecta, demasiado caricaturesca, si prefiere llamarlo así.

Le menciono solo el ejemplo de una prueba de reconocimiento, donde debía elegir la respuesta correcta entre dos posibilidades…

Empujó los resultados hacia Léane.

—De promedio, un amnésico tiene un porcentaje de respuestas correctas del cincuenta por ciento. Jullian obtuvo menos del quince por ciento de respuestas correctas.

Léane miró los test rápidamente. En unos te pedían que memorizaras unas palabras y luego se mezclaban con otras… Otros eran ejercicios de recordar… Los dejó de nuevo frente a ella.

—¿Y qué quiere decir eso?

—Que escogía la respuesta falsa adrede, que quizá esté forzando su amnesia.

—¿Me está queriendo decir que… que estaba fingiendo?

Grzeskowiak respondió con tranquilidad, tanteando el terreno.

—En general, estos resultados son característicos de pacientes que no padecen amnesia pero quieren hacer creer lo contrario.

Léane tuvo la sensación de recibir un puñetazo en toda la cara.

—Eso… Eso no es posible.

—Cuidado, no estoy diciendo que sea el caso, es solo una hipótesis…

plausible. Aunque sus escáneres no muestran ninguna lesión, por desgracia es imposible tener certezas en esta etapa, ya que el trabajo sobre la memoria no es una ciencia exacta.

A veces, algunos pacientes exageran de buena fe su amnesia para obtener un beneficio físico, legal o financiero.

Me parece que Jullian no tiene ningún interés en fingir, si no me equivoco.

No hay dinero ni hechos legales en juego.

—No está fingiendo. Cuando le anunciaron la muerte de su padre, él... no sintió nada, bueno, solo una leve tristeza, pero… adoraba a su padre. Sus pruebas no son fiables.

El médico no intentó llevarle la contraria.

—Es posible, pero quería que estuviera al tanto.

Una vez que... que Jullian haya hecho todo lo necesario por su padre, continuaremos con las sesiones y veremos qué pasa.

Usted tiene que encargarse de que venga a las citas, es importante.

Y no le mencione nuestra conversación, para no alterar las próximas evaluaciones. ¿Vale?

—Lo intentaré.

El médico se levantó y la acompañó hasta la salida.

—Si existe una persona capaz de diferenciar lo que es verdad de lo que no, esa es usted, Léane. Lleva mucho tiempo viviendo con él. Intente probar su memoria y detectar las incoherencias. Solo usted es capaz de juzgar la veracidad de sus recuerdos y también de su amnesia.

Le dio un apretón de manos y Léane regresó al coche.

Se quedó allí sentada sin moverse, en plena reflexión.

Es cierto que Jullian estaba a gusto en casa y que había retomado sus costumbres y algunas pequeñas rutinas, pero ¿cómo podría llegar a pensar que estaba fingiendo?

¿Fingiendo no recordarla a ella, ni la desaparición de su hija, ni a Giordano?

¿Por qué? Recordaba la primera vez que la vio al despertar tras la agresión: no la había reconocido.

Recordó su reacción cuando Colin le anunció la muerte de su padre por ahogamiento.

Él quería a Jacques. Si estuviera simulando su amnesia, ¿cómo habría podido parecer tan insensible?

¿Cómo habría podido evitar romper a llorar cuando la Policía les informó de la muerte de Sarah?

Introdujo la llave en el contacto, plagada de dudas.

Volvió a imaginarse la forma en que Jullian había aplastado el pie de Giordano en el fuerte.

¿Por qué una reacción tan desproporcionada así de repente?

¿Había tenido reminiscencias? Sintió un impacto en el pecho cuando pensó en las revelaciones del tipo con cara de mero: Jullian había pagado para que lo golpearan con un bate de béisbol en la cabeza.

Pero ¿cómo podía estar seguro de que eso le provocaría una amnesia? Era imposible de prever.

Las dudas se siguieron sembrando en su mente.

¿Y si su marido había planeado su agresión precisamente para poder simular una amnesia?